Para unir a Estados Unidos, volvamos a la tradición y rechacemos al PCCh

Por Junta Editorial de The Epoch Times
26 de Enero de 2021
Actualizado: 26 de Enero de 2021

Tras unas elecciones muy disputadas, nuestra nación necesita encontrar la unidad, ya que las tensiones permanecen altas y las divisiones son profundas.

Sugerimos que los estadounidenses encuentren la unidad aunando esfuerzos para oponerse a un enemigo que durante décadas ha buscado destruir nuestra nación, y renovando la tradición que ha ayudado a formar y guiar a nuestra nación.

Está en juego algo más que el bienestar de Estados Unidos. Estados Unidos es el líder del mundo libre; la unidad o división de Estados Unidos –y su prosperidad o decadencia– es vital para el destino de los pueblos del mundo.

Los estadounidenses deben entender que el Partido Comunista Chino (PCCh) es la mayor amenaza para Estados Unidos. El PCCh ha trabajado sistemáticamente para socavar a Estados Unidos, un plan que ya casi ha completado.

El PCCh no solo ha destruido la manufactura estadounidense, robado propiedad intelectual por valor de cientos de miles de millones de dólares al año y robado tecnología militar, sino que también se ha infiltrado en todos los aspectos de nuestra vida. La estrategia del PCCh es dividir a la sociedad incitando el odio. Es la misma estrategia que utilizó para tomar el poder en China: enfrentar a un grupo contra otro. Por ejemplo, grupos relacionados con el PCCh ayudaron a instigar los disturbios en nuestras grandes ciudades el pasado verano.

Con la promoción de los servicios 5G de Huawei, el PCCh está tratando de entrar en nuestras telecomunicaciones, el sistema nervioso de nuestro país. Con BeiDou, la versión del régimen chino del GPS (Sistema de Posicionamiento Global), y su capacidad de apuntar a satélites, el PCCh ha desarrollado la capacidad de cegar a nuestro ejército. Al aumentar recientemente la presión sobre Australia, el PCCh está tratando de romper la alianza de Occidente destinada a contrarrestar la influencia del Partido Comunista.

Con la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a la que se han sumado muchas naciones, el PCCh intenta formar una base económica y militar para contrarrestar a la potencia del mundo libre, Estados Unidos. El régimen comunista nunca ha dejado de considerar a Estados Unidos como su enemigo número 1.

De hecho, la opinión estadounidense reconoce la importancia de contrarrestar a China.

Una gran razón por la que la gente votó a Trump en 2020 es que consideraron que él se enfrentó a China y defendió a Estados Unidos. Una gran razón por la que la gente votó a Biden es que creyeron que podría controlar mejor al virus del PCCh.

Hay un consenso en el Congreso para contrarrestar el PCCh. Si el presidente Joe Biden puede adherirse a la línea anticomunista, podrá proteger al país con una política que una a la derecha y a la izquierda.

Desmoralización

Desgraciadamente, la capacidad de Estados Unidos de adoptar una fuerte política anticomunista se ve obstaculizada por las formas en que el PCCh ha afectado nuestra cultura. Los comunistas han tratado de debilitar a Occidente socavando sus cimientos: la moral, la tradición, la familia y la creencia en Dios.

Hace treinta y cinco años, el desertor de la KGB Yuri Bezmenov ya advirtió sobre los intentos de la Unión Soviética por debilitar a Estados Unidos.

“La ideología del marxismo-leninismo está siendo bombeada en las blandas cabezas de al menos tres generaciones de estudiantes estadounidenses, sin ser desafiada o contrarrestada por los valores básicos del americanismo y el patriotismo estadounidense”, dijo Bezmenov en una entrevista de 1985. “El proceso de desmoralización en Estados Unidos ya está básicamente completado. […] La mayor parte es hecho por estadounidenses contra estadounidenses gracias a la falta de estándares morales”.

Ahora estamos viendo los resultados de este proceso de desmoralización de décadas. Está a nuestro alrededor, en nuestras escuelas, en los medios de comunicación, en las películas y la música, e incluso en la publicidad que vemos.

Bezmenov advirtió: “Una persona desmoralizada es incapaz de evaluar la información verdadera. Los hechos no le dicen nada. Incluso si lo inundo de información, de pruebas auténticas, de documentos, de fotos –incluso si le llevo por la fuerza a la Unión Soviética y le muestro [un] campo de concentración– se negará a creerlo hasta que reciba una patada en su gordo trasero. Cuando la bota militar lo golpee, entonces lo entenderá, pero no antes. Esa es la tragedia de la situación de desmoralización”.

Tradición

Afortunadamente, Estados Unidos tiene recursos disponibles para ayudarnos a escapar de esta tragedia.

La tradición de Estados Unidos brinda los principios morales y políticos de la nación, sus héroes e historias que explican a los estadounidenses quiénes son. Esto une a los estadounidenses en un propósito común que los inspira y les da un propósito.

Durante los disturbios de BLM y Antifa en el verano, estos grupos radicales apuntaron directamente a la tradición de Estados Unidos. En dos meses destruyeron unas 188 estatuas, entre ellas las de nuestros padres fundadores George Washington y Thomas Jefferson, así como las de Jesucristo y la Virgen María.

En planes como el Proyecto 1619 del New York Times, se ve un intento por deslegitimar nuestra tradición, de reinterpretar toda la historia de Estados Unidos como si solo se tratara del pecado de la esclavitud. Esta es una estrategia típicamente comunista. Este tipo de acciones planificadas y ejecutadas para destruir la tradición de un país se han repetido antes en todos los regímenes comunistas.

Borrar la memoria de nuestra propia historia y criticar a nuestros héroes y a los grandes símbolos de nuestra vida nacional, hace que la gente pierda el rumbo. Una nación pierde el espíritu que la guía. Así comienza la clara decadencia de un país.

En una de las caras de nuestra moneda aparece el lema “En Dios confiamos”. En la otra, “E Pluribus Unum”, que en latín significa “De muchos, uno”. Ambos están relacionados.

Estados Unidos fue fundado por personas que buscaban la oportunidad de adorar a Dios libremente.

Nuestra nación, confiando en Dios, ha sido bendecida. Hemos sido un faro de libertad para el mundo, hemos disfrutado de una prosperidad sin precedentes y hemos ayudado a extender la prosperidad por todo el mundo.

En nuestra Declaración de Independencia, afirmamos que nuestros derechos son un regalo divino.

Reconocemos que nuestras libertades, y las limitaciones de esas libertades, provienen de una fuente superior a nosotros. Esa fuente común, y los derechos y deberes que otorga, nos ofrecen los cimientos para una unidad basada en principios.

Nuestra tradición, al valorar a la familia, enseñar la moral y honrar el patriotismo, expresa aún más esa unidad.

Ante el ataque del comunismo, nuestra nación se encuentra en una encrucijada. Cada persona, de todos los ámbitos de la vida, incluidas las que trabajan en el gobierno, las grandes empresas tecnológicas, los medios de comunicación y las corporaciones, tienen que tomar la decisión correcta.

La solución a esta crisis es clara: nuestra nación necesita revivir la tradición que nos da nuestra libertad y nuestra unidad, y utilizar esa fuerza renovada para derrotar definitivamente al comunismo.

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