Ser una persona envidiosa: Dos historias de la antigua China

04 de Junio de 2016 Actualizado: 21 de Diciembre de 2016

Una de las virtudes que ensalza la cultura tradicional china es la generosidad, que es, no por nada, el opuesto a uno de los vicios sobre los que ésta más alecciona: la envidia. Sin duda, los actos de envidia marcan muchos de los hechos más despreciados de la historia humana.

Cuando una persona generosa ve los méritos de otros, los alaba, piensa en qué aspectos se queda corta y trata de mejorarse tomando aquellos méritos como referencia.

Generosidad es sinónimo de mente amplia. Sólo una mente estrecha puede dar lugar a la envidia por los logros de otros. Una persona así vive cansada, preocupada por quién la superará hoy y qué va a perder mañana. Se siente mal tan solo porque otros han mostrado un carácter sobresaliente. Si esta persona no conoce la virtud, quizás llegue al punto de acusar falsamente a gente buena.

Generosidad es sinónimo de mente amplia. Sólo una mente estrecha puede dar lugar a la envidia por los logros de otros

Puede seguir así por un tiempo, pero al final, perderá todo y enfrentará la retribución, porque todo está gobernado por los principios celestiales de causa y efecto. Numerosas historias de la cultura antigua china retratan este principio.

Presentamos aquí dos muy interesantes:

La envidia de Shen Gongbao, discípulo de la Honorable Divinidad del Origen

Shen Gongbao es un personaje en el libro “Investidura de los Dioses”. Él y Jiang Ziya eran compañeros discípulos de la Honorable Divinidad del Origen. Cuando Shen se enteró de que su maestro iba a enviar a Jiang Ziya para ayudar a establecer la Dinastía Zhou –en reemplazo de la Dinastía Shang– y a asignar títulos a diferentes deidades, la envidia lo rebasó.

Shen exigió a Jiang una respuesta: “¿A qué rey vas a proteger?”. Jiang contestó: “Voy a proteger al Rey Wu de la gente de Zhou, cuyos méritos son del calibre de los antiguos emperadores Yao y Shun, cuya bondad está en consonancia con las características universales y cuyo ascenso se corresponde perfectamente con el cambio en el clima celestial”.

Puedo cortarme la cabeza, lanzarla al aire y hacer que caiga justo de vuelta en mi cuello tal como antes. ¿Cómo puedes atreverte a oponerte a mí?

“El Rey Zhou de la Dinastía Shang carece de méritos –continuó Jiang–. Está en proceso de ser expulsado y será el último gobernante de la Dinastía Shang”. A lo que Shen replicó: “Voy a proteger a tu oponente y desbaratar tus planes”.

Jiang le dijo seriamente a Shen: “¡Cómo te atreves! Nadie puede violar las órdenes de nuestro maestro. Y tampoco se puede revertir los cambios celestiales”. Enfadado, Shen contestó: “Jiang Ziya: ¿quieres proteger a la gente de Zhou? ¿Qué habilidades tienes? Has estudiado tan solo por cuarenta años. ¿Cómo puedes igualarme? Puedo cortarme la cabeza, lanzarla al aire y hacer que caiga justo de vuelta en mi cuello tal como antes. ¿Cómo puedes atreverte a oponerte a mí?”. Jiang ignoró a Shen, y Shen se fue enfadado.

Shen empezó a interferir en los esfuerzos de Jiang, al punto que convocó a diferentes deidades para matarlo. Un día, fue sorprendido por la Honorable Divinidad del Origen, que, como castigo, decidió lanzarlo bajo una enorme montaña. Ante el castigo inminente, Shen suplicó a su maestro que lo perdonara, jurando: “Si vuelvo a convocar deidades para desbaratar a Jiang Ziya, estoy dispuesto a tapar el agujero del Mar del Norte con mi propio cuerpo”. Entonces fue liberado.

Sin embargo, Shen no se arrepintió sinceramente y continuó fomentando discordia. Le pidió al líder de un culto que utilizara a diez mil deidades para causarle un gran problema al Rey Wu de Jiang. Entonces, finalmente, la Honorable Divinidad del Origen derribó a Shen y mató al tigre sobre el que montaba. Antes, le dijo: “Prometiste que si continuabas saboteando el trabajo de Jiang taparías el Mar del Norte. Es tiempo de que cumplas tu promesa”. Allí fue donde acabó Shen, en el fondo del mar, donde no pudo ver salir el sol otra vez.

Un hombre envidioso no es más astuto que el Cielo

El libro “Ejemplos de Fenómenos Sobrenaturales” cuenta la historia de Su Dazhang, quien vivió en la Dinastía Song y era conocido en los municipios por su extraordinario dominio del I Ching (el ‘Libro de los Cambios’).

Su Dazhang recién había aprobado el primer nivel de los exámenes imperiales y estaba a punto de rendir los exámenes del segundo nivel.

Cuando uno habla mal de otros o hace cosas para dañar a otros por envidia, esto demuestra una falta de bondad en el corazón de uno

Una noche, Su soñó que clasificaba undécimo en el examen inminente. Le contó su sueño a un compañero de estudio. Este estudiante, que también iba a hacer el mismo examen, estaba bastante envidioso por no haber tenido él un sueño tan auspicioso. Así que fue a informarle a uno de los funcionarios encargados de las revisiones de los exámenes, que Su debía haber sobornado a uno de los revisores; de otro modo, ¿cómo podía estar tan seguro de que iba a clasificar undécimo?

Después de que se corrigieran todos los exámenes, el funcionario a cargo sacó el papel que estaba clasificado en el undécimo puesto. Como era norma en aquel tiempo, los nombres de los estudiantes escritos en los papeles estaban tapados. El funcionario a cargo leyó el papel y se puso furioso.

Cuando otros logran cosas, la reacción natural es alegrarse por ellos. Cuando otros nos superan, la respuesta natural es aprender de ellos. Cuando otros necesitan ayuda, la respuesta natural es hacer lo mejor que podemos para ayudarlos

El papel discutía el I Ching, lo cual era la especialidad de Su. Entonces interrogó a todos los funcionarios que habían corregido el papel: “Ahora, ¿cómo pueden explicar esto? ¿Alguno de ustedes aceptó sobornos de Su, el experto en el I Ching que estaba tan confiado de que acabaría en el puesto número once?”. Todos los funcionarios estaban bastante molestos. Tenían que conseguir otro papel de los candidatos restantes para reemplazar este papel del I Ching.

Finalmente, el día en que se anunciaron los resultados, cuando se destaparon todos los nombres de los candidatos, para asombro del funcionario a cargo, el nuevo papel seleccionado que ahora ocupaba la clasificación nº 11 era el de Su, mientras que el estudiante envidioso que había inventado mentiras para acusar a Su de soborno era el que había sido desplazado de la undécima posición.

Gracias a este reemplazo, Su pasó el segundo nivel de los exámenes imperiales. Al año siguiente, Su pasó el tercer nivel y, cuando aprobó el último nivel, su compañero, el que había inventado cargos falsos contra él, se sintió tan humillado que se desmayó.

La envidia es una emoción negativa causada por no aceptar el hecho de que otros pueden superarnos en la calidad del carácter, habilidades, logros o en determinadas situaciones. Cuando uno habla mal de otros o hace cosas para dañar a otros por envidia, esto demuestra una falta de bondad en el corazón de uno. Esto también crea yeli (materia negra que se acumula al hacer obras malas) para uno mismo, el cual resultará en retribución.

Ser respetuoso y compasivo es un principio básico. Cuando otros logran cosas, la reacción natural es alegrarse por ellos. Cuando otros nos superan, la respuesta natural es aprender de ellos. Cuando otros necesitan ayuda, la respuesta natural es hacer lo mejor que podemos para ayudarlos. El curso natural y armonioso de la vida involucra la generosidad, que es opuesta a la envidia.

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