Señores del New York Times: ustedes no saben nada sobre Colombia

Por Vanessa Vallejo
28 de Mayo de 2019 Actualizado: 28 de Mayo de 2019

<<Cuando el gobierno de Colombia firmó el acuerdo de paz en 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), una guerrilla de inspiración marxista, parecía un milagro poder finalizar el conflicto de medio siglo que mató al menos a 220.000 personas y devastó las zonas rurales>>

Así empieza el editorial del 24 de mayo del New York Times titulado: «La paz colombiana es demasiado valiosa como para abandonarla». Solo en esas tres líneas del primer párrafo ya queda completamente claro el nivel de ignorancia de los periodistas del diario estadounidense sobre la situación en Colombia.

En Colombia no hubo un «conflicto de medio siglo», lo que ocurrió fue que durante más de 50 años unos «guerrilleros», que más que eso son narcotraficantes, violadores, secuestradores y asesinos, torturaron a la población colombiana. Esa tortura terminó cuando el expresidente Álvaro Uribe Vélez implementó lo que el NYT tanto critica: la seguridad democrática.

La palabra «conflicto» es muy usada en los medios de comunicación para referirse al actuar violento de las FARC, pero el término es incorrecto y lleva a análisis errados de la situación. Le pregunto a los señores del NYT: si un delincuente llega a una casa, roba y asesina al dueño, ¿dirían ustedes que hay un conflicto entre el criminal y el dueño de la casa?

Lo que tenemos es un victimario y una víctima. Utilizar la palabra «conflicto» pone en el mismo nivel al asesino y al inocente. Y si esa idea de que son iguales se traslada a los hechos, que es lo que está ocurriendo en Colombia cuando a los cabecillas guerrilleros se les da escaños en el Congreso, lo que tenemos es la garantía de más violencia. Donde no hay justicia es imposible que haya paz real.

Decir que «el conflicto» mató al menos a 220.000 personas, en vez de hablar de los muertos de las FARC, es un descaro.

También dice el NYT que gracias al acuerdo habría paz en Colombia. Para la mayoría de los colombianos fue tan evidente que no sería así, que a pesar de toda la propaganda que se hizo utilizando todo el poder del Estado, en el plebiscito del 2016 rechazamos los acuerdos de La Habana que tanto alaba el diario estadounidense.

Gracias a esos acuerdos, cabecillas de las FARC que han cometido todo tipo de crímenes atroces están hoy en el Congreso, guerrilleros que reclutaron y violaron niños no pagarán un día de cárcel, y la extradición de los narcotraficantes de la guerrilla será prácticamente imposible. Por cuenta de los acuerdos de La Habana ser guerrillero es algo deseable, hay bandidos que pagan para que las FARC los incluyan en sus listas y así no tener que pagar un solo días de cárcel… ese es el acuerdo que aplaude el NYT.

¿Quien haya escrito el editorial del 24 mayo cree que así se logra la paz? ¿Sería capaz de promover que en Estados Unidos violadores en serie ocupen un asiento en el Congreso? No lo creo. Afortunadamente en USA sí se combate a los criminales de manera frontal, como debe ser.

Ahora bien, si efectivamente el NYT cree que todo esto es un sacrificio válido para que los delincuentes no sigan cometiendo delitos, también se equivoca. Desde la firma del Acuerdo, según la ONU, más de 57.800 personas engrosan los registros de desplazados en Colombia. La gente debe irse de su casa porque son amenazados, porque se toman sus tierras y porque los combates entre grupos de narcotraficantes -incluyendo las FARC- ponen en peligro su vida.

Los líderes sociales que están siendo perseguidos y asesinados, casi todos están en peligro porque lideran procesos de restitución de tierra. Las FARC, el ELN, «paramilitares» -el nombre está mal utilizado porque no hablamos de matones al servicio del Gobierno- y demás grupos dedicados al narcotráfico no quieren devolver esos terrenos y lo dejan claro matando a quienes se empeñan en buscar reparación y justicia.

Un dato que deja claro que el acuerdo no sirvió para nada, es que en este momento, casi tres años después, hay más de 200.000 hectáreas de coca en el país.

¿Quienes siguen cometiendo estos delitos?, ¿quienes son los dueños de toda esa coca? Solo hay dos opciones:

La primera es que hicimos la «paz» con la gente equivocada, las FARC no era los malos y por eso los cultivos de droga no disminuyeron, tampoco lo hizo el desplazamiento y los asesinatos siguen sucediendo en los mismos lugares.

La segunda es que las FARC logró impunidad y escaños en el Congreso sin dejar ninguno de sus negocios.

EEUU pidió en extradición a Jesús Santrich, uno de los jefes de las FARC, porque agentes encubiertos de la DEA lo grabaron pactando el envío de droga hacia el país del norte. En el video que pudimos ver todos los colombianos está todo completamente claro: después de los acuerdos los líderes de las FARC siguieron con su actuar criminal.

Otros líderes de las FARC como alias «el paisa» e Iván Márquez están escondidos, el primero porque al parecer no quiere ni siquiera intentar fingir todo esto de la «paz» y está muy dedicado a sus negocios ilícitos. El segundo porque tiene miedo de que aparezcan pruebas en su contra -como las de Santrich- y termine extraditado o encarcelado en Colombia. Y es que incluso algunos medios colombianos ya aseguran que EEUU tendría lista la solicitud formal de extradición de  Márquez.

Las cosas están claras, las FARC siguen en lo mismo. ¿Propone el NYT que los peores delincuentes de la historia del país reciban «Senado por cárcel» y que además les permitamos seguir delinquiendo?

El diario estadounidense también reclama que el presidente Iván Duque ha incumplido lo acordado en La Habana en materia de darles a los guerrilleros educación universal, vías de comunicación y empleos, entre otras cosas.

Seguramente el NYT no sabe que los colombianos que sí trabajamos y que nunca hemos matado a nadie pagamos las «zonas de reincorporación», donde los guerrilleros tienen comida y vivienda. Y muy probablemente tampoco se habrán enterado de que esos lugares quedaron llenos de mujeres y niños porque los guerrilleros volvieron a las actividades ilícitas que les dejan bastante dinero.

Es posible que lo que los colombianos hemos pagado hasta ahora por el acuerdo de La Habana no es ni la mitad de lo que se pactó, pero, ¿acaso ser pobre da licencia para matar y hacer lo que hacen los miembros de las FARC?

No se puede justificar a un asesino diciendo que es pobre y que Duque no le dio un trabajo. Tampoco se puede pedir a los colombianos, que en su mayoría tienen sueldos muy bajos, que mantengan durante años a los guerrilleros y sus familias.

En este país hay que desarrollar un plan para que los exguerrilleros puedan mantenerse por sí mismos, que puedan ser productivos y salir adelante. La clave para permitirles valerse por sí mismos es más mercado y más libertad económica. Crear, por ejemplo, zonas en las que las empresas puedan establecerse y no paguen impuestos a cambio de que contraten exguerrilleros.

Sin embargo, hay que resaltar que muchos guerrilleros aunque tenían casa y comida decidieron seguir delinquiendo porque ese fue el plan desde el principio. El día que los guerrilleros supuestamente entregaron las armas ningún medio pudo entrar a corroborar la entrega. El plan de las FARC siempre fue entrar al Congreso mientras mantenían su brazo armado y sus negocios de narcotráfico.

Pero el diario estadounidense parece tratarlos como víctimas. NYT sugiere que los guerrilleros de las FARC sí querían paz pero volvieron a las armas porque no tienen un plato de comida.

Finalmente, dice el diario que el presidente Donald Trump debería «asegurarse» de que Duque se «atenga» a los acuerdos y no modifique la justicia transicional para que así lleguen más inversiones internacionales a Colombia y haya una paz duradera. ¡Es todo lo contrario!

¡Qué inversionista internacional mirará con buenos ojos a un país en el que delincuentes -incluso pedidos en extradición por EEUU- hacen parte del Congreso y legislan!

Cómo invertir en un país con 200.000 hectáreas de coca manejadas por malandros de talla internacional, y cómo poner una empresa en un lugar donde la justicia no funciona y está comprada por la izquierda y los guerrilleros que parecen tener vía libre para hacer lo que quieran.

El NYT no sabe nada sobre Colombia. Si algo puede arruinar este país es precisamente el acuerdo de La Habana que tanto defiende el diario estadounidense. Sin embargo, no se puede esperar mucho de un diario que, entre otras cosas, ocultó durante años el genocidio que cometía Stalin en la URSS.

Este artículo fue publicado originalmente en PanAm Post.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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