Pelosi hace todo lo posible por reelegir a Trump en el Estado de la Unión

Por Roger Simon
06 de Febrero de 2020 10:32 AM Actualizado: 06 de Febrero de 2020 10:32 AM

Comentario

Durante décadas, nuestros amigos de los medios de comunicación nos han asegurado, y literalmente taladrado en nuestros cerebros, que la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi es la maestro estratega de nuestro tiempo, un verdadero genio político de proporciones extraordinarias.

Me permito disentir.

Ella parece más cercana a una niña de 9 años que está fuera de control.

Lo demostró durante el discurso sobre el Estado de la Unión cuando, sentada detrás de Trump durante su discurso, mientras escuchaba los logros alcanzados por la administración, se puso nerviosa como una niña de tercer grado con un trastorno de déficit de atención y luego, al concluir el presidente, se puso de pie a la vista de todos e hizo un show rompiendo la copia impresa de su discurso por la mitad.

Por una fracción de segundo, me pregunté si estaba teniendo un ataque de nervios. Era un show tan bizarro transmitido en la televisión en vivo, que cualquier persona normal que lo viera, lo apagaría inmediatamente o incluso podría enfermarse. Imaginé repeticiones por Twitter del video de su comportamiento desde ahora hasta noviembre de este año. (Ya han comenzado, como estoy seguro que algunos de ustedes ya lo saben.)

Era como si Pelosi fuera un agente secreto que trabajaba de manera encubierta para reelegir a Donald Trump como presidente.

Pero entonces me di cuenta de que si eso fuera así, las claque (aplaudidoras pagadas) de las congresistas demócratas vestidas de blanco y con el ceño fruncido sentadas sobre sus manos durante todo el discurso —incluso cuando se anunció que las mujeres habían conseguido el 72 por ciento de todos los nuevos trabajos— también tendrían que haber sido agentes secretos de Trump.

Y entonces la consecuencia de todo esto habría sido que todo el fiasco del impeachment fue un complot clandestino para reelegir al presidente, porque hasta ahora, eso es exactamente lo que ha sido, elevando el número de aprobación de Trump en (la encuesta) Gallup al 49 por ciento, un récord y aparentemente igual al de George W. Bush en el momento de su relativa fácil reelección obtenida en 2004. (¡El GOP [partido republicano] está ahora al 50 por ciento por primera vez desde 2005!)

Fue una repetición del impeachment de Clinton, y esto había sido predicho por muchos, pero nadie escuchó.

Especialmente Pelosi. Fue su idea, después de haber dicho que no apoyaría tal cosa a menos que fuera bipartidista, lo que nunca sería. Pero luego cambió de opinión, como todos sabemos, incitada por los gustos salomónicos de Alexandria Ocasio-Cortez y Maxine Waters.

¿Es un maestro estratega?

Como si los demócratas necesitaran más problemas con el Fiasco II, los caucus de Iowa todavía están sin resolverse.

Hablando sobre eso, yo había cubierto la versión 2016 de esos caucus para PJ Media, y debo decir que no me sorprendió el caos resultante. De una manera pintoresca y antropológica Las asambleas son interesantes desde el punto de vista pintoresco y antropológico, sin embargo como instrumento de una democracia, dejan mucho que desear, siendo la ausencia del voto secreto el ejemplo crucial, a menos que uno quiera que su jefe y su exesposa sepan lo que uno está votando.

Las asambleas electorales, que en gran medida existen como despilfarros de la Cámara de Comercio, merecen seguir el camino del pájaro Dodo, pero estaré cubriendo la asamblea electoral del 22 de febrero en Nevada para The Epoch Times, así que me reservo el derecho de modificar y ampliar, como dicen ellos.

Pero volviendo a los demócratas y a Pelosi que se comportaron como niños (muy pequeños) en el Estado de la Unión (SOTU). Su etiología es demasiado obvia. ¿Cómo tratas a un titular cuyo historial (a pesar de los tuits y lo que sea) es tan extraordinario como el de Trump, especialmente cuando fracasaste miserablemente en tu táctica de impeachment?

Pierdes la cabeza.

O creces.

Ellos eligieron lo primero.

Roger L. Simon, analista político senior de The Epoch Times, es también un guionista y novelista nominado al Premio Oscar de la Academia. Síguelo en Twitter @rogerlsimon.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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