Pareja adopta 12 huérfanos “que nadie quería” y marca un precedente en contra de los prejuicios

Por Isabel Valencia - La Gran Época
11 de Agosto de 2019 Actualizado: 12 de Agosto de 2019

En la década de los 50 los niños interraciales representaban un problema para las agencias de adopción, ya que por el solo hecho de ser de razas mezcladas la gente no los quería adoptar. Pero una pareja quiso marcar un precedente para demostrar que esos niños son iguales a cualquier otro. 

En 1954, Helen Doss publicaría un libro llamado “La familia que nadie quería”, donde relata cómo había sido todo el proceso en el que ella y su esposo Carl, terminaron adoptando niños de razas mezcladas ante una sociedad que veía esto con muy malos ojos.

La joven Hellen y su esposo Carl, un reverendo evangélico, recibieron la triste noticia de que no podrían tener hijos biológicos; noticia que devastó a la pareja, ya que como típica familia estadounidense de los 40, tener un hogar lleno de hijos era el tesoro más preciado.

Sin desmotivarse por completo, la pareja decidió que caminarían por la senda de la adopción, sin imaginar lo que se encontrarían a su paso. Con un salario un poco estrecho, la familia Doss no era la preferida para que les asignaran niños para adoptar; sobre todo los niños blancos estadounidenses se reservaban para la familia ideal.

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Imagen ilustrativa. (Pixabay)

Fue en ese proceso que los Doss se encontraron con los “niños que nadie quería”, porque eran niños de razas mezcladas; algo que para los años 40 y 50 era inconcebible. Era imposible que una pareja estadounidense tuviera hijos mestizos, publicó Infobae.

Quitando de por medio todos los prejuicios de la época, los Doss decidieron que querían ayudar precisamente a esos niños, y brindarles un caluroso hogar. Al fin y al cabo eran niños como cualquier otro, y merecían tener un hogar amoroso.

El primer niño que adoptaron fue luego de 6 años de casados. Un bebé rubio, de ojos celestes al que llamaron Donald. Cuando quisieron que Donny tuviera un hermanito para que no se criara solo, los asistentes sociales no los tenían como prioridad porque ya tenían un hijo. Además, según cuenta Hellen en el libro, los asistentes sociales tenían la idea que el niño tenía que encajar estéticamente en la familia.

“Tenemos otros pero ustedes no los van a querer. No los quiere nadie”, les decían los asistentes sociales a la pareja. Aquí fue cuando encontraron a los niños que les cambiarían la vida por completo.

“Es lo que pasa con los niños de sangre mezclada. Nadie los quiere. (…) Están clasificados como inadoptables, como los defectuosos”, les decían a los Doss. “Cruzar diferentes razas va contra todos los principios de la asistencia social”. Esto produjo un sentimiento profundo en el corazón de Hellen. “La idea me chocó —escribió Helen—. Los niños no eran como naranjas que se clasifican para envasarlas descartando las que tienen fallas. Los niños son individuos, y Dios ama a todos por igual”.

Rompiendo todos los tabúes de la sociedad estadounidense de los años 40, Hellen y su esposo Carl, se dieron a la tarea de “rescatar” a esos “niños que nadie quería” y brindarles un hogar como cualquier otro. Aunque el hogar de los Doss no se puede llamar estrictamente un “hogar como cualquier otro”, ya que terminó siendo una casa llena de niños de muchas nacionalidades mezcladas dejando a su entorno sin palabras.

Después de mucho esfuerzo la familia por fin lograba adoptar otros niños. La segunda fue Laura, niña euroasiática, de madre filipino china y de padre anglo francés. La tercera fue Susan, niña blanca y rubia pero con una mancha de nacimiento en el rostro, por la que era rechazada, afortunadamente un tratamiento de rayos removió la mancha.

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Imagen ilustrativa. (Pixabay)

Donny de 4 años, no quería más bebés en la casa, si no que quería alguien de su edad con quien pudiera jugar. En la búsqueda de un “hermanito ideal”, llegaron otros dos hermanitos a la casa de los Doss. El cuarto sería Teddy, un niño filipino-malayo-español, y la quinta niña adoptada sería Rita, bebita de ascendencia indio-mexicana; ambos niños eran rechazados por los otros posibles adoptantes porque eran de tez y cabellos oscuros.

Carl estaba sufriendo por las dificultades económicas, pero eso no fue motivo suficiente para que la familia Doss dejara de adoptar más niños, e impulsados a buscarle el “hermanito perfecto” a Donny, continuaron con su aventura.

El sexto, no sería de la misma estatura de Donny, sino un bebé llamado Timmy, de madre mexicana y padre japonés. El niño número siete, vendría por sugerencia de Carl.  Era un recién nacido al que nadie quería porque era de ascendencia japonesa, birmana y coreana. A pesar de que Hellen estaba cansada de criar bebés, su esposo Carl se ofreció a cuidarlo él mismo y lo llamaron Alexander Paul.

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Imagen ilustrativa. (Pixabay)

Continuando con la búsqueda del “hermanito perfecto para Donny”, llegaron otras dos niñas medio-hermanas a la casa de los Doss, ambas compartían la misma madre, franco-irlandesa; la octava niña adoptada, de padre japonés y la novena era de padre chino-malayo-balinés. De este modo llegaron a la casa Diane y Elaine, desde Hawaii.

Ya la familia Doss se había hecho algo famosa y querían entrevistarla en la revista Life. A pesar que ellos no querían mayor atención, incluso participaron en el programa de Groucho Marx, donde promocionaría Hellen su nuevo libro.

Continuando con la búsqueda del “hermanito perfecto”, llegaron a la casa de los Doss, tres adopciones más. El décimo sería un bebé, Gregory, de siete meses de edad, de ascendencia indio cheyenne-blackfoot, y por fin llegaba el hermanito perfecto para Donny. El onceavo era un varón, de 9 años, Richard, por un lado, mitad indio chippewa y canadiense y por el otro lado mitad indio blackfooty y escocés americano. Finalmente la doceava era una niña de 9 años  también, llamada Dorothy, de madre galesa y francesa y de padre posiblemente brasileño.

“A algunos escépticos les resulta difícil creer que las gentes de todas las razas nacen con los mismas cuerdas vocales, las mismas papilas en la lengua y el mismo tipo de aparato digestivo, capaz de asimilar una amplia variedad de comidas”, escribe Helen en su libro. “No es la herencia sino el esquema cultural lo que hace que los ingleses amen sus reyes, los chinos reverencien a sus sabios y los esquimales se deleiten comiendo pescado helado y parcialmente descompuesto”, agrega.

Y lo que más destaca Hellen, es la importancia de una buena educación llena de amor para tener niños excepcionales. “Cuanto más tranquila y feliz sea su niñez, tanto más comprenderán y compadecerán a quiénes los ofendan. Por sobre todas las cosas, trataremos de desarrollar en ellos su mejor defensa: el sentido del humor”.

Finalmente esta familia feliz rompió los esquemas de la sociedad y permitió que las personas de razas mezcladas también tengan la oportunidad de un hogar y una vida feliz.

Mira el video en el programa de Groucho Marx a continuación:

¡Increíble formación humana en Taipei!

 

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