Tope al petróleo ruso del G7 es un subsidio a China

Por Daniel Lacalle
06 de Diciembre de 2022 3:33 PM Actualizado: 06 de Diciembre de 2022 3:35 PM

Comentario

Hay muchos errores en el acuerdo del G7 para poner un tope al petróleo ruso. El primero es que no perjudica en absoluto a Rusia. El tope acordado de 60 dólares el barril es superior al precio actual de los Urales, superior al promedio de cinco años del precio cotizado y superior al precio neto promedio de Rosneft.

“El tope de precios del G7 permitirá a los países no pertenecientes a la UE seguir importando crudo ruso por vía marítima, pero prohibirá a las compañías navieras, aseguradoras y reaseguradoras manipular cargamentos de crudo ruso en todo el mundo, a menos que se venda por menos del precio tope”, según Reuter.

Esto significa que China podrá comprar más petróleo ruso con un gran descuento, mientras que el gigante petrolero estatal ruso seguirá obteniendo una muy saludable rentabilidad del 16 % sobre el capital medio empleado y más de 8800 millones de rublos (USD 141 millones) en ingresos, lo que significa un beneficio sin contar los intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones que duplica con creces sus necesidades de gasto de capital.

Este tope erróneo no es solo una subsidio a China y un precio que sigue haciendo a Rosneft enormemente rentable y capaz de pagar miles de millones al Estado ruso en impuestos. También es un gran error si queremos que bajen los precios del petróleo.

Con este tope, el G7 ha creado un innecesario y artificial valor de fondo con los anteriores precios. El G7 no ha querido entender por qué los precios del petróleo dieron un vuelco en 2022: es decir, la competencia y la reacción de la demanda. Al implantar un tope de 60 dólares por barril, que es un precio mínimo, el G7 ha hecho casi imposible que los precios alcancen un verdadero mínimo si llega una crisis de demanda. Por un lado, el G7 ha sacado 4.5 millones de barriles al día, las exportaciones de petróleo rusas estimadas para 2023, del panorama de la oferta con un precio mínimo y máximo, pero además ha hecho que la OPEP tenga más interés de recortar la oferta y aumentar el precio promedio del petróleo obtenido de sus exportaciones.

China debe de estar muy contenta. El gigante asiático se asegurará un suministro a largo plazo a un precio atractivo desde Rusia y venderá productos refinados a nivel mundial con mayores márgenes. Sinopec y Petrochina encontrarán suficientes oportunidades en el mercado mundial para asegurarse mejores márgenes para sus productos refinados, al tiempo que garantizarán un suministro asequible en una situación económica difícil.

Cuando leo estas noticias sobre “precios máximos”, me pregunto si los burócratas han trabajado alguna vez en una industria competitiva global. Puede que no lo hayan hecho, pero seguro que emplean a miles de “expertos” que les habrán dicho que se trata de una idea inteligente. Esto es un desperdicio.

Si el G7 realmente quisiera perjudicar las finanzas y las exportaciones de Rusia, la forma de hacerlo era fomentar una mayor inversión en fuentes alternativas y más competitivas. Sin embargo, lo que está ocurriendo es lo contrario. Los gobiernos del G7 siguen imponiendo barreras a la inversión en energía, así como cargas regulatorias y mal llamadas medioambientales que hacen aún más difícil garantizar la diversificación y la seguridad del suministro.

Lo que acabó con la crisis del petróleo de los setenta fue el fenomenal aumento de la inversión en otras áreas productivas. Lo que permitió a los precios del petróleo dar un giro de casi 180 grados en lo que va del año es el aumento de la oferta, la competencia de los países no pertenecientes a la OPEP y la respuesta de la demanda.

El sector energético ya sufre unos niveles preocupantes de infrainversión. Según Morgan Stanley, la infrainversión en petróleo y gas alcanzó los USD 600,000 millones anuales. Con este llamado precio tope, el incentivo para que los productores vendan lo que puedan e inviertan lo menos posible es aún mayor, y esto puede implicar precios del petróleo mucho más altos en el futuro. China y Rusia también saben que las energías renovables y otras alternativas no están ni cerca de ser una alternativa ampliamente disponible y que, de todos modos, esto requeriría billones de dólares de inversión en la extracción de cobre, cobalto y tierras raras.

Al añadir a las crecientes barreras al desarrollo de los recursos nacionales un supuesto tope a los precios del petróleo ruso, el G7 puede estar plantando las semillas de un superciclo de materias primas en el que la dependencia a la OPEP y Rusia aumentará en lugar de disminuir.

Yo repito lo que vengo diciendo desde hace meses: Los gobiernos de las economías desarrolladas están llevando a sus países desde una modesta dependencia de Rusia a una dependencia masiva de China y Rusia.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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