¿Son los recortes de tasas de la Reserva Federal la respuesta?

Hay señales de una desaceleración económica, pero esta vez reducir las tasas de interés podría no funcionar
Por James Gorrie
07 de Agosto de 2019 Actualizado: 07 de Agosto de 2019

La Reserva Federal ha recortado las tasas de interés por primera vez desde los momentos más álgidos de la Gran Recesión de 2008, dejando a muchos preguntándose qué es lo que la Reserva Federal sabe y que no está revelando.

La tasa de interés a corto plazo se redujo solo en un 0,25 por ciento, la mitad de lo que la administración Trump quería y dice que la economía necesita. Ahora se espera al menos otro recorte de un cuarto de punto antes de que finalice el año. Pero no está claro que los recortes en las tasas de interés remedien lo que está afectando a la economía. Sin embargo, lo que es evidente es que el aumento de las tasas de interés que muchos esperaban durante el año pasado no es probable que ocurra en un futuro cercano.

La lógica de tasas de interés más bajas es bastante sencilla. Los recortes de tasas suelen estimular la economía al reducir el costo de los préstamos. Se espera que las empresas aprovechen esos menores costos y aumenten la producción, lo que a menudo incluye la contratación de más trabajadores. Y se espera que los consumidores reaccionen comprando y pidiendo más prestado. Las tarjetas de crédito y las hipotecas de vivienda, por ejemplo, se vuelven relativamente más baratas y son partes clave de la economía de consumo.

Por supuesto, los recortes de interés también tienden a dar un impulso al mercado de valores, al menos a muy corto plazo.  Pero el mercado de valores no debe confundirse con la economía.

Pero, ¿es esta reducción de los tipos de interés una buena noticia para la economía en este momento?

Un panorama económico mixto

No necesariamente. Los recortes de los tipos de interés son una respuesta a los signos de debilidad de la economía. Eso difícilmente sean buenas noticias. Esta percepción de debilidad se ve subrayada por la decisión simultánea de la Reserva Federal de terminar prematuramente su plan de reducción de activos dos meses antes de lo previsto.

Es decir, la Reserva Federal decidió dejar de vender los bonos y otros instrumentos de deuda que adquirió durante las diversas rondas de su política de Flexibilización Cuantitativa para estimular la economía estadounidense después de 2008. La decisión de la Reserva Federal de poner fin a su plan de reducción de activos nos dice mucho sobre las perspectivas de la Reserva Federal para la economía de Estados Unidos.

El nivel de desempleo, por ejemplo, está en un mínimo histórico del 3,2 por ciento. De hecho, todos los grupos demográficos están disfrutando de niveles récord de empleo. Eso es ciertamente una noticia positiva. Pero también significa que el nivel de empleo no puede aumentar mucho más.

Por el lado de la oferta, cuando la mano de obra es escasa –que lo es– los salarios tienden a subir, como ahora. Eso también es una buena noticia porque los salarios han estado estables –o negativos– durante la última década. Pero, ¿se incrementarán lo suficiente como para compararlo, por ejemplo, con la tasa de inflación de una vivienda?

Es poco probable.

Los precios de las viviendas, por ejemplo, han superado a los salarios en los mercados clave durante la última década. Más sobre esto en un momento.

El panorama general es que la economía creció a una tasa anualizada del 2,1 por ciento en el segundo trimestre de este año, lo que también es positivo. Pero la mayoría de los analistas económicos proyectan que la tasa de crecimiento caerá a alrededor del 1,5 por ciento en el tercer trimestre. Hay algunas buenas razones para ello, incluso ante las políticas pro-negocios de Trump.

Las políticas conflictivas perjudican a los negocios

No es de extrañar que el panorama entre los economistas sea mixto, al igual que los indicadores. Eso es justo, especialmente dada la contracorriente de eventos y políticas conflictivas que están impactando la economía.

Por ejemplo, Trump redujo las tasas de impuestos corporativos del 36 por ciento al 21 por ciento. Esto inicialmente impulsó la actividad de expansión, así como las ganancias corporativas. La drástica desregulación también redujo los costos empresariales, lo que aumentó la eficiencia y las ganancias corporativas. Pero su impacto se ha visto atenuado por otros factores.

La guerra comercial con China –y la estrategia arancelaria del presidente Trump que la acompaña– ha causado caos en las cadenas de suministro de manufactura y en las proyecciones de costos de producción. Esto, junto con el aumento de los salarios, ha llevado a un aumento en los costos de producción para las empresas estadounidenses, compensando de alguna manera los beneficios de estímulo de los recortes de impuestos.

Además, la desaceleración de la demanda de Europa y China, debido en parte a la guerra comercial, ha perjudicado a los fabricantes estadounidenses. En consecuencia, el Índice de Gestores de Compras Manufacturero cayó de 50,6 en junio a 50,4 en julio, el nivel más bajo desde 2009. Aunque una lectura del índice de más de 50 indica expansión, estamos viendo una tendencia tambaleante, sino desacelerada, en la actividad manufacturera.

Dicho esto, vivimos en un mundo relativo. En comparación con la Eurozona, China y Japón, el sector manufacturero estadounidense en su conjunto se encuentra en mejores condiciones. La relativa fortaleza de la economía estadounidense mantuvo al dólar fuerte en comparación con otras monedas importantes. Esto también perjudicó a la industria manufacturera estadounidense, ya que los productos estadounidenses basados en el dólar son más caros y, por lo tanto, menos competitivos que los que tienen precios en monedas más débiles en economías con una demanda más débil de productos manufacturados.

Un pequeño recorte no ayudará

Teniendo en cuenta los factores anteriores, el impacto de un recorte de tasas será menor que el habitual en el sector manufacturero. La guerra comercial es una parte mucho mayor de la ecuación. Algunos también ven a la economía en general como mucho menos propensa a reaccionar ante la reducción de los costos de los préstamos esta vez, especialmente en el sector de la vivienda, que es muy importante.

Esos salarios estancados mencionados anteriormente son un factor crítico de por qué los pagos de intereses de hipotecas y tarjetas de crédito apenas más bajos no cambiarán mucho el mercado de la vivienda, tampoco. La mayoría de los prestatarios ya han alcanzado sus límites de crédito en deudas no garantizadas. La deuda de los consumidores se sitúa en torno a los 14 billones de dólares, superando el nivel de 13 billones de dólares alcanzado justo antes de la Gran Recesión. Se podría considerar que esto es una señal de confianza de los consumidores o una señal de desesperación.

Es más, la inflación en la vivienda sigue superando a los salarios en el 80 por ciento de los mercados estadounidenses. De acuerdo con el Índice del Valor de la Vivienda de Zillow, a nivel nacional, los precios promedio de la vivienda han aumentado más del 150 por ciento entre 2012 y 2019 y se proyecta que continuarán aumentando. Esa no es una situación sostenible para el mercado de la vivienda. En el lado positivo, de 2010 a 2019, el patrimonio neto de los dueños de viviendas creció de 75.000 dólares a 171.000 dólares. Eso es riqueza real, parte de la cual será bombeada de nuevo a la economía con el tiempo.

La demanda de viviendas por parte de los consumidores existe, pero muchos compradores potenciales simplemente no tienen acceso a los precios del mercado. O, debido a los crecientes costos de mano de obra y materiales, los constructores de viviendas no pueden pagar por construirlas.

Por lo tanto, es poco probable que este pequeño recorte de tasas motive a los consumidores ya saturados a comprar más casas u otras cosas. Sin embargo, si el empleo sigue siendo fuerte, esto no tiene por qué ser un problema.

James Gorrie es un escritor radicado en Texas. Es el autor de “La crisis de China”.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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