Shakespeare y la peste: ¿Qué lecciones podemos aprender?

En tiempos de gran sufrimiento
Por JAMES SALE
15 de Abril de 2020
Actualizado: 15 de Abril de 2020

¿Alguien recuerda hoy en día qué fue lo significativo que ocurrió en Inglaterra alrededor de 1592-94? ¿O qué tal 1603-04? ¿No? ¿Qué tal 1605-06? Los que son historiadores entre ustedes podrían decir que en 1603 la Reina Isabel I murió y Jaime I subió al trono. Eso fue significativo para Inglaterra y Escocia, pero esa no es la respuesta que busco. Lo que estoy pensando aquí es el mismo evento que ocurrió en esos tres momentos en otras palabras, un evento que fue recurrente. Entonces la respuesta es, por supuesto, la plaga.

De hecho, la peste fue un visitante anual en Inglaterra y en particular en Londres, donde fue particularmente aguda entre los años 1592-94, 1603-04 y 1605-06. Luego esto tuvo enormes consecuencias para Shakespeare. Cuando las muertes alcanzaron las 30 por semana, los teatros se cerraron y de manera tan efectiva, que parece que Shakespeare había perdido su sustento.

La plaga, como la de COVID-19 ahora, era un asunto muy serio. Londres, entonces tenía una población de alrededor de 200,000 personas. Tan solo durante la visita de la plaga entre 1603-04, se estima que murieron más de 30,000 personas. Como porcentaje, eso es el 15 por ciento de la población total. Imaginen que en Nueva York, actualmente con 18,804.000 habitantes, esto sería 2,820,600 muertos en pocos meses. La cuestión es que eso es sólo por un año. Londres estuvo en un estado casi permanente de brotes de plagas.

Una ilustración del siglo XVII de Londres durante uno de sus años de plaga. (Dominio Público)

¿Cuál fue la plaga? De acuerdo al profesor de inglés de Columbia, James Shapiro, en 1606: William Shakespeare y el año de Lear, ocurrió una infección “causada por la Yersinia pestis, una cepa de bacteria transmitida ya sea por la picadura de una pulga infectada (que invade los nódulos linfáticos y produce una dolorosa hinchazón o inflamación) o por la tos o el aliento de una persona infectada, un modo de transmisión que rápidamente llevó a la insuficiencia pulmonar. Las pulgas eran transportadas por roedores, especialmente las ratas”.

Tal vez lo que más asusta aquí no son tanto las ratas, sino la tos (o incluso el aliento) de una persona infectada transmitiendo a otra, como sucede con el virus del PCCh (Partido Comunista Chino), comúnmente conocido como el nuevo coronavirus.

Nadie, por lo tanto, quiere pretender que la plaga sea algo bueno, pero como mencioné en mi último artículo sobre Dante y el virus del PCCh, sin la Peste Negra, el mundo moderno habría sido seriamente postergado, y si no, imposible.

Además, desde la perspectiva de Shakespeare, e ignorando la posibilidad de que su propio hijo, Hamnet, muriera de la peste en 1596, como dice de nuevo Shapiro: “Sabemos mucho más acerca de cómo una visita de un roedor en 1606 alteró los contornos de la vida profesional de Shakespeare, transformó y revitalizó su compañía de teatro, perjudicó a la competencia, cambió la composición de las audiencias para las que escribía (y a su vez los tipos de obras que podía escribir) y le permitió colaborar con músicos y dramaturgos de talento, un brote de peste que también puede haber estado cerca de matarlo”.


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Una ilustración de un grabador alemán desconocido, alrededor de 1890, muestra a William Shakespeare recitando su obra “Hamlet” a su familia. Su hijo, Hamnet, está detrás de él a la izquierda; el niño murió a la edad de 11 años, muy probablemente de la plaga. (Dominio público)

¿Entonces? ¿Qué fue eso? ¿Que la plaga de 1606 tuvo muchos beneficios profesionales y comerciales para Shakespeare? Sí, eso parece.

Shakespeare refugiado en su hogar

Podemos mirar los tres períodos de la plaga y probablemente concluyamos que Shakespeare encontró algunos beneficios en ellos. Tomando todas las fechas de publicación y presentación de las autoridades, profesores K. Muir y S. Schoenberg, podemos observar que al final del período de 1594, se publicó de Shakespeare el libro ‘Venus y Adonis’. Esta fue la obra que estableció a Shakespeare como el principal poeta de su época y fue un gran éxito de ventas; nueve ediciones fueron publicadas durante su vida.

Es generalmente aceptado que fue compuesta durante el cierre del teatro. El otro gran beneficio de la publicación fue que casi con seguridad cimentó la famosa relación de Shakespeare con el tercer conde de Southampton. Además notamos, que en 1594, también fue producida su obra ‘Trabajos de amor perdidos’, la cual, aunque no es una de sus más grandes obras, contiene mucha de su fabulosa poesía e inventiva dramática. ¡Qué productivo había sido Shakespeare!

Pintura de Sir John Gilbert de 1849, ‘Las obras de William Shakespeare’, contiene escenas y personajes de varias de las obras del gran ‘Bardo’, titulo dado a los poetas magistrales.¿Cómo influyó la plaga en la escritura de sus obras?. (Imagen del Museo de Arte Daheesh/Dominio Público)

Nótese también que en 1594 hubo un gran aumento de las obras impresas. “La probable explicación del repentino aumento de obras impresas en 1594 es que las compañías estaban tan desorganizadas por la plaga que recaudaron dinero vendiendo sus manuscritos”. Lo que estamos diciendo aquí es probablemente que la supervivencia de muchas obras de este período dependía del sentido común de los teatros, ya que buscaban otras formas de hacer dinero: La venta de manuscritos obviamente era lucrativa.

Siguiendo la plaga de 1603-04, empezamos a llegar al verdadero período y más importante de los logros de Shakespeare: Se produjeron las obras ‘Todo está bien si termina bien’ y ‘Otelo’, y se publicó el segundo cuarto de ‘Hamlet’. Obras increíbles. Luego, en 1605-06 obtuvimos ‘El Rey Lear’ y ‘Macbeth’.

Considerada una de las mejores obras de Shakespeare, ‘El Rey Lear’, el monarca de Francia, fue probablemente escrita cuando estaba refugiado por la plaga. Pintura de 1897-1898 del artista americano Edward Austin Abbey. Al centro se observa a Cordelia, la princesa que había sido desterrada por su anciano padre, el rey Lear, por no adularlo. Mientras sus hermanas mayores (iz) la miran, el padre, impresionado por su honestidad, le besa la mano. El Museo Metropolitano de Arte. (Dominio Público)

El punto es que la plaga obligó a Shakespeare a descansar, recuperarse y a escribir más, para pasar de una gran altura a otra aún más sublime. Esta es la lección que debemos aprender de Shakespeare.

¡Nosotros podemos ser Shakespeare!

El destacado periodista financiero del Reino Unido, Matthew Lyn, hizo esta pregunta recientemente: “¿Qué tienen en común los siguientes negocios: IBM, Disney, Uber? La respuesta es simple. Todos fueron fundados durante una profunda recesión”.

Morgan Housel, el experto en inversiones de Estados Unidos, dijo algo similar: “La Gran Depresión nos trajo colas para el pan. Pero también nos trajo supermercados, microondas, protector solar, radar, chorros, cohetes, penicilina, microscopios electrónicos, grabación magnética, nylon, fotocopias, teflón, helicópteros, televisión en color, plexiglás, aviación comercial, la mayoría de las formas de plástico, caucho sintético, fisión nuclear, lavanderías y un sinnúmero de otros descubrimientos.

“El momento de algunos de estos avances fueron coincidencias. Pero muchos no lo fueron”.

Lo que quiero decir es que las plagas y las pandemias no son bienvenidas: la gente morirá, el Producto Interno Bruto disminuirá, los negocios se irán a pique y el miedo será endémico. Sin embargo, en tiempos como estos, las lecciones de la historia y de los seres humanos grandiosos y no tan grandiosos son claras: Aquí está nuestra oportunidad para la máxima productividad, invención, creatividad, y sí, la grandeza también.

Nuestra sociedad de consumo es como un agricultor que simplemente ha agotado la tierra. En tiempos de Shakespeare, todos practicaban la rotación de cultivos, que consiste en el cultivo de diferentes cosechas en sucesión en un trozo de tierra para evitar el agotamiento del suelo y para controlar las malas hierbas, las plagas y las enfermedades. Por lo general, también, se trataba de un pedazo de tierra que no se cultivaba en absoluto, para que la tierra pudiera recuperarse. Piense en ello como una especie de Sabbat: el único día de la semana, o, para la tierra, un año de cada tres, cinco o siete, en el que realmente no debemos trabajar si queremos mantener nuestra vitalidad.

La obra ‘La víspera del Sabbath’, del siglo XIX, de Alexander Johnston. Fue legada por C. Roberts en 1965 a la Galería de Arte de Leeds. Tradicionalmente el Sabbath permitía un tiempo periódico para detener todo el ajetreo. (Museos y Galerías de Leeds, Reino Unido. (US-PD)).

Ahora estamos siendo forzados a tener un Sabbat, por así decirlo. Pero en lugar de vivir con miedo, preocupación y ansiedad por ello —todas las emociones inútiles y no productivas en este contexto —necesitamos abrazar la actitud pragmática de Shakespeare: Podemos desarrollarnos, podemos desarrollar a nuestra gente o a nuestros empleados, podemos desarrollar nuevos productos y servicios, podemos innovar y crear, podemos resolver problemas para los que no hemos tenido tiempo antes, y —¡cielos!— podemos incluso escribir ese libro que siempre dijimos que haríamos. ¡Podemos ser Shakespeare!.

El retrato de William Shakespeare, conocido como el retrato de Chandos por su antiguo dueño, pintado por John Taylor. Es considerado como la única imagen fiable del famoso poeta. (Dominio Público)

¡Qué buen mes para ser Shakespeare también! El 23 de abril se celebra su cumpleaños (1564) y el día de su muerte (1616). Gracias a Dios que en medio de toda esa plaga y destrucción humana, mantuvo su curso y cumplió su misión.

Ahora cumplamos la nuestra, para que en los años venideros la gente escriba sobre la increíble creatividad e invenciones que experimentamos durante la pandemia. Esta terrible calamidad puede demostrar en el futuro, a pesar de todo su miedo y su muerte, el verdadero temple y la grandeza de los pueblos que fueron afectados.

James Sale es un hombre de negocios inglés cuya compañía, Motivational Maps Ltd., opera en 14 países. Es autor de más de 40 libros sobre gestión y educación de las principales editoriales internacionales, entre ellas Macmillan, Pearson y Routledge. Como poeta, ganó el primer premio en el concurso de la Sociedad de Poetas Clásicos de 2017 y habló en junio de 2019 en el primer simposio del grupo celebrado en el Club Princeton de Nueva York.


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