Perrita viaja 10,000 millas para reunirse con sus dueños que la tuvieron que dejar por el COVID-19

Por The Epoch Times
05 de Septiembre de 2020
Actualizado: 07 de Septiembre de 2020

Todos los perros buenos encuentran su camino a casa eventualmente. A veces, como Pipsqueak la perrita salchicha, tienen que embarcarse en un viaje de más de 10,000 millas para llegar allí.

La pequeña Pip quedó varada en Carolina del Sur en el punto álgido de la pandemia después de que sus dueños se vieron obligados a abandonar su viaje alrededor del mundo en barco y volar a su casa en Australia.

Con las fronteras cerrándose rápidamente, Zoe y Guy Eilbeck, y sus hijos Cam y Max, tuvieron menos de 48 horas para empacar todo desde su yate de 40 pies después de atracar en Hilton Head Island.

Las duras reglas de importación de mascotas de Australia implicaban que su leal perra salchicha Pip no podía venir con ellos.

Eso está bien, pensaron. Podrían regresar en poco tiempo para una reunión de despedida antes de volver al océano.

Así que Zoe hizo unas llamadas de último minuto para arreglar que un amigo cuidara de Pip y la familia se despidió por lo que esperaban que fueran solo seis cortas semanas.

Pero no fue así como funcionó.

Teniendo que dejarla

Pip se adaptó rápidamente a la vida a bordo, disfrutando de la cubierta y pasando el tiempo con su familia.

Zoe dice que siempre fue consciente de que hacer arreglos para llevar al perro de vuelta a casa sería un propósito largo y prolongado debido a las muy estrictas regulaciones fronterizas de Australia.

“Sabía que tendríamos que importar a Pip y que ella tendría que hacer una cuarentena de 10 días”, dice Zoe a CNN Travel.

Cuando llegó el momento, planearon llevarla en avión desde la isla de Vanuatu en el Pacífico Sur, un viaje relativamente corto a Sydney.

Por supuesto, esto no iba a ser así. Cuando el virus del PCCh (Partido Comunista Chino), comúnmente conocido como el nuevo coronavirus, comenzó a propagarse a principios de 2020, los Eilbecks decidieron dirigirse a Carolina del Sur para encontrar un lugar seguro para su yate y para Pip.

El 27 de marzo, Zoe alquiló un auto y realizó un viaje de ocho horas a Carolina del Norte, donde entregó la perra a su amiga Lynn Williams antes de que la familia tomara un vuelo de regreso a Sydney.

“Pip pasó de vivir en un velero a vivir en una granja de bisontes”, se ríe Zoe. “Eso es algo que realmente me divierte”.

Desafortunadamente, Williams ya tenía dos perros en la granja y no pudo acoger a otro por mucho tiempo, así que publicó un anuncio para que alguien la reemplazara como cuidadora de Pip.

Ellen Steinberg, que vive en Hillsborough, Carolina del Norte, fue una de las tres personas que respondieron al anuncio.

“El trato era que Pip decidiría con quién iría a vivir”, dice Steinberg a CNN Travel. “Nosotros [ella y su perro Frankly] ganamos el duelo de pistoleros, y Pip vino unos días después”.

Como el anuncio tenía muy pocos detalles sobre por qué los Eilbecks habían dejado a Pip, Steinberg admite haber hecho algunos juicios severos sobre su decisión.

“Escuché que una familia que vivía en un barco abandonó a su perra y voló de regreso a Australia e inmediatamente se formó una impresión acerca de quiénes eran estas personas”, agrega Steinberg.

“Pero tan pronto como hablé con ellos, me di cuenta de que no podían ser más cariñosos. Solo tuve la impresión equivocada por no tener todos los detalles”.

Mientras Steinberg cuidaba a Pip, Zoe se levantaba a las 4 de la mañana cada día de la semana para ocuparse del interminable papeleo que implicaba importar un perro de Estados Unidos a Australia, mientras se mantenía al día con Pip a través de videollamadas y mensajes.

“Siempre estaba tomando fotos todo el tiempo y las publicaba en las redes sociales”, dice. “Pip comenzó a desarrollar su propio grupo de fans”.

Pronto quedó claro que no sería posible que los Eilbeck regresaran a Estados Unidos debido a las restricciones de viaje por el virus del PCCh. Pip tendría que hacer el largo viaje a Australia sola.

Interminable proceso de importación

El papeleo se volvió más complicado debido a las interrupciones relacionadas con la pandemia.

“Para exportar a un perro de Estados Unidos, necesitas conseguir una declaración estadounidense que diga que el perro es saludable y que se le han realizado unos análisis de sangre particulares para la rabia”, explica Zoe.

“Esto se hacía en Nueva York, que ahora estaba cerrado. Así que tratar de conseguir algo como eso era extremadamente difícil”.

Steinberg también tenía que llevar constantemente a Pip con su veterinario local para el papeleo, las vacunas y los análisis de sangre con el fin de que cumpliera con los requisitos.

Una vez que finalmente recibieron un permiso de importación para Australia, Qantas, la aerolínea oficial de Australia, anunció que ya no transportaría más perros al país.

Después de muchas llamadas telefónicas, Zoe descubrió que la familia podía importar a Pip si pasaba por Nueva Zelanda y consiguió que su perrita fuera trasladada en un vuelo de Los Ángeles a Auckland reservando a través de la compañía de transporte de mascotas Jetpets.

En este momento, Steinberg, que había cuidado a Pip durante tres meses, tuvo que hacer un viaje para visitar a su familia y entregó la perrita a su amiga Stacey Green.

“Cuando Stacey tuvo a Pip, se enamoró de ella, hasta el punto que pensé que no la recuperaría”, bromea Zoe.

Pero todavía tenían que llevar a Pip desde Carolina del Norte a Los Ángeles. Y aunque los vuelos operaban, eran cancelados constantemente.

Llevar tal cargamento también era un problema. Muchas compañías estadounidenses no permiten el envío de mascotas de mayo a septiembre, los meses más calurosos para los animales en el hemisferio norte.

Zoe decidió publicar un mensaje en las redes sociales buscando a cualquiera que viajara de la costa este a la oeste.

Fue entonces cuando Melissa Young, que trabaja para la fundación de rescate de perros The Sparky Foundation, intervino y se ofreció como voluntaria para volar a través de Estados Unidos con Pip.

Después de asegurarse de que Pip se sintiera cómoda con ella, Young voló de Greensboro a Charlotte, Carolina del Norte, y luego de Charlotte a Los Ángeles con la perrita salchicha bajo su asiento.

Pip fue entonces entregada a Jetpets, que la tuvo durante la noche para ocuparse de todas las declaraciones y el papeleo, antes de ponerla en un vuelo de Los Ángeles a Auckland.

Una vez a bordo, todos sus cuidadores temporales, junto con los Eilbeck, estaban muy emocionados, siguiendo su vuelo mientras cruzaba el océano.

“En todo el mundo, estamos viendo este vuelo a través de la pantalla”, dice Zoe.

Pip llegó a Auckland el 23 de julio y entro en cuarenta durante la noche antes de volar a Melbourne, donde pasó otros 10 días en cuarentena, como es obligatorio para toda mascota que llega a Australia desde el extranjero.

Estaba previsto que volara a Sídney el 3 de agosto, pero el estado de Victoria impuso un estricto cierre una vez que Pip llegó y se cerraron las fronteras entre Victoria y Nueva Gales del Sur.

El hermano de Zoe, Rob, que vive en Melbourne, aceptó acoger a Pip durante unos días, y se reservaron para la mascota por lo menos cuatro vuelos hacia Sídney, pero todos fueron cancelados.

A estas alturas la historia ya había sido tomada por los medios de comunicación locales y después de un reportaje en el Sydney Morning Herald, Virgin Australia intervino y accedió a llevar a Pip a casa.

Nuevos comienzos

Cuando Pip finalmente llegó al aeropuerto de Sydney el 11 de agosto, cinco meses después de haberla visto por última vez, los Eilbeck estaban allí para recibirla, junto con un equipo de filmación y varios reporteros locales.

Fue una reunión emotiva.

“Nuestro mayor temor era que no nos recordara después de todo ese tiempo”, dice Zoe.

“Mis hijos estaban tan preocupados que tomaron un hotdog y se lo frotaron en las manos. Y entonces esta perrita sale por el hangar, pavoneándose…”.

“Cuando escuchó nuestras voces, vino a nuestros brazos. Fue absolutamente asombroso tenerla de vuelta después de todo ese tiempo”.

Después de tanto tiempo separados, los Eilbeck están encantados de tener su “tripulación” junta de nuevo.

“Soy consciente de que es un perro, pero nos consideramos un poco como una tripulación”, dice Zoe.

“Viviendo en un barco, realmente hay que trabajar juntos. Y a pesar de que ella solo vagaba por ahí y no hacía nada en realidad, todavía la consideramos un miembro de nuestra tripulación”.

Desde entonces, la familia se ha mudado a Scotland Island, una isla y un suburbio en las playas del norte de Sydney, para continuar con su “estilo de vida acuático” y sus hijos han vuelto a la escuela.

Viajan de ida y vuelta al continente en un barco pesquero de aluminio, conocido como “tinny (metálico)”.

“Pip está aceptando eso porque en el fondo es un perro de barco”, añade Zoe.

“Ha vuelto directamente a lo que más le gusta, que es recostarse en nuestra cubierta y contribuir con lengüetazos y alegría”.

Vendiendo

Si hubieran podido continuar su viaje, Zoe cree que estarían actualmente en la Polinesia Francesa, o en camino a Fiji.

Sin embargo, su yate, llamado No Plans Just Options (Sin planes, solo opciones), sigue atracado en el mismo lugar que lo dejaron en marzo.

La familia ha aceptado que durante un tiempo no podrán navegarlo de vuelta a Australia, que permanece cerrada a los viajeros.

Recientemente tomaron la difícil decisión de vender el yate y ahora están concentrados en aprovechar al máximo su nueva vida en Scotland Island.

“Esta es nuestra próxima aventura”, dice Zoe, subrayando que las restricciones de viaje y las cuarentenas obligatorias han hecho que la navegación internacional sea “lenta y complicada”.

“Volveremos a navegar dentro de unos años”, añade.

Los Eilbeck se han mantenido en contacto con todos los cuidadores de Pip, que continúan siguiendo sus aventuras a través de la cuenta familiar de Instagram.

“Siento que hemos hecho amigos de toda la vida”, dice Steinberg, revelando que la gente a menudo comenta “echamos de menos a Pip” en sus publicaciones en las redes sociales.

“Ha sido una historia realmente encantadora de la cual ser parte. Especialmente durante una época bastante horrible en el mundo para la mayoría de la gente”.

El viaje de Pipsqueak a casa

27 de marzo: La familia Eilbeck atraca su barco en la isla de Hilton Head, Carolina del Sur. Zoe Eilbeck conduce hasta Carolina del Norte, donde entrega a Pip a su amiga Lynn Williams.

4 de abril: Pip se muda a la casa de Ellen Steinberg en Hillsborough, Carolina del Norte.

19 de julio: Con la rescatista de mascotas Melissa Young como su compañera, Pip vuela a Charlotte, Carolina del Norte, y luego a Los Ángeles.

21 de julio: Después de una noche en la suite de un hotel, Pip es trasladada en un vuelo de 13 horas en el área de carga desde Los Ángeles a Auckland, Nueva Zelanda.

24 de julio: Pip vuela desde Auckland a Melbourne, Australia, donde entra en cuarentena obligatoria durante 10 días.

11 de agosto: Pip vuela de Melbourne a Sydney, y finalmente se reúne con los Eilbeck.

Con información de CNN Wire y NTD.


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