Reunión Trump-Xi: Buscando un buen gesto

03 de Abril de 2017 Actualizado: 04 de Abril de 2017

Donald Trump y Xi Jinping se reunirán en persona el 6 y 7 de abril. Ninguno querrá irse con las manos vacías del club de campo de Trump en Florida, especialmente ante los desafíos que cada uno enfrenta en sus respectivos países.

La administración Trump se ha topado con una fuerte resistencia del Partido Demócrata. El FBI está investigando las declaraciones sobre la conspiración entre la campaña de Trump y Rusia. La alternativa al Obamacare que presentó el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan no consiguió quórum en un caucus de republicanos conservadores.

Mientras, Xi sigue sufriendo fuertes contraataques de la facción política rival encabezada por el ex cabecilla chino Jiang Zemin. La reforma económica, política y judicial que emprendió Xi parece no ser tan efectiva debido a la resistencia pasiva de quienes apoyan a Jiang o a los neutros que se desilusionaron con la campaña anticorrupción de Xi, la cual apunta principalmente a miembros de la facción de Jiang. Esta facción parece todavía capaz de influenciar el aparato legal y de seguridad del régimen chino, además del sistema de propaganda y de las oficinas que supervisan la semiautónoma ciudad de Hong Kong.

Y es en Hong Kong donde la lucha Xi vs. Jiang se hace más evidente.

El fuerte respaldo de la elite de la facción de Jiang parece haber decidido la elección del jefe ejecutivo de Hong Kong a favor de Carrie Lam. Pero días antes de la elección, enviados de Xi llegaron a Hong Kong para aclarar a los electores que Xi no tenía un candidato preferido y que los electores podían votar por quienes querían, según contaron a este periódico fuentes cercanas a la cúpula de Xi. Los funcionarios chinos que apoyaron a Lam no hablaron en nombre de la cúpula de Xi, agregaron las fuentes. Los enviados de Xi dijeron a los electores que Hong Kong debe mantenerse estable, en un momento en que las relaciones EE.UU.-China están delicadas.

Jiang claramente se adelantó a Xi en Hong Kong. El resultado de la elección distanció aún más de Beijing a los hongkoneses y aumentó aún más las tensiones en la ciudad. Y el Senador estadounidense Marco Rubio, presidente de la Comisión Congresal-Ejecutiva sobre China, condenó a Beijing por influir en las elecciones de Hong Kong.

En Mar-a-Lago, Trump podría utilizar la preocupación sobre la autonomía de Hong Kong para presionar a Xi y lograr un acuerdo en dos temas claves: conseguir que Beijing controle a Corea del Norte y recortar el enorme déficit comercial entre China y Estados Unidos. Una negociación exitosa con Xi le permitiría a Trump afirmar que está cumpliendo sus promesas de campaña.

Y Trump podría encontrar en Xi a un colaborador.

Xi parece decidido a neutralizar a la facción de Jiang y consolidar su control sobre el régimen chino durante una importante re-estructuración política que se dará a fin de año. Pero Xi no se puede concentrar en esa tarea con una administración Trump estricta con China por un lado y con rivales políticos respirándole en la nuca por el otro.

Por eso es probable que a cambio de contener al régimen de Kim Jong-un o reducir el déficit comercial, Xi pedirá que China y Estados Unidos tengan mejores lazos bilaterales. En el corto plazo, esto podría representar que Estados Unidos retrase el despliegue de su sistema de defensa de misiles THAAD en Corea del sur.

Si Trump accede a dar un paso atrás, le podría facilitar a Xi una mayor aprobación de la población china y de los funcionarios, lo que a su vez le permitiría concentrarse en derribar a los elementos hostiles que permanecen en el régimen chino.

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