Para resolver la falta de vivienda se deben abordar las razones subyacentes

Por Cory Morgan
25 de Julio de 2021
Actualizado: 25 de Julio de 2021

Opinión

Las escenas fueron impactantes cuando los activistas se enfrentaron con agentes de policía que estaban desmantelando un campamento para personas sin hogar en Toronto el 21 de julio. Los agentes se vieron obligados a usar gas pimienta y la fuerza mientras los activistas enlazaban sus brazos e intentaban bloquear los esfuerzos de la policía. Al final, 26 activistas fueron arrestados y el campamento fue retirado.

Este escenario se está volviendo demasiado común conforme todas las ciudades importantes de Canadá se enfrentan al problema creciente de los campamentos urbanos para personas sin hogar.

Al contrario de lo que pueden afirmar los activistas, las ciudades y las fuerzas policiales han estado usando una increíble cantidad de paciencia y moderación al lidiar con los campamentos. Las opciones de vivienda están disponibles y se ofrecen junto con asesoramiento. Semanas de advertencias impiden cualquier acción policial contra los campamentos, y los residentes tienen tiempo suficiente para reubicarse si así lo desean. La acción física para desmantelar los campamentos es un último recurso luego de que se hayan intentado todos los demás recursos para resolver el problema.

Este no es el caso de que los residentes de estos campamentos no tuvieran a dónde ir. Ellos eligieron permanecer en los campamentos a pesar de las advertencias y, con frecuencia, con el aliento de los activistas, quienes a veces parecen ansiosos por encontrar conflictos.

Los campamentos urbanos para personas sin hogar no son sostenibles ni constituyen algún tipo de solución a largo plazo para el problema de las personas desplazadas. Explosiones sacudieron un campamento de personas sin hogar en Nanaimo en diciembre pasado cuando un incendio hizo estallar los tanques de propano almacenados por los residentes. También en diciembre pasado, se presentaron cargos de asesinato luego de que un hombre fuera encontrado muerto en un campamento para personas sin hogar de Surrey, BC, y en abril del año pasado un niño de 15 años fue agredido sexualmente en un campamento para personas sin hogar en Victoria. No podemos pretender que los habitantes de estos campamentos sean inofensivos. Son personas con problemas y se ponen en peligro unos a otros y a las comunidades circundantes.

Los peligros para la salud debido a la falta de limpieza en los campamentos también son reales. Los parques de la ciudad simplemente no fueron diseñados para que se acampe a largo plazo. Si bien muchas ciudades intentan mitigar los problemas con la colocación de instalaciones adicionales de eliminación de basura y baños portátiles, las heces y la basura siguen siendo un problema. Con frecuencia se encuentran utensilios de drogas desechados, mientras que las ratas incluso se han convertido en un problema en algunos parques ya que los equipos municipales no pueden acceder de manera segura a las zonas para su mantenimiento y limpieza. Las personas en los campamentos están angustiadas y no contemplan el uso de contenedores de eliminación de jeringas, basureros o baños como una prioridad inmediata para ellos.

La dura realidad que la mayoría de la gente no quiere enfrentar cuando se trata de encargarse de aquellos que residen en campamentos para personas sin hogar es que muchos de ellos necesitan intervención y tratamiento. Si bien a los activistas les gusta afirmar que el problema meramente es la falta de vivienda, eso simplemente no es cierto. Las ciudades ofrecen muchos tipos de opciones de alojamiento provisional y de largo plazo para los pobres. Cuando una persona está profundamente sumida en la adicción a las drogas o tiene serios problemas de salud mental, no puede ser colocada en refugios o unidades de vivienda para personas de bajos ingresos. Los adictos no tratados y las personas con problemas de salud mental ponen en riesgo a los residentes de las instalaciones de vivienda, junto con el personal y los voluntarios. Estas personas necesitan atención especializada y se están quedando atrás. Es por eso que con frecuencia se encuentran en tiendas de campaña en ciudades.

Si bien el desmantelamiento de los campamentos para personas sin hogar es inevitable, si no abordamos las razones subyacentes por las que las personas residen en estos campamentos, nada cambiará. Los campamentos son solo un síntoma de un problema mayor.

Las personas seriamente adictas y las personas con problemas de salud mental no pueden simplemente curarse a sí mismas. Ellas necesitan evaluación y tratamiento, y esto con frecuencia significa un sistema de hospitalización. Tenemos que aceptar que algunas personas pueden necesitar ser institucionalizadas y, sí, a veces en contra de su voluntad. Las otras alternativas son que la gente acabe dentro de nuestro sistema penitenciario o en nuestros hospitales, los cuales ya están bajo presión debido a problemas de capacidad.

Los centros de tratamiento seguros no tienen por qué ser una prisión. Y los días de las viejas instituciones mentales como la que se muestra en la película “Alguien voló sobre el nido del cuco” son cosa del pasado. El tratamiento asegurado no es una medida punitiva. El objetivo debe ser la rehabilitación del paciente en lugar de una vivienda permanente. Si bien algunos pueden ver la institucionalización forzada como cruel, ¿es más cruel que dejar a la gente viviendo en la calle? Las personas en los campamentos para personas sin hogar, aunque técnicamente son libres, viven vidas miserables y, frecuentemente, breves.

La indigencia crónica no se resolverá por sí sola. Aquellos que tienden a residir en campamentos de tiendas de campaña no pueden cuidarse a sí mismos. Tenemos que tomar una decisión difícil: ¿Intervenimos e intentamos tratarlos? ¿O simplemente continuamos persiguiéndolos de campamento en campamento?

Actualmente, estamos tratando de convencernos a nosotros mismos de que estas son personas que simplemente se han encontrado con un bache en la vida y acabarán saliendo por sí mismas. La realidad es que este problema no irá a ninguna parte hasta que no intervengamos de una manera que vaya más allá de desmantelar los campamentos.

Cory Morgan es columnista y propietario de un negocio con sede en Calgary.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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