Peor que Japón: China es incapaz de afrontar la crisis del envejecimiento

Parte 2 de la serie de 2 partes: China y Japón ante el envejecimiento de la población
Por Antonio Graceffo
02 de Diciembre de 2021
Actualizado: 02 de Diciembre de 2021

Análisis de noticias

Para salvarse de la crisis de envejecimiento, China necesita aumentar el número de trabajadores jóvenes o incrementar la educación y la productividad de sus actuales trabajadores. Cualquiera de las dos políticas sería muy costosa y podría tardar décadas en dar sus frutos.

En 2016, ante el envejecimiento de la población y la disminución de la mano de obra, el Partido Comunista Chino (PCCh) derogó la política de solo un hijo. Sin embargo, la esperada explosión de la natalidad nunca se materializó.

El costo de criar y educar a un niño en China era demasiado elevado para animar a las parejas jóvenes a tener más de un hijo. En Shanghai, un apartamento de dos habitaciones de segunda mano puede costar más de 1.5 millones de dólares, mientras que el salario medio mensual es de apenas 1700 dólares y el salario mínimo de 374 dólares. Con la relación entre el costo de la vida y el de la vivienda, la mayoría de las parejas casadas no pueden sobrevivir, sin el apoyo de los padres y abuelos, descartando por completo tener dos o más hijos.

En 2020, solo nacieron 12 millones de bebés en China, la tasa de natalidad más baja desde 1978. En respuesta, el PCCh anunció que permitiría a las parejas tener tres hijos. Se espera que esta política sea tan ineficaz para frenar la crisis de envejecimiento como el anterior límite de dos hijos.

Gran parte del crecimiento estelar de China se produjo como resultado del traslado de los trabajadores del campo a las ciudades. Las rápidas urbanizaciones impulsaron las cifras del PIB, ya que cada ciudadano que dejaba el campo para trabajar en una fábrica duplicaba su contribución al PIB. Ahora, sin embargo, el 64% de la población ya está urbanizada. No habrá más saltos tremendos en el PIB basados en la migración del campo a la ciudad.

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Trabajadores migrantes chinos llegan a la estación de Shanghai para subir a un tren antes de regresar a sus ciudades de origen con motivo de las vacaciones del Año Nuevo chino, en Shanghai, China, el 8 de febrero de 2007. (Mark Ralston/AFP vía Getty Images)

Una mirada a Japón puede explicar por qué China no consigue resolver su problema de envejecimiento.

Japón y China vivieron una experiencia similar a medida que ascendían en la escala económica. Ambos experimentaron un rápido desarrollo económico, un endeudamiento desmesurado y un sector inmobiliario disparado. Cuando sus economías se ralentizaron considerablemente, ambos países se dieron cuenta de que se enfrentaban a una crisis de envejecimiento. El gobierno japonés tomó varias medidas para mitigar la crisis. Hasta ahora, el PCCh no parece tener un plan.

Cuando Japón vio que su población envejecía, el gobierno comenzó a ofrecer atención médica y educación gratuitas. El PCCh no ha puesto en marcha programas similares. Otra política que adoptó Japón fue establecer un programa nacional de pensiones, al que deben contribuir todos los trabajadores.

El coeficiente de Gini es una medida de la disparidad de la riqueza dentro de un país. Cuanto más alto es el número, mayor es la disparidad. El coeficiente de Gini de China es de 46.5, mientras que el de Japón es solo de 29.9. Se calcula que unos 600 millones de chinos, o sea el 40% de la población, ganan unos 1000 yuanes (unos 156 dólares) al mes. Sin embargo, el PIB per cápita de China es de aproximadamente 10,500 dólares al año, o 875 dólares al mes. Esto sugiere que una mitad de la población gana mucho más que la otra.

Las ciudades y los pequeños pueblos japoneses han ofrecido incentivos a las familias que estaban dispuestas a tener un tercer hijo, desde pagos en efectivo hasta lugares gratuitos en el jardín de infancia, coches gratis y, a veces, casas. Es poco probable que Beijing, tras derogar recientemente su política de un solo hijo, esté dispuesta a tomar medidas similares. Como resultado, el año pasado, la tasa de fertilidad de Japón fue ligeramente superior a la de China, con 1.369 nacimientos por mujer, mientras que la de China fue de solo 1.3.

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Una valla publicitaria de la política de “un solo hijo” que dice: “Tengan menos hijos, tengan una vida mejor”, recibe a los residentes en la calle principal de Shuangwang, en la región de Guangxi, en el sur de China, en mayo de 2017. (Goh Chai Hin/AFP vía Getty Images)

La edad de jubilación actual en Japón es de 65 años, pero el gobierno está planeando elevarla a 70 años. Durante décadas, la edad de jubilación en China ha sido de 55 años para las mujeres y 60 para los hombres. No está claro si el PCCh la aumentará.

La población activa de Japón perdió hasta un millón de personas en un solo año, durante el punto álgido de su declive demográfico. Ningún país ha tenido nunca una reducción tan extrema de la mano de obra por ningún motivo, salvo la guerra. Sin embargo, una diferencia significativa entre China y Japón es que, si bien Japón tiene el menor crecimiento global del PIB entre los países del G-7, su PIB por trabajador ha aumentado a la tasa más alta. Esto significa que Japón es capaz de mantener un mayor crecimiento del PIB con menos trabajadores.

El PIB por hora trabajada es una medida de la productividad de los trabajadores en los distintos países. En Japón, cada hora trabajada aporta 41.90 dólares al PIB. En China, cada hora trabajada aporta unos 15 dólares al PIB. No solo los trabajadores chinos son menos eficientes que los japoneses, sino que la productividad laboral en China está disminuyendo. La productividad laboral de China disminuyó bruscamente de 2010 a 2011 y se mantuvo relativamente plana hasta 2018. Desde entonces, tiende a la baja.

Una forma de aumentar la productividad de los trabajadores es a través de la educación. Los trabajadores mejor formados pueden realizar trabajos que se sitúan más arriba en la cadena de valor, contribuyendo más al PIB. Gracias al aumento de la educación, Japón, Corea, Singapur, Taiwán y Hong Kong pudieron ascender en la cadena de valor, haciéndose ricos y manteniendo su riqueza, a pesar de la reducción de la mano de obra. China, sin embargo, parte de un punto mucho más bajo que esos países, especialmente Japón. El promedio de años de educación de un adulto en China es de 7.8, mientras que en Japón es de 12.8.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas se utiliza para medir a las personas y sus capacidades en diferentes países, en términos no económicos, examinando factores como una vida larga y saludable, conocimientos generales y nivel de vida. Tener un IDH alto está altamente correlacionado con que un país sea rico y tenga una alta productividad de los trabajadores. En 2020, el IDH de Japón fue de 0.919, mientras que China solo obtuvo 0.761.

La Matriz Económica Demográfica clasifica a los países según su edad y riqueza. Japón está clasificado como rico-viejo, y China como pobre-viejo. Ambos países están envejeciendo, pero el PIB per cápita en Japón es de algo más de 40,802 dólares al año, mientras que en China es de solo 10,243 dólares.

La crisis de envejecimiento de China hará muy difícil que el país salga de su tendencia económica descendente. La mayoría de las medidas que Japón utilizó, para hacer frente al envejecimiento de su población y seguir manteniendo el PIB, son costosas y llevan tiempo. En comparación con el momento en que Japón alcanzó su máximo nivel económico en 1989, la gran mayoría de la población china es significativamente más pobre y menos educada. Con solo 70 años de experiencia en la gestión de un país, y solo unos 40 años de experiencia con una economía de mercado, será interesante ver si el PCCh puede dar con una solución que otros países más desarrollados, como Japón, no hayan encontrado.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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