Trump respalda a demasiados candidatos

Por Roger Simon
23 de Junio de 2022 3:52 PM Actualizado: 23 de Junio de 2022 3:52 PM

Comentario

Mi intención está lejos de criticar la perspicacia política de un Donald J. Trump que, contra todo pronóstico fue capaz de alcanzar el logro, literalmente sin precedentes y extraordinario, de llegar a la presidencia sin haberse presentado ni una sola vez a un cargo público de ningún tipo y luego desempeñar el trabajo al más alto nivel.

Mi mayor logro electoral fue ser tesorero de la clase en una escuela secundaria.

Pero alguien tiene que decirlo —Trump respalda a demasiados candidatos.

Es dudoso, casi imposible, que muchos de los que él repalda puedan ser debidamente investigados. Ni siquiera las facilidades de las que dispone un expresidente serían suficientes, teniendo en cuenta tantas carreras electorales en nuestro país.

Si creemos hasta cierto punto en el famoso apotegma del antiguo presidente de la Cámara de Representantes, Tip O’Neill, de que “toda la política es local”, hay que conocer a muchos “locales” para tomar decisiones acertadas. Ninguna persona tiene ese conocimiento. Por lo tanto, ellos (un expresidente que realmente merezca ser presidente o quien sea) dependen de los “expertos locales” para que les asesoren y esos expertos pueden o no ser realmente expertos, o, igualmente, si no más, es probable que tengan sus propios intereses.

A menudo es peor el consejo de esos supuestos profesionales de la política que se pegan a las campañas como las lapas a una ballena, para no soltarlas nunca. En muchos sentidos, son los más propensos a engañar.

Los resultados de Trump han sido más bien escasos en este sentido. Sí, en ciertas carreras senatoriales, tiene razones para presumir —y lo hace— incluso cuando no estamos absolutamente seguros de que haya hecho la elección correcta. Pero en otras áreas, como Georgia, sus recomendaciones no han ayudado a sus candidatos elegidos.

Aquí, en Tennessee, uno debería preguntarse por qué se metió en la carrera del 5º Distrito del Congreso cuando lo hizo. De la nada, eligió a Morgan Ortagus, la portavoz del exsecretario de Estado Mike Pompeo, como su candidata, sin tener en cuenta, o encogiéndose de hombros, el hecho de que solo se había mudado al estado dos o tres meses antes y que, como es lógico y con cierta justificación, se le acusaría de ser una “oportunista”.

Resultó que Ortagus sabía tan poco sobre el 5º Distrito —o sobre el centro de Tennessee— que no pudo nombrar ni siquiera una de las varias autopistas estatales y federales que pasan por la zona y la capital, Nashville, cuando le preguntaron en un programa de radio local. Sería como si un residente de Los Ángeles no hubiera oído hablar de las autopistas de Ventura o Hollywood, lo que no es precisamente una gran muestra de conocimiento local si se quiere salir elegido.

Esto no quiere decir que Ortagus no sea una persona digna o que no hubiera sido una buena congresista. Puede que lo haya sido, y tal vez en el futuro, después de haber vivido en Tennessee uno o dos años más, puede que sea una candidata admirable para un cargo local o nacional.

Pero la pregunta sigue siendo por qué Trump sintió la necesidad de involucrarse en una elección local cuando había un buen número de candidatos cualificados con considerable experiencia política en el estado, casi todos los cuales apoyaban su agenda.

Se han barajado varias explicaciones para explicar esta elección, pero en lugar de entrar en el terreno de los rumores y dado que la prematura candidatura de Ortagus hace tiempo que fue desautorizada por el Partido Republicano, iré directamente a mi recomendación a Trump y su gente.

En la mayoría de los casos, ¿por qué no dejar que el pueblo —sus partidarios— decidan a quién votar?

Sería —me atrevo a decir— más MAGA.

Los “deplorables” —llámenlos como quieran, esta ha sido mi observación como alguien que cubrió las elecciones en todo el país— son en realidad gente bastante inteligente y notablemente bien informada. Pueden tomar decisiones por sí mismos. Conocen mejor a los actores locales, por haber convivido con ellos. Puede que incluso sepan quiénes apoyan la agenda de Trump más que el propio Trump, dada su proximidad a las personas que se presentan.

No estoy pidiendo que Trump deje de respaldar a sus candidatos, sino que vaya más despacio.

Este énfasis constante, por parte de los medios de comunicación heredados y otros, en puntuar los éxitos o la falta de ellos de Trump en sus recomendaciones se ha vuelto tedioso durante algún tiempo y puede ser, en última instancia, inútil: una forma de sonido y furia que no significa nada.

Tengo que confesar que encuentro todo el juego de las recomendaciones políticas en el lado tedioso. Fulano de tal apoya a fulano de tal. Hay que preguntarse qué está pasando realmente, quién está pagando a quién para qué o quién está recogiendo fichas para futuras elecciones.

No es un juego muy interesante ni esclarecedor, ni mucho menos tan interesante como escuchar a los propios candidatos, hacer algunas preguntas y formarse una opinión propia.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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