Una historia de la antigua China: Perder la oportunidad de volverse inmortal

La historia del Primer Ministro Li Linfu de la Dinastía Tang
Por Anónimo
13 de Mayo de 2019 Actualizado: 13 de Mayo de 2019

Li Linfu fue primer ministro durante la Dinastía Tang. Cuando era niño, vivió en el este, en la capital Luoyang y le encantaba jugar todo el día. Debido a que siempre estaba ocupado jugando, no aprendió a leer sino hasta que tuvo 20 años.

Los pasatiempos de Linfu eran cazar, jugar polo y criar águilas y perros. Su deporte favorito era jugar polo en un burro. Cuando se cansaba, se desmontaba del burro y se tiraba al suelo a descansar. Un día, un feo taoísta sentado cerca le dijo a Linfu: “¿Cómo es que es tan divertido jugar al polo en un burro? ¿En un interés que valga la pena?”

Linfu miró al taoísta con desdén y le contestó: “¡Ocúpate de tus asuntos!” El taoísta entonces se fue.

Al día siguiente el taoísta regresó y le repitió las mismas palabras. Linfu, siendo un joven listo, se dio cuenta de que el taoísta no era una persona común. Rápidamente se levantó y le hizo una reverencia.

“Aunque seas bueno en el polo, tarde o temprano te caerás del burro. ¡Será demasiado tarde para arrepentirse cuando te lastimes!”, le advirtió el taoísta.

Linfu prometió tener cuidado en el futuro y ya no jugar más polo sobre un burro. El taoísta sonrió y le dijo: “Esperare por ti aquí en tres días a las 3 a.m.”

Linfu estuvo de acuerdo en encontrarse.

Para cuando Linfu llegó a la cita acordada, el taoísta ya lo estaba esperando. El taoísta le preguntó: “¿Por qué llegas tarde?” Linfu se disculpó, y luego el taoísta le pidió encontrarse otra vez en otros tres días a las 3 a.m. Para la segunda cita, Linfu llegó allí a medianoche y esperó un largo rato hasta que llegó el taoísta.

El taoísta estaba contento de hablar con Linfu. “He estado en el mundo humano por 500 años. Tú eres el único al que las hadas celestiales tienen en una lista de nombres, así que algún día podrás volar al Cielo y volverte inmortal. Pero si no quieres ser un inmortal, puedes servir como primer ministro de la Dinastía Tang por 20 años. Piénsalo. Hoy voy a partir de vuelta. Te encontraré aquí otra vez a las 3 a.m. en tres días”.

De regreso a su casa, Linfu pensó: “He nacido en una familia real. He sido valiente y caballeroso desde mi juventud. Sería maravilloso servir como primer ministro por 20 años”. Cuando Li Linfu se encontró nuevamente con el taoísta, le confesó que quería ser primer ministro, no un inmortal.

El taoísta le tuvo pena y lo regañó: “¡Realmente no pensé que fueras tan vulgar! He visitado a 500 personas talentosas, y tú eres el único con la habilidad de volverse un inmortal. Realmente me has decepcionado. Me das pena”.

Linfu sintió un arrepentimiento inmenso al escucharlo. Quiso hacer cambiar de opinión al taoísta pero este le dijo que ya era demasiado tarde. Los Dioses en el Cielo ya se habían enterado de su primera elección. Antes de partir, el taoísta le advirtió: “Puedes ser primer ministro por 20 años, durante los cuales tendrás poder total por sobre la vida de otros. No puedes dañar a las personas con conspiraciones. Trata de salvar a más gente y matar las menos posibles para acumular virtud para tu próxima vida. Haciéndolo así, serás capaz de volar al Cielo y volverte inmortal en otros 300 años. Ahora, tu buena fortuna es inminente. Puedes ir a la capital y tomar un puesto de funcionario”. Li Linfu lo despidió con lágrimas cuando el taoísta partió.

Taoísta Inmortal, siglo X. Bronce con plomo. Regalo de Abby Aldrich Rockefeller, 1942. Museo Metropolitano de Arte. (Dominio Público)

El linaje de Li Linfu se remontaba hasta Li Yuan, el primer emperador de la Dinastía Tang. Él era el bisnieto del primo de Li Yuan, Li Shuliang. El tío de Li Linfu también trabajaba como funcionario en la corte Tang. Cuando Linfu fue a visitar a su tío a la capital, el tío se sorprendió y le preguntó por qué estaba allí. Li Linfu le dijo: “Me equivoqué cuando solo quería jugar y no me gustaba leer. He vuelto a ti y estoy determinado a cambiar. Si vuelvo a cometer errores, estoy dispuesto a ser azotado por ti, tío”. Al tío de Linfu le pareció extraño pero no le preguntó más nada. Hizo que Linfu leyera y que luego organizara la vajilla después de cada banquete. Linfu siempre lavaba la vajilla minuciosamente y ponía todo en orden y en el lugar correcto.

El tío de Linfu a veces le pedía trabajar afuera durante el crudo clima de invierno. Linfu nunca se rehusaba, y a pesar de tener que caminar fatigosamente por la nieve, completaba bien sus tareas. El tío le tomó cada vez más afecto y a menudo lo elogiaba entre otros funcionarios. Con la ayuda de su tío, Li Linfu recibió un puesto como consejero. Diez años después, fue nombrado primer ministro.

Linfu era habilidoso usando su autoridad y también tenía un buen entendimiento de lo que el Emperador deseaba, así que con el tiempo se ganó el favor del Emperador. Más tarde obtuvo poder total durante un periodo de la Dinastía Tang, y casi todos los ministros y ciudadanos le temían.

Como dice el dicho: “Tal como la salmuera crea tofu, todas las cosas se someten a algo con más poder”. An Lushan, comandante del ejército de tres provincias, no temía al Emperador Xuanzong, pero temblaba de miedo cuando veía a Li Linfu. Él le preguntó a uno de los taoístas que conocía: “No tengo miedo cuando veo al Emperador. ¿Entonces por qué entro en pánico cuando veo a Li Linfu?”

“Tienes 500 diablos con cabeza de cobre y frentes de hierro que actúan como guardias celestiales que te protegen”, replicó el taoísta. “¿Cómo puedes tener miedo de Li Linfu? Invítalo para que pueda ver qué sucede cuando ustedes dos están juntos”.

Entonces, An Lushan organizó un banquete en su casa e invitó a Linfu. El taoísta se escondió detrás de una cortina para observar. Luego de que Linfu se fue, el taoísta le dijo a An Lushan: “Extraño. Cuando Linfu llegó, un niño de azul caminó frente a él con un incensario. Los 500 diablos que te siguen estaban atemorizados y escaparon al ver al niño. No estoy seguro por qué. Quizá Linfu fue un inmortal descendido temporalmente a nuestro mundo mortal”.

Varios años después, Li Linfu comenzó a expulsar a disidentes para fortalecer su poder y posición. Mucha gente fue enviada a prisión y muchos inocentes fueron asesinados. Para entonces, ya se había olvidado completamente del consejo del taoísta.

Quien quería reunirse con Linfu tenía que desmontar su caballo muy lejos y caminar hasta su casa. Un día al mediodía, una persona golpeó con fuerza la puerta de Linfu. Sorprendido, el guardia abrió la puerta y vio un delgado taoísta diciendo que quería ver al Primer Ministro. El guardia lo reprendió en voz alta y trató de que se fuera, y luego lo azotó y lo llevó con las autoridades. El taoísta se fue caminando con una sonrisa.

Al día siguiente, el taoísta fue otra vez a la residencia de Linfu. Esta vez, el guardia informó la situación a Linfu. Linfu dijo que no recordaba haber nunca conocido a un taoísta, pero de igual forma le dijo que pasara. Cuando Li Linfu vio al taoísta, recordó de pronto el consejo de 20 años atrás. Lo sobrecogió el miedo y la vergüenza, y de pronto se sintió perdido. Volvió a recordar que el taoísta le dijo que sería el primer ministro por 20 años, y habían sido exactamente 20 años, pero aún así no había seguido nunca el consejo del taoísta. Linfu tuvo tanto miedo que se sintió enfermo. Le hizo una reverencia al taoísta, quien en respuesta preguntó: “¿Cómo has estado? No has seguido mi consejo. En vez de hacer las cosas con compasión, has matado a muchos inocentes. Todos tus crímenes han sido registrados en el Cielo. ¿Realmente no tienes miedo de ser castigado por el Cielo?” Sin poder hallar las palabras, Linfu solo siguió haciendo reverencias.

Linfu pidió a los sirvientes que se retiraran e invitó al taoísta a dormir en otra cama en la misma habitación. El taoísta solo bebió un poco de té y no pidió nada más. A medianoche, Linfu le preguntó: “Una vez dijiste que yo tenía la relación predestinada para volverme un inmortal. ¿Aún existe esa oportunidad?”

“Debido a tu mala conducta estos años pasados, has perdido la oportunidad de volverte un inmortal en 300 años”, respondió el taoísta. “El tiempo ha sido pospuesto a 600 años. En 600 años, puedes volverte un inmortal”.

“Estoy casi al final de mi vida y he cometido tantos crímenes. ¿Cómo será mi futuro?”, preguntó Li Linfu.

“Sígueme al Cielo si quieres saber”, dijo el taoísta. Linfu rápidamente se arrodilló y le rogó al taoísta que lo llevase al Cielo.

El taoísta le dijo a Linfu que despejara su mente y se volviera tan quieto y tranquilo como un árbol muerto antes de que el taoísta lo llevara. Luego de un rato, Linfu dijo que ya no tenía ningún pensamiento. El taoísta se levantó de la cama y le dijo: “¡Vamos!”.

El cuerpo de Linfu siguió automáticamente al taoísta. Al acercarse a las puertas de la ciudad capital, Chang’an, la puerta se abrió para ellos. Linfu estaba demasiado cansado como para continuar caminando por unas tres millas, así que el taoísta le permitió descansar. Se sentaron a un lado del camino.

Un poco después, el taoísta le dio un palo de bambú y le dijo: “Móntate en esto. Se detendrá automáticamente cuando lleguemos a nuestro destino. ¡Pero tus ojos deben estar cerrados!” Cuando Linfu montó al palo de bambú, inmediatamente sintió su cuerpo volar hacia arriba. Podía escuchar los sonidos del mar y el viento. Una hora después, el movimiento de pronto se detuvo. Aterrizaron frente a una gran puerta de una ciudad. Había varios cientos de soldados parados fuera de la puerta, que recibieron al taoísta cálidamente y se inclinaron frente a Linfu.

Pasada la puerta, más soldados se alinearon a ambos lados del camino. El taoísta y Linfu subieron unas escaleras y entraron a un gran salón suntuosamente decorado, el cual contenía lujosas camas. Linfu se sintió de pronto somnoliento y quizo tomar una siesta allí, pero el taoísta lo detuvo rápidamente y le dijo: “Si duermes aquí, no serás capaz de regresar al mundo humano. Esto será tu muerte”.

“Si puedo volver aquí luego de morir, estaré satisfecho”, le contestó Linfu. El taoísta sonrió y le dijo: “Este lugar no es tan perfecto como imaginas. Aquí aún puedes enfermarte, te puedes meter en problemas igual, y sufrir”. Él le entregó a Linfu el palo de bambú y se fueron del lugar.

Li Linfu regresó a casa y encontró su cuerpo sentado en una cama con ambos ojos cerrados. El taoísta llamó: “¡Primer Ministro Li! ¡Primer Ministro Li!” Linfu volvió a su cuerpo y abrió los ojos. Con lágrimas le agradeció al taoísta.

El taoísta se despidió al día siguiente. Li trató de darle regalos de oro y seda, pero él los rechazó. Saludó con la mano y le dijo: “Haz lo mejor que puedas y te veré en 600 años”. Luego desapareció.

En el año 11 de Tianbao (el último periodo del reino del Emperador Xuanzong), Li Linfu murió. Se dijo que había estado involucrado en la rebelión que le siguió, así que toda la propiedad familiar fue confiscada y sus hijos tuvieron que exiliarse.

Traducido por Dora Li al inglés, esta historia es reimpresa con el permiso del libro “Cuentos atesorados de China”, Vol. 1, disponible en Amazon.

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