Rusia y China: estrategias nucleares peligrosas

Por Peter Huessy
04 de Noviembre de 2019 Actualizado: 04 de Noviembre de 2019

Comentario

Tanto Rusia como China han adoptado como estrategia de amenaza el uso de ataques nucleares muy limitados contra Estados Unidos, incluso contra nuestro continente, muy probablemente en la búsqueda de objetivos de seguridad regional, como un conflicto convencional en Europa Oriental en el caso de Rusia o Taiwán en el caso de China.

Esto es diferente de las amenazas nucleares más comunes a las que nos enfrentamos durante la Guerra Fría, en la que se tuvo que detener el uso de armas nucleares a gran escala, por ejemplo, como parte de una invasión soviética a Europa Occidental.

Por lo tanto, si bien esta nueva amenaza nuclear debe enfrentarse, requerirá un proceso en dos etapas, con un mayor número de interceptores de misiles del que tenemos ahora, pero también con interceptores más capaces y geográficamente dispersos, junto con sensores espaciales que puedan detectar y rastrear rápidamente los lanzamientos de misiles enemigos. Esto permite a los interceptores destruir misiles en la etapa inicial de propulsión antes de que puedan desplegar sus múltiples ojivas.

¿Qué papel deben desempeñar exactamente nuestros sistemas preexistentes? Cuarenta y cuatro interceptores desplegados tienen ahora 15 años de antigüedad, y están actualmente en silos ubicados en Alaska y California, para defender a Estados Unidos de misiles de largo alcance, ya sean de ataques limitados, no autorizados o accidentales de países con armas nucleares como China, Rusia y Corea del Norte.

Como complemento de esa capacidad, Estados Unidos y sus aliados han desplegado más de 1200 interceptores en el extranjero a bordo de cruceros lanzamisiles de la Armada de EE. UU., baterías terrestres de defensa antimisiles, THAAD y Patriot, de alcance regional, pero con capacidad para derribar solamente a las amenazas de misiles de mediano y corto alcance.

Aunque el actual vehículo destructor utilizado en los interceptores de Alaska tuvo éxito en un 63% de las últimas pruebas, el departamento de defensa optó por desarrollar un vehículo destructor totalmente nuevo, que se ocupará de las nuevas amenazas tales como las múltiples ojivas o señuelos o las elevadas velocidades hipersónicas. Lamentablemente, esto retrasó el despliegue previsto de 20 interceptores adicionales en Alaska, ya que no hay ningún vehículo destructor nuevo disponible.

Una opción es utilizar el vehículo destructor ya existente para los nuevos misiles. Aunque hay algunas deficiencias tecnológicas en el vehículo destructor, podrían ser corregidas. Y con 20 nuevos misiles, nuestra capacidad de disuasión se expande, lo que es particularmente útil frente a las mejoras nucleares de Corea del Norte y China.

Estrategias nucleares peligrosas

Pero para hacer frente a las amenazas que se vislumbran en el horizonte, incluso mientras mejoramos las tecnologías que se utilizan actualmente en Alaska, debemos desarrollar sensores y defensas espaciales. Han demostrado ser accesibles y tecnológicamente capaces en evaluaciones anteriores de la OSD (Oficina del Secretario de Defensa). Lo que hace falta es autorizar a dicho programa para avanzar hacia un plan de adquisición razonable para que se construyan tales defensas.

Históricamente, el obstáculo fundamental para una defensa espacial no fue el dinero o la tecnología. La gran barrera consistió en suponer que los sistemas espaciales eficaces conducirán a una carrera armamentística y a una mayor inestabilidad estratégica. La suposición es que las defensas espaciales -porque son especialmente eficaces en la fase de propulsión o en las primeras etapas de vuelo de los misiles, y pueden cubrir muchas más áreas que las defensas terrestres fijas- obligarían a nuestros adversarios a superar cualquier defensa construyendo más ojivas ofensivas.

¿Pero es esto cierto?

No. De hecho, es todo lo contrario. No hay nada incompatible entre el control de armamentos y las defensas antimisiles. Por ejemplo, los tratados de Moscú y Nuevo START de 2003 y 2010 respectivamente, redujeron las ojivas nucleares estratégicas estadounidenses y rusas desplegadas de 6000 a 1550 [1550 ojivas es el límite oficial del tratado, pero no incluye las armas de los bombarderos que pueden desplegarse en cantidades considerables por encima del umbral del tratado Nuevo START], un recorte significativo del 70 por ciento. Esto ocurrió a pesar de que el presidente George W. Bush en 2003 retiró a Estados Unidos del tratado ABM de 1972 con Rusia (que prohibía las defensas antimisiles) y el posterior despliegue en Alaska y California en 2004 de las defensas antimisiles que tenemos ahora.

Por lo tanto, las defensas de misiles no impidieron las reducciones nucleares, pero de hecho pudieron desplegarse simultáneamente, ya que también se lograron reducciones drásticas de las armas nucleares.

Pero, ¿qué pasa con el argumento, a menudo escuchado, de que las defensas antimisiles no pueden sustituir la disuasión porque ninguna defensa es perfecta? Se supone que un adversario puede simplemente lanzarnos más misiles de los interceptores que tenemos y así hacer que cualquier defensa sea inútil.

Examinemos la falta de lógica de tal argumento. Si a un adversario le preocupara que 44 o 64 interceptores estadounidenses fueran suficientes para eliminar la disuasión y evitar que cientos de sus ojivas de represalia golpearan a Estados Unidos, podría haber motivos suficientes para considerar que las defensas de misiles son desestabilizadoras.

Pero tal defensa, incluso si eventualmente fuera espacial, está dirigida precisamente al tipo de amenaza anunciada por el presidente ruso Vladimir Putin en abril de 2000. Sabiendo que cualquier ataque nuclear importante contra los Estados Unidos correría el riesgo de ser un Armagedón, Putin elaboró una estrategia limitada de primer ataque con la esperanza de evitar que Estados Unidos responda del todo a la agresión rusa.

Lejos de intentar mejorar la estabilidad estratégica, la nueva doctrina Putin pretende permitir la agresión rusa sin tener ningún costo. Pero al hacerlo, irónicamente, la estrategia de Putin hace que las defensas antimisiles estadounidenses sean mucho más creíbles y valiosas, sobretodo si son espaciales, donde son aún más efectivas.

Estados Unidos ya no tiene que demostrar a los escépticos que la defensa antimisiles debe proteger a nuestra patria de cientos o miles de ojivas enemigas. Ahora tenemos que defendernos de ataques mucho más probables pero limitados, que es un objetivo mucho más realista.

Y debido a que tales defensas estadounidenses y aliadas pueden ser relativamente robustas, nuestros adversarios tienen que elegir entre correr el riesgo de un armagedón (usar todas sus armas nucleares en un ataque para superar las defensas efectivas arriesgándose a un ataque de represalia a gran escala por parte de Estados Unidos) o retirarse y no iniciar el uso de armas nucleares en absoluto porque el uso limitado de misiles nucleares por parte de nuestros adversarios puede ser derrotado de manera creíble por nuestras defensas.

Si bien se sabe que el actual sistema de interceptores terrestres puede defenderse de los ataques limitados dirigidos contra nuestra nación, es cierto que los rusos y los chinos finalmente desplegarán misiles avanzados a velocidades hipersónicas, por lo que es imperativo que Estados Unidos realicen la transición a nuevos sensores para buscar, detectar y rastrear esos lanzamientos de misiles, pero también sería necesario desplegar mejores interceptores para disuadir y derrotar las amenazas de los misiles avanzados.

Mientras tanto, todavía tenemos que estar atentos a las amenazas de Corea del Norte e Irán, así como de China y Rusia. Cualquier presidente de Estados Unidos debe proteger a Estados Unidos de las amenazas inmediatas y a corto plazo de los misiles nucleares desde cualquier lugar en el que puedan surgir, incluso realizando una constante diplomacia para combatir la proliferación con nuestros aliados para eliminar dichas amenazas.

Mantener nuestras defensas actualizadas requerirá la construcción de un vehículo destructor mejorado, pero el despliegue previamente planificado de 20 interceptores adicionales también debe seguir adelante. El Congreso debería acelerar – “la velocidad por su relevancia“- los sensores espaciales actualmente planificados para detectar las amenazas de misiles que los radares terrestres no pueden efectuar. Y finalmente, el presupuesto de defensa pendiente debería financiar una estrategia de adquisición para desplegar interceptores espaciales basados en las propuestas de la administración en Bush-41 que fueron establecidas por el OSD como creíbles y accesibles.

Todas estas mejoras costarían entre 3000 y 4000 millones de dólares adicionales al año, aproximadamente el 0,5% del presupuesto de defensa. Pero con esta inversión relativamente modesta, Estados Unidos podría disuadir mucho mejor a las nuevas estrategias rusas y chinas que temerariamente amenazan con la utilización limitada de armas nucleares. Y cuando se combina con nuestro actual esfuerzo de modernización nuclear, las tecnologías gemelas de defensa antiaérea y antimisiles y de disuasión nuclear reforzarán la disuasión y la estabilidad estratégica.

La disuasión de estas amenazas de ataque limitadas también permitirá que las defensas de misiles existentes y las nuevas pasen a adoptar una capacidad no solo para hacer frente a las amenazas de ataque limitadas, sino también para tener una gran capacidad de defensa por aire y misiles robusta, que deberá incluir láseres y microondas de alta energía, microondas de alta potencia, proyectiles de precisión guiados y vehículos no tripulados y pilotados a distancia. El presupuesto de defensa incluye casi 1.000 millones de dólares para este tipo de investigación y desarrollo, pero también es necesario mejorarlo con el trabajo de estas otras áreas.

Esta nueva investigación, desarrollo y compras propuestas aquí también sentaría las bases para la adquisición de una defensa aérea y antimisiles verdaderamente integrada, un “concepto de defensa por capas”. Esto permitiría a Estados Unidos y sus aliados adquirir una capacidad de proyección de poder incluso dentro de las áreas en disputa, al tiempo que defenderíamos nuestras bases regionales en el extranjero y la nación de Estados Unidos de las amenazas actuales y proyectadas de misiles balísticos y guiados y de vehículos aéreos no tripulados (UAV).

La revisión de la defensa antimisiles de la administración Trump reconoció muchos de estos factores, pero necesita ser más compatible con el presupuesto de defensa que se encuentra actualmente en el Congreso. Nuestros adversarios no están siendo retenidos por legisladores inactivos o por un análisis interminable de los requisitos de defensa. Los malos pueden votar, por así decirlo. Las amenazas nucleares y de misiles están aquí y ahora, y los caminos que debemos seguir para defender a los estadounidenses y a nuestros aliados también están claros.

Peter Huessy es el presidente de Análisis Geoestratégico de Potomac, Maryland, una firma consultora en defensa y seguridad nacional. 

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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