Por qué la FDA advierte a las mujeres embarazadas que no usen analgésicos de venta libre

Por C. MICHAEL WHITE
13 de Noviembre de 2020
Actualizado: 13 de Noviembre de 2020

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) emitió una advertencia el 15 de octubre a los profesionales de la salud y a las mujeres sobre el uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos después de las 20 semanas de embarazo.

La advertencia se produjo después que la FDA añadió sus datos de la vigilancia post-comercialización a la información acumulada que aparece en las revistas médicas. En 2019, los consumidores gastaron 4300 millones de dólares en más de 760 millones de frascos de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos. Esto incluye los que llevan los nombres de marca Motrin, Advil, Aleve, Ecotrin y Bayer Aspirin y las versiones genéricas de ibuprofeno, naproxeno y aspirina.

Esas cifras se suman a los millones de recetas de analgésicos que contienen medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (NSAID por sus siglas en inglés) o productos de combinación de NSAID y opiáceos que se hacen cada año. Todo esto hace que la advertencia sea un paso significativo, especialmente si se tiene en cuenta que las mujeres embarazadas a menudo experimentan dolores que podrían aliviarse con estos medicamentos.

Yo soy farmacéutico y farmacólogo cardiovascular especializado en evitar o reducir las enfermedades inducidas por las drogas. Un embarazo exitoso es vital para la salud eventual del niño, por lo que es importante que las mujeres embarazadas sean conscientes de este peligro recién descubierto.

¿Cuál es el problema?

Los médicos y los farmacéuticos saben desde hace tiempo que los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos pueden disminuir la función renal en los adultos y dañar permanentemente los riñones de algunas personas. El tratamiento con dosis más altas de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, el tratamiento a largo plazo y el uso en disfunciones renales preexistentes son especialmente peligrosos para los adultos. La FDA ahora cree que este riesgo renal se extiende también al feto si la madre usa estos productos.

El feto está rodeado por un saco amniótico protector lleno de líquido. Este líquido es producido por la madre hasta la semana 20, pero después de eso, los propios riñones del feto crean la mayoría del líquido protector. La FDA está al tanto de docenas de casos en los que los médicos detectaron niveles bajos y posiblemente peligrosos de líquido amniótico en madres que tomaban medicamentos antiinflamatorios no esteroideos. En muchos de estos casos, cuando la madre dejó de tomarlos, los niveles de líquido amniótico comenzaron a volver a la normalidad pero volvieron a bajar cuando se reinició el uso de ellos.

En algunas de esas mismas madres, se detectaron niveles bajos de líquido amniótico después de tomar los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos durante solo dos días. Pero en otras mujeres embarazadas, pasaron varias semanas antes de que se detectaron niveles bajos de líquido amniótico.

En cinco casos, la FDA supo de recién nacidos que murieron de insuficiencia renal poco después del nacimiento. Si bien se trata en general de un número reducido de casos, la FDA cree que es probable que haya muchos otros casos en los que no se detecten las reducciones de los niveles de líquido amniótico inducidas por los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos porque tanto los pacientes como los médicos no son conscientes del riesgo.

¿Qué deben hacer las mujeres embarazadas?

La FDA recomienda que los profesionales de la salud limiten la prescripción de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (NSAID) o la recomendación de los NSAID de venta libre a las mujeres entre 20 y 30 semanas de embarazo y que los eviten por completo después de las 30 semanas si es posible. Si el tratamiento con algún NSAID es necesario, deben utilizar la dosis efectiva más baja durante el menor tiempo posible. Los profesionales de la salud deben considerar la posibilidad de vigilar el líquido amniótico por ultrasonido si el tratamiento se prolonga más allá de 48 horas y suspender los NSAID si se reduce el nivel de líquido amniótico.

Lo mejor que puede hacer una mujer embarazada que esté pensando en tomar un medicamento antiinflamatorio no esteroideo de venta libre para el dolor es hablarlo primero con su obstetra. Su obstetra puede recomendar el acetaminofeno (Tylenol) como una alternativa viable. Sin embargo, incluso en ese caso, existen algunas pruebas preliminares de que el uso de una dosis más alta o una terapia prolongada con acetaminofeno durante el embarazo está vinculado al trastorno por déficit de atención o al autismo a medida que el niño se desarrolla.

Los farmacéuticos son un recurso maravilloso para ayudar a los pacientes a identificar qué productos de venta libre contienen paracetamol [acetaminofeno] o medicamentos antiinflamatorios no esteroideos. Esto a veces puede ser difícil porque, además de los analgésicos habituales, también existen en algunos productos de venta libre para el resfriado y la gripe y algunos medicamentos que ayudan a dormir.

¿Qué hay de las opciones no farmacológicas?

El uso de suplementos dietéticos para el alivio del dolor podría ser arriesgado porque la FDA no asegura adecuadamente la calidad de fabricación y los productos podrían contener metales pesados, bacterias o moho. Los suplementos dietéticos simplemente no están regulados por la seguridad y eficacia de los medicamentos. Además, la falta de datos de seguridad con los suplementos dietéticos no significa que no haya problemas, sino que se desconocen los riesgos.

Otras terapias no farmacológicas para los dolores y molestias incluyen compresas calientes, ejercicios de estiramiento, terapia de masaje, terapia de visualización y otras técnicas. Incluso si estas técnicas no farmacológicas no eliminan el dolor, podrían reducir la dosis del analgésico o la duración de la terapia que se necesita.

Las mujeres embarazadas pueden probar algunas de estas opciones y ver qué funciona para ellas.

C. Michael White es un distinguido profesor y jefe del departamento de práctica farmacéutica de la Universidad de Connecticut. Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation.


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