Refugiado relata sobre los riesgos de ejercer libertad de expresión en China

Por Linda Jiang
28 de Octubre de 2021
Actualizado: 28 de Octubre de 2021

Un solicitante de asilo chino contó su historia de 10 años de calvario en su país mientras se esforzaba por ejercer su derecho a la libertad de expresión e informar a otros sobre los crímenes del Partido Comunista Chino (PCCh).

Liu Feilong escapó a Holanda el 29 de agosto de 2021, después de repetidos acosos policiales, encarcelamientos y amenazas de muerte por compartir información censurada en las redes sociales chinas. Él aspira compartir lo que sabe con las personas que no pueden ver los hechos dentro de China.

“Espero que más jóvenes chinos puedan traspasar el Gran Cortafuegos de China para obtener más información real del mundo exterior sin dejarse engañar por las mentiras del PCCh”, declaró Liu a la edición china de The Epoch Times.

“Soy plenamente consciente de los peligros y los costos a los que me enfrento bajo la fuerte censura de Internet del régimen”, dijo Liu. “Por conciencia, no puedo permanecer en silencio ante la tiranía y las atrocidades del PCCh”.

La red de Internet china está estrictamente limitada a la propaganda patrocinada por el Estado y el PCCh bloquea rigurosamente el acceso en línea a la información crítica de sus acciones. Sin embargo, hay grietas en el Gran Cortafuegos y Liu encontró la primera de ellas en 2007.

Liu se enteró de la masacre de Tiananmen, un acontecimiento que casi todos los jóvenes chinos ignoran. También se enteró de la persecución generalizada de la práctica espiritual de Falun Dafa, también conocida como Falun Gong. Poco después, Liu renunció a su participación en los programas afiliados al PCCh a los que casi todos los escolares están obligados a unirse.

En 2011, mientras la Primavera Árabe agitaba las protestas en Oriente Medio, Liu compartió en Internet información sobre la Gran Revolución Democrática del Jazmín de China a través del principal motor de búsqueda chino, Baidu.

“El régimen chino no puede tolerar ninguna voz de disidencia ni acusaciones, lo que da lugar a una sociedad cargada de injusticia”, dijo Liu.

Liu Feilong llega al aeropuerto de Ámsterdam Schiphol, Holanda, la tarde del 29 de agosto de 2021. (Cortesía de Liu Feilong)

Encuentros con la policía

Al día siguiente, la policía de su ciudad natal, Zhaoqing, provincia de Guangdong, acudió a su cerrajería. LO interrogaron y reformatearon el ordenador para borrar toda la literatura prohibida. Los agentes amenazaron con llevárselo a la cárcel o que firmara a la fuerza unos documentos que garanticen que no repetiría su conducta.

Pero eso no detuvo a Liu.

En agosto de 2014, los vecinos organizaron una protesta contra la contaminación en Zhaoqing. Un informe de Greenpeace de ese año catalogaba a la ciudad como una de las más contaminadas de Guangdong. Cuando Liu llegó a la plaza de la ciudad para la protesta, estaba vacía. Se hizo un selfie y lo compartió en Internet.

Una vez más, al día siguiente, la policía se reunió con Liu. Esta vez, lo citaron para reparar una cerradura en una dirección frente a la estación local. Cuando llegó, la policía le obligó a escribir una declaración de garantía similar a la anterior.

“Me coaccionaron para que escribiera una declaración de confesión, admitiendo el cargo de ‘causar desorden social'”, dijo Liu.

El joven volvió a encontrarse con la policía en 2017 por comprar una camiseta con un eslogan popular de un empresario disidente chino.

Luego, el 4 de julio de 2018, en el Internet chino circuló la “Ola de Salpicaduras de Tinta”, donde una popular streamer en vivo se transmitió a sí misma arrojando tinta sobre un póster del líder chino Xi Jinping. Otros individuos chinos replicaron sus acciones en Twitter y Liu animó a otros a unirse.

“Todo el mundo arrojó tinta sobre los carteles de propaganda del PCCh al aire libre y algunos fueron detenidos por ello”, dijo Liu. “Yo insté a los usuarios a prestar atención a la detención y a participar en la campaña de salpicaduras de tinta en Twitter”. A pesar que Twitter está prohibido en China, sigue siendo vigilado y esta vez Liu fue detenido.

Liu relató que lo llevaron a una estación de policía el 27 de julio de 2018. Allí, junto con ser fotografiado y obtener sus huellas dactilares, lo mantuvieron sentado en interrogatorios de 10 horas de duración y le tomaron muestras de orina y sangre.

“Una vez leí un artículo de noticias en línea en el que se mencionaba a un joven de Xinjiang cuyo órgano coincidía con el de un funcionario de alto rango, después de someterse a un análisis de sangre bajo custodia”, dijo Liu, añadiendo que “poco después él fue condenado a muerte”.

“Me da miedo de que mis muestras de sangre y mis exámenes físicos se guarden en una base de datos de trasplantes de órganos”.

Liu Feilong se toma un selfie en el exterior del centro de detención en la ciudad de Zhaoqing el 22 de agosto de 2018, cuando pagó la fianza en espera del juicio. El joven pasó detenido casi un mes desde que fue arrestado el 27 de julio de 2018. (Cortesía de Liu Feilong)

Liu fue puesto en libertad varios días más adelante después de que la policía no encontrara pruebas de que hubiera arrojado tinta a los carteles. Sin embargo, el mismo día que la policía lo liberó, fue enviado a un centro de detención. Miles de sus tuits se utilizaron como prueba contra él, por causar supuestamente malestar social.

Uno de esos tuits condenaba al régimen por la Sustracción forzada de órganos. El tuit que se posteó era un vídeo de Miss Mundo Canadá, Anastasia Lin, testificando ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.

Miseria en el centro de detención

Liu relató su miseria en el centro de detención.

Las pequeñas celdas de confinamiento están abarrotadas con más de una docena de personas, incluyendo la de Liu, en consecuencia deben dormir en el suelo de cemento por la noche. Los reclusos tienen que lavar los retretes a diario y reciben escasa comida.

Se les obliga a memorizar y recitar reglamentos o se les priva del sueño.

“Hay dos guardias de servicio por turno que impiden que los detenidos se suiciden y se automutilen”, dijo Liu.

Casi un mes después, pagó la fianza a la espera del juicio el 22 de agosto de 2018. “Cuando fui liberado del centro de detención, la policía de seguridad me amenazó con que podrían encarcelarme entre 3 y 5 años con las ‘pruebas’ que recogieron”, dijo Liu.

Tras ser liberado del centro de detención, la policía lo mantuvo bajo vigilancia. Se le exigió que les informara su paradero dos veces por semana y se presentara en la comisaría cada tres meses.

Durante su libertad condicional, la oficina judicial rastreó la ubicación GPS de su teléfono. Se le asignaron trabajos forzados mensuales y tuvo que repetir la ideología del PCCh en la oficina.

El juicio de Liu terminó un año después, en 2019. El joven fue condenado “por buscar peleas y provocar problemas” a un año de prisión con libertad condicional de 18 meses.

Tras su liberación en 2021, Liu obtuvo un pasaporte y huyó a Holanda. Ahora vive en un campo de refugiados. “No quiero arriesgar mi vida viviendo bajo la estricta vigilancia y tiranía del PCCh, como si pisara sobre hielo fino”, dijo Liu.

Su misión no ha terminado, ya que él espera que más jóvenes chinos puedan atravesar el Gran Cortafuegos y ver la verdadera naturaleza del régimen comunista chino.

Con información de Daniel Holl


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