Una mantarraya de 3 metros se acerca a un buzo para pedir que le salve la vida

Por Jesús de León
12 de Julio de 2019 Actualizado: 12 de Julio de 2019

Una mantarraya gigante de tres metros con varios anzuelos de pesca clavados en uno de sus ojos se aproximó a un grupo de buzos para pedir que le salvaran la vida.

La mantarraya Freckles (‘pecas’, en inglés), como la apodaron, sedujo con su petición de auxilio a los visitantes de las lagunas poco profundas del arrecife Ningaloo, un tramo del Océano Índico frente a Australia Occidental conocido por su extraordinaria vida marina, según el medio británico The Times.

El grupo de buzos se dio cuenta que el encuentro con Pecas no era simplemente uno más, porque al parecer, estaba pidiéndoles ayuda.

El fotógrafo subacuático Jake Wilton relató que la manta, de unos 30 años, se le acercó “más y más” hasta que se volteó para mostrarle el ojo derecho que le dolía por los anzuelos clavados.

Las imágenes del encuentro fueron filmadas en un video que muestra cómo la criatura “permaneció completamente inmóvil” mientras Jake Wilton la ayudaba.

Monty Halls, un biólogo marino británico que se encontraba a bordo del barco en ese momento, asegura que la mantarraya “entendió absolutamente lo que pasaba”.

La manta al parecer reconoció a Wilton:

“A menudo guío a buceadores en la zona y es como si me hubiera reconocido y confiaba en que la ayudaría”, confesó el buzo.

Luego añadió que sabía que tenía que sacarle los ganchos, o el animal se habría metido en un gran problema, ya que podría haber sufrido una infección, ceguera, o incluso, haberle provocado la muerte a Freckles.

“Hice unas cuantas inmersiones para ver cómo reaccionaba si yo estaba cerca de ella”, dijo Wilton a The Independent.

Imagen ilustrativa de Kevin Mc Loughlin en Pixabay

“Tuvo que mostrarme dónde estaban incrustados los ganchos”, dijo. “Ella sabía exactamente lo que estaba pasando. Tenía que enseñármelos, darme acceso. Es increíble que un animal se dé cuenta de eso tan rápido”, agregó, según The Times.

El experimentado buzo quitó uno a uno los ganchos que lastimaban a Pecas mientras se zambullía sin tanque de oxígeno en un mar de aproximadamente 5 metros de profundidad.

Realizó una docena de inmersiones, reportó The Times.

Terminado el trabajo, en la última inmersión, se despidió de Pecas.

“Bajé de nuevo, sólo para despedirme, y ella se quedó quieta allí y esperó. ¡Que la vida silvestre te comprenda completamente! ¡Eso es muy especial! Después de eso lloré – eso lo dice todo,” dijo Wilton de acuerdo con The Times.

Sin embargo, ese no fue el último encuentro con Pecas, según dijo.

Dos semanas después de haberla ayudado la volvió a ver mientras se alimentaba, y entonces ella se detuvo, y permaneció quieta durante unos 20 segundos.

“Fue como si me reconociera”, contó el fotógrafo subacuático Jake Wilton, según el Times.

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