Patrón oro: posible tabla de salvación para EE. UU.

Por Rafael Marrero
08 de Junio de 2022 1:17 PM Actualizado: 16 de Junio de 2022 11:49 AM

Opinión

Las noticias sobre la creciente inflación en los Estados Unidos se suceden mes tras mes. Las familias estadounidenses ya no hallan qué hacer para enfrentar el alto coste de la vida. El inquilino de la Casa Blanca ni acaba de tomar medidas concretas al respecto, ni deja de culpar a los demás.

Durante el último año, no hemos visto más que cifras alarmantes en cada resumen del Índice de Precios al Consumidor; cifras que, vistas en blanco y negro, nos ponen a pensar, pero que, en la práctica, se convierten en un verdadero dolor de cabeza para quienes tienen que lidiar con los elevados precios y subsistir del modo en que pueden.

El alto precio de la gasolina, por ejemplo, cuyo índice anual llegó al 43.6 % en abril, ha sido (y es) una de las mayores preocupaciones entre los consumidores, así como también el elevado costo de los alimentos de consumo en el hogar, cuya tasa anual al cierre del propio mes fue del 10.8 %, el mayor incremento registrado desde 1980.

Sobre la mesa, hay varias cosas que la presente Administración podría hacer para empezar a revertir esta situación. Hoy, sin embargo, nos enfocaremos en solo una que, no por ser un poco polémica, merece especial atención dadas las ventajas que podría ofrecer a nuestra resquebrajada, pero históricamente fuerte economía.

Gold Standard: la historia más reciente

Actualmente, las divisas de nuestro país y las del resto de las naciones del mundo son reguladas por el Sistema Monetario Internacional, que es el organismo encargado de establecer las normas que regulan los flujos monetarios transfronterizos. Este mecanismo de control, sin embargo, no siempre fue el que dictó las pautas al respecto.

Adoptado a raíz de los acuerdos de Bretton Woods, el llamado Gold Standard fue el sistema que predominó en la era precedente. Concretamente, en 1944, en esa ciudad de New Hampshire, unos 44 países se reunieron con el fin de establecer un modelo económico global que fijara las reglas comerciales y financieras entre las naciones.

Una vez aprobado, ese modelo económico no solo estableció que las principales potencias occidentales debían fijar el valor de sus monedas según una cantidad específica de oro, sino que también convirtió al dólar estadounidense en la moneda de reserva mundial. Es decir, todas las monedas fluctuaban alrededor del dólar, que era convertible en oro a razón de 35 dólares por onza.

Tal como narra la historia al respecto, el sistema funcionó muy bien hasta 1971, cuando ciertas presiones económicas, políticas y globales obligaron al entonces presidente de EE. UU., Richard Nixon, a abandonarlo por completo.

A partir de esa fecha, el dólar ya no estaría respaldado por el oro, o sea, pasaría a ser dinero fiduciario; dinero únicamente respaldado por la autoridad que lo emite, libremente negociado en las bolsas mundiales y cuyo valor relativo estaría sujeto a los vaivenes del mercado.

Patrón oro: los contrarios al sistema

Un reporte de la Fundación para la Educación Económica (FEE) señala que quienes desaprueban el regreso del patrón oro alegan que este no funcionaría por tres razones fundamentales:

1. La cantidad de oro existente no alcanzaría para satisfacer las necesidades

2. El oro podría ser una moneda inestable

3. El restablecimiento del modelo en sí podría ser demasiado caro

La propia fuente subraya que el sistema requeriría de demasiadas reformas, es decir, «realmente, el Gobierno federal tendría que dejar de inflar, equilibrar su presupuesto y abandonar los programas del estado de bienestar» para poder avanzar en este sentido.

[Además], «la mayoría de los votantes no estarían preparados para tales reformas. Y los políticos, presionados por los votantes y los grupos de interés para obtener favores, dudarían en aprobarlas. Por tanto, el principal obstáculo para la reforma monetaria sería [básicamente] ideológico».

De ese modo, prosigue la FEE, «si se pudiera superar ese obstáculo básico, el retorno al dinero en oro se convertiría en una posibilidad realista». Una vez en este punto, conociendo estas supuestas desventajas y estos aparentes obstáculos, puede que usted se esté preguntando qué hay de cierto en todo ello. No se impaciente: ya vamos directo al grano.

Gold Standard: los entusiastas del sistema

Contradiciendo a los críticos del Gold Standard, todo parece indicar que en opinión de sus entusiastas «no hay escasez de oro. [Es decir], el tamaño de la población mundial, y el alcance de la producción y el comercio son irrelevantes, [pues] cualquier cantidad de dinero siempre servirá a las necesidades de la sociedad».

Este razonamiento expuesto por la FEE se sustenta en el hecho de que, «en realidad, a las personas no les importa la cantidad de dólares, francos, marcos, pesos o yenes que tengan en sus billeteras o cuentas bancarias; lo importante para ellas es el poder adquisitivo. Y si los precios son libres y flexibles, la cantidad de dinero disponible, cualquiera que sea, se repartirá entre posibles compradores y vendedores que oferten y compitan entre sí».

En un escenario como el anteriormente descrito por esta fundación, «la cantidad disponible de dinero se ajustaría a fin de proporcionar el poder adquisitivo necesario para adquirir todos los bienes y servicios disponibles a los precios competitivos prevalecientes en el mercado».

El otro motivo de aprobación reseñado por FEE estriba en que el oro sería un dinero mucho más estable que la mayoría de las monedas de papel, las cuales, además de ser emitidas por el Gobierno o el banco, fluctúan enormemente en dependencia de las presiones comerciales o políticas, lo que resulta en el brusco subibaja de los precios.

A decir verdad, bajo el Gold Standard, puede que haya ligeros aumentos de precios inducidos por el efectivo cuando aumente la cantidad de oro utilizada como dinero, o a medida que se extraen y procesan más cantidades del metal precioso, sin embargo, «bajo este patrón, esos cambios de precios serían relativamente menores y fáciles de anticipar. [Básicamente], el poder adquisitivo por unidad de oro sería más estable que bajo un patrón impredecible de papel moneda», según el mismo reporte.

La otra cuestión que apoya la implementación de este modelo tiene que ver con el coste de circulación. Es decir, «aunque sería más costoso poner en circulación el oro que un papel moneda que no requiere respaldo, a la larga, el patrón oro no es nada caro en comparación con el papel».

De acuerdo con la FEE, «a lo largo de la historia, el papel moneda no solo ha demostrado ser extremadamente costoso, sino que también ha distorsionado el cálculo económico, destruido los ahorros de las personas y liquidado sus inversiones».

Regresar o no regresar: he ahí la cuestión

Entendidos en la materia aseguran que no existe ningún motivo para no retornar al patrón oro, aun bajo las circunstancias actuales impuestas por una economía globalizada en la que, día a día, se registran innumerables transacciones y complejas operaciones a lo largo y ancho del globo.

Claro está, el regreso del Gold Standard no sería asunto de un día, ni cosa parecida, pero si nuestro Gobierno y las instituciones pertinentes lo toman en serio y dan los pasos correctos, este recurso podría ser la tabla de salvación a la que asirse en momentos tan cruciales como los que estamos viviendo, con una inflación que casi rasga las nubes.

No sin reconocer el reto que supone fijar el precio del dólar por onza de oro, algo en lo que ciertamente diferirían unos cuantos, la propia Fundación para la Educación Económica expone ciertos y determinados pasos básicos que habría que seguir para la reimplantación de este sistema monetario.

Para empezar, habría que detener la inflación a partir de una fecha determinada mediante la paralización de la expansión del crédito a través de la Reserva Federal y los bancos comerciales. Además, habría que permitir que el oro se compre, venda, negocie, importe y exporte activamente.

Aparte de eso, también habría que considerar el restablecimiento de una nueva relación dólar-oro una vez que las oscilaciones en el precio del metal se estabilicen. Cuando exista una nueva proporción legal y el dólar se defina en términos de oro, el Gobierno de EE. UU. y la casa de la moneda local entonces deberían ingresar al mercado, comprar/vender oro y dólares a la nueva paridad, y acuñar/vender monedas de oro.

Paralelamente, la casa de la moneda estadounidense debería acuñar monedas de oro de distintos tipos (por ejemplo, una décima parte de una onza, un cuarto, una media, una onza, etc.), estar lista para vender ese oro a la paridad establecida y también para comprar cualquier oro que se le ofrezca para su acuñación.

Asimismo, el financiamiento del Gobierno debería estar completamente divorciado del sistema monetario. Es decir, se debería evitar que el Gobierno gaste más de lo que recauda en impuestos o toma prestado de prestamistas privados. Además, los bonos federales en circulación, en poder de entidades del Gobierno que no sean de EE. UU., deberían usarse según lo establecido.

Para evitar la deflación, no podría haber ninguna contracción de la cantidad de dinero existente, los bonos del Gobierno no deberían usarse para emisiones de billetes y/o crédito, y ningún banco podría ampliar el monto de sus depósitos sujetos a cheque, ni el saldo de los depósitos de sus clientes individuales.

Adicionalmente, si nuestro país volviera a tener un patrón oro, el antiguo papel moneda de curso legal debería continuar circulando hasta que se agote. Básicamente, esos serían los principales pasos que dar en función de este objetivo.

Gold Standard: ventajas adicionales

Por el propio desarrollo alcanzado por la humanidad en la era moderna, el regreso al patrón oro podría ser incluso más fácil de lo que piensan sus detractores. Varias ventajas avalan esta posibilidad, entre ellas, la gran flexibilidad que experimentaría la banca como tal.

«Con el mantenimiento de registros computarizados, las transferencias electrónicas de dinero, las ideas creativas sobre la organización de transacciones de crédito, las tarjetas de crédito, los cajeros automáticos, etc., los préstamos y las transferencias de fondos podrían seguir realizándose de manera rápida y sin problemas», puntualiza la FEE.

La propia fuente enfatiza en que, bajo un patrón oro de mercado, la gente ya no se sentiría amenazada por la inflación, ni por las distorsiones de precios, los errores de cálculo económicos e, incluso, las malas inversiones.

Un reporte de ABC News al respecto respalda el regreso de este sistema monetario, haciéndose eco de la postura de ciertos partidarios del modelo, quienes argumentan que, para salir airosos en este proceso, solo bastaría con disponer del oro suficiente como para poder garantizar el 10 % de los dólares en circulación.

Otros expertos en la materia refieren que este modelo económico induce a la estabilidad de precios a largo plazo, reduce los riesgos de crisis monetarias y proporciona tipos de cambios fijos entre los países participantes, de ahí que disminuye la incertidumbre en el comercio mundial.

Según el portal de noticias y análisis The Conversation, «los argumentos a favor de volver a un patrón oro reaparecen periódicamente, generalmente en épocas en que la inflación es intensa», justo como la que estamos experimentando en la actualidad. Por eso el basamento lógico de pensar ahora en esta plausible y efectiva alternativa.

Tal como está el panorama inflacionario actual, y a tenor del retroceso que ha experimentado nuestra economía bajo la actual Administración, conviene que pensemos en opciones como esta, acorde a las presentes circunstancias y perfectamente viable si se actúa con la sensatez necesaria. De nada nos sirven las falsas promesas e ideas obtusas. Mente abierta hay que tener para salir del lodazal en el que estamos.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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