Judas Iscariote: el santo patrón de los “despiertos” y la virtud de exhibición

Por JAMES SALE
13 de Febrero de 2020
Actualizado: 13 de Febrero de 2020

Fue el rey Salomón quien escribió que no había nada nuevo bajo el sol (Eclesiastés 1:9) y que todo era vanidad. Ciertamente tenemos suficiente vanidad en nuestra época para satisfacer a todos menos a los narcisistas más dedicados. Pero siempre me llamó la atención como los mitos, leyendas e historias del pasado resuenan en la actualidad, y no solo lo hacen, sino que también dan una nueva interpretación de lo que está pasando y por qué.

Tomemos, por ejemplo, la política de identidad y dos de sus rasgos más significativos: estar “despierto” y la virtud de exhibición. Cité en un artículo anterior el comentario del profesor Norman Doidge de que la virtud de exhibición puede ser considerada el vicio más común de nuestra época.

¿Qué es estar “despierto” y la virtud de exhibición?

Bueno, estar despierto parece ser la idea autocomplaciente de que uno, como persona, ha despertado a todas las injusticias del mundo: sexismo, racismo, discriminación por edad, religión-ismo, lo-que-digas-ismo, añadiendo la palabra obligatoria “desigualdad”. De alguna manera esta conciencia, esta “vigilia”, este conocimiento hace de las personas moralmente buenas que en virtud de su comprensión contribuyan de alguna manera a la lucha contra estas injusticias o, a veces, las injusticias percibidas.

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El santo patrón del despertar es mejor conocido por un beso. Un grabado en color de un libro de horas encargado por Charles d’Angoulême, 1503-1508, Biblioteca Nacional de Francia. (Dominio público)

La virtud de exhibición es la expresión externa de esta conciencia, mediante la cual hacemos saber a todos que estamos conscientes y como resultado acumulamos medallas morales, insignias y puntos.

Coleccionando insignias y medallas de virtud

Cuando nos despertamos, terminamos sintiéndonos muy bien con nosotros mismos porque nos decimos “soy una buena persona porque estoy en contra de la desigualdad, la falta de vivienda y la pobreza; el gobierno debería hacer algo al respecto y los multimillonarios no deberían tener tanto dinero; no es justo, no es equitativo…” Y así sucesivamente. Los “despiertos” siempre asumen que están en la cima de la moral.

No es de extrañar que este fenómeno de autojustificación moral haya ocurrido muchas veces antes, y como los antiguos eran tan sabios, también se notó: y creo que puedo identificar al santo patrón de todos esos adictos al despertar y a la virtud de exhibición.

Increíblemente, es en una sola línea de las escrituras donde se desarrolla todo el patrón: el santo patrono de los adictos al despertar y a la virtud de exhibición es, por supuesto, Judas Iscariote.

¿Qué pasa con los pobres?

Vemos que Judas se despierta en ese momento dramático (Juan 12:5) cuando ve a María aplicando un perfume caro a los pies de Jesús y pregunta: “¿Por qué no se vendió este ungüento por trescientos denarios y se lo dieron a los pobres?”.

Judas no dice esto como una pregunta neutral —un asunto de preocupación objetiva— sino con ira, amargura e indignación santurrona. ¿Cómo sabemos esto? Por la respuesta de Jesús:

“Déjala en paz (…) a los pobres siempre los tendrás contigo (…) pero no siempre me tendrás a mí”. Jesús defiende a la mujer, a la que Judas ataca emocional y moralmente.

El ataque es despertar en todo sentido.

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“The Ointment of the Magdalene”, 1886-1894, de James Tissot. Acuarela opaca sobre grafito sobre papel tejido gris. Museo de Brooklyn (Museo de Brooklyn)

Así que empezamos a ver más profundamente la naturaleza de la virtud de exhibición y el despertar: ¿Por qué Judas dice lo que dice? Ostensiblemente, para mostrar que está comprometido con los pobres, odia el desperdicio, aborrece el lujo y el placer, y está totalmente comprometido con la causa, más aún que su maestro. ¿Pero cuáles son sus verdaderos motivos?

Se da un motivo: que en realidad es un ladrón. De Judas, el escritor del evangelio observa que “dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la caja de dinero, solía robar lo que se ponía en ella”.

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La codicia parece ser un factor motivador para algunos despiertos. “The Tribute Money”, circa 1640, de Mattia Preti. Brera Art Gallery. (Dominio publico)

Por lo tanto, la codicia era un vicio que lo acosaba. Es bastante interesante en el Reino Unido cuántos de los líderes socialistas son millonarios o multimillonarios, que se ganan tranquilamente pequeñas fortunas para sí mismos mientras critican constantemente y con toda la razón al capitalismo y al sistema del que son grandes beneficiarios.

Un vicio secundario que se desprende de esto es una profunda hipocresía: usar la fachada de su trabajo para acumular para sí mismo. Pero noten también, junto con la hipocresía, la concomitante traición: Judas acepta más tarde 30 piezas de plata para traicionar a Cristo. El primer vicio demuestra la incapacidad de ser fiel a sí mismo o a sus propias palabras, y el segundo la incapacidad de ser fiel a su maestro, líder o jefe. Parece como si la hipocresía llevara a la traición.

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La traición no está muy lejos de la hipocresía. “The Taking of Christ”, circa 1602, de Caravaggio. (Dominio publico)

Las profundidades de la envidia

Pero hay, tal vez, un motivo aún más sorprendente y revelador: la envidia. Judas envidiaba a Cristo, envidiaba su importancia, y a cómo otros respondían a la bondad de Cristo.

Me recuerda ese maravilloso momento en el “Paraíso Perdido” de Milton cuando Satanás espía por primera vez a Adán y Eva en el Jardín del Edén y reflexiona sobre cómo los corromperá. Al hacerlo, proyecta sobre Dios sus propios motivos cuando dice: “No todo es de ellos (…) Por qué su Señor ha de envidiarles (…) así yo excitaré sus mentes / Con más deseo por saber, y de rechazar los mandatos envidiosos, inventados a propósito / Para mantenerlos a raya”.

“No todo es de ellos” se refiere a que Satanás escuchó a la pareja discutiendo la condición para permanecer en el paraíso: no comer la fruta. Su posesión del Edén, por lo tanto, no es absoluta sino condicional. Satanás razona que Dios se niega a dar a Adán y Eva la propiedad absoluta (por así decirlo) del Edén y en su lugar les da un contrato de arrendamiento, porque tiene envidia y quiere “mantenerlos a raya” —son meros arrendatarios, no propietarios del paraíso—. Esta es una observación ridícula, excepto para una mente totalmente preocupada con, y proyectando, su propia envidia.

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“Satan Observes Adam and Eve in the Garden of Eden”, 1825, por John Martin en una ilustración para “Paradise Lost” (Dominio público)

En el evangelio de Juan sobre Judas, la fragancia del perfume está llenando toda la casa y todos pueden disfrutarlo, pero Judas no; tampoco Satanás es capaz de apreciar la belleza del mundo o de Adán y Eva en el paraíso. En cambio, ambos envidian.

Como observó Samuel Johnson: “Casi todos los demás crímenes se practican con la ayuda de alguna cualidad que podría haber producido estima o amor, si se hubiera empleado bien; pero la envidia es un mal puro y genuino; persigue un fin odioso por medios despreciables, y no desea tanto su propia felicidad como la miseria de otros”.

Siempre examine los verdaderos motivos

Si Satanás y Judas son una indicación, parece que la verdadera virtud siempre provoca resentimiento, envidia y resistencia por parte de los despiertos y los que ostentan la virtud de exhibición.

Además de todo esto, por supuesto, son invariablemente aguafiestas. Trabajan bajo el peso de su propia seriedad, lo que significa que —al proyectar esto en el mundo— debe ser importante. No se puede saber esto de Judas con certeza, ya que los registros no informan (aunque su incapacidad para disfrutar del perfume es una pista), pero cuando consideramos a los despiertos contemporáneos, ¿se puede pensar en alguno con sentido del humor? Yo no puedo: no tienen sentido del humor y suelen ser deficientes en cualquier sensación de alegría o diversión.

Concluyo, por lo tanto, con la observación de que al tratar con las personas despiertas y las que ostentan la virtud de exhibición, a menudo estamos en desventaja: ellos han reivindicado la superioridad moral proclamando su virtud. ¿Quién podría discutir, por ejemplo, sobre la ayuda a los pobres? ¿O alguna de esas otras virtudes que apoyan a viva voz?

Pero debemos recordar dos cosas: primero, que su santo patrón es Judas, y es mejor que consideremos sus motivos. En lugar de aceptar a simple vista su virtud, podríamos preguntarnos sobre su exacta conexión con ellos.

Segundo, y mucho más importante en cierto sentido, necesitamos hacer una distinción, como lo hago en este artículo, entre el sentimiento de bondad de lo que dicen y las ramificaciones del verdadero motivo: la envidia.

Traición es la palabra que he usado, y apuñalar por la espalda es la simple imagen que usaría para ello. Si vamos a un ejemplo literario, Iago en “Otelo” de Shakespeare me viene inmediatamente a la mente: “Iago el honesto”, como pensaba Otelo, un Iago que persistía en la virtud de exhibición. Otelo supo demasiado tarde lo profunda que era la envidia de Iago y lo que era capaz de hacer.

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Fotografía del famoso actor estadounidense del siglo XIX Edwin Booth como el villano Iago en “Othello, the Moor of Venice” de Shakespeare, alrededor de 1870. Biblioteca del Congreso. (Dominio publico)

Un momento de reflexión sobre todos los regímenes comunistas y socialistas que han existido desde 1917 muestra no solo la virtud de exhibición en la frase “para el pueblo”, sino los niveles más profundos de traición. Un gran ejemplo es el de los “revolucionarios culturales” que crean entornos en los que los niños denuncian a sus padres y maestros, de modo que el gran y único fundamento de la sociedad desde el principio de los tiempos, la familia, se ve profundamente socavado.

Por supuesto, esto está empezando a suceder ahora en occidente, donde los estudiantes informan sobre sus profesores por sus puntos de vista o porque los profesores los hacen sentir “incómodos”. O los niños pequeños informan sobre sus padres cuando quieren una operación de cambio de género, algo que los padres pueden pensar que no es prudente.

El despertar y las virtud de exhibición no son simplemente amenazas, sino peligros reales y presentes para nuestra cultura ahora mismo. San Judas Iscariote está, tristemente, todavía vivo y bien en occidente.

Todas las citas son de la versión New American Standard de la Biblia traducidas del inglés al español.

James Sale es un empresario inglés cuya compañía, Motivational Maps Ltd., opera en 14 países. Es autor de más de 40 libros sobre gestión y educación de importantes editoriales internacionales, incluyendo Macmillan, Pearson y Routledge. Como poeta, ganó el primer premio en la competencia The Society of Classical Poets ‘2017 y habló en junio de 2019 en el primer simposio del grupo celebrado en el Princeton Club de Nueva York.

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¿Sabía?

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