Una mirada de cerca al fascismo con piel de cordero del régimen chino

Por Clive Ansley y Torsten Trey - La Gran Época
07 de julio de 2018 4:12 PM Actualizado: 20 de julio de 2018 1:47 AM

China atribuye a su sistema político un «Socialismo con características chinas«. A pesar de conservar el nombre de «Partido Comunista Chino«, en realidad el actual Partido / Estado chino es Fascismo puro, según cualquier definición de fascismo del diccionario. Ese hecho merece nuestra atención.

La intención fascista está claramente respaldada por el presidente del Tribunal Supremo chino, Zhou Qiang, al rechazar explícitamente durante el XIX Congreso del Partido las nociones «erróneas de Occidente» de «separación de poderes» e «independencia del poder judicial».

El Partido Comunista Chino (PCCh) se encuentra por encima de la ley y por encima de la Constitución China, haciendo que cualquier reclamo al estado de derecho sea una farsa. El Presidente del Tribunal fue muy abierto al afirmar que «un sistema legal independiente al PCCh, claramente viola la constitución». Estas proclamas del PCCh tienen grandes consecuencias en otras áreas, como el campo empresarial.

Al adquirir corporaciones y recursos naturales en todo el mundo, el PCCh ha tenido un éxito notable persuadiendo a ingenuos políticos occidentales, de que las compras son realizadas por compañías chinas «privadas» surgidas después del naciente capitalismo chino de décadas recientes. Sin embargo hoy, China no tiene empresas privadas a gran escala. El presidente de cada una de las principales corporaciones chinas es nombrado directamente por el PCCh y puede ser reemplazado en cualquier momento por el partido. Eso lo informa directamente el PCCh.

Anbang, una compañía de seguros china, compró Waldorf Astoria, AMC Cinemas y Retirement Concepts, y de la noche a la mañana el PCCh despidió a los dirigentes de Anbang argumentando cargos de corrupción. Ahora el Partido/Estado es el orgulloso propietario de un hotel de cinco estrellas en Nueva York, una cadena de cines y 21 hogares de ancianos en Columbia Británica.

De manera similar, la National Oil Offshore Company de China (CNOOC) compró la canadiense Nexen en 2013, por lo que el PCCh ahora posee una gran parte de las arenas petrolíferas de Alberta. Además la compra de una serie de empresas de semiconductores en todo el mundo en los últimos años es probablemente aún más preocupante.

Penetración unilateral

La penetración del régimen chino en Occidente no se ha limitado a adquisiciones corporativas. China, en su mayor parte por debajo del radar, penetró en todos los niveles y sectores de la sociedad occidental, incluidos el gobierno, instituciones educativas -en forma de Institutos Confucio, en empresas, asociaciones cívicas, círculos legales, asuntos internos y en los medios de comunicación.

Una activista sostiene una antorcha, su llama es símbolo de los DD.HH. universales, durante un relevo de antorcha «alternativa» con motivo de destacar el historial de Derechos Humanos de China, en Kuala Lumpur el 25 de mayo de 2008. El relevo de la antorcha de DD.HH. fue en protesta por Los Juegos Olímpicos de 2008, debido al manejo por parte del gobierno chino de los disturbios en el Tíbet, la persecución a los practicantes de Falun Dafa y sus vínculos con la junta militar de Myanmar, dijeron los organizadores. (TENGKU BAHAR / AFP / Getty Images)

Hace unos años, Canadian Broadcasting Corporation (CBC) programó y promovió un documental que en gran medida criticaba los abusos contra los derechos humanos del régimen chino. Cuando los televidentes sintonizaron el día programado esperando ver el documental de China, se les mostró un documental desactualizado sobre un exdictador de Pakistán.

Más tarde se reveló que el Cónsul general chino en Toronto había llamado horas antes y se había quejado amargamente sobre el contenido de la emisión programada por CBC, que finalmente canceló diligentemente el documental de China.

Dos semanas más tarde, la audiencia canadiense pudo ver una versión muy censurada de la película de China, con las escenas más cruciales cortadas para aplacar a Beijing. Entre los recortes dictados por el Partido / Estado se encontraban las declaraciones de dos prominentes investigadores canadienses que habían testificado en el Parlamento sus conclusiones sobre la sustracción forzada de órganos en China.

Hace unos años la Comisión Canadiense de Radio y Televisión (CRTC) dictaminó que se permitiría a la CCTV china -controlada por el estado- y a nueve de sus subestaciones, que transmitieran directamente en idioma chino en las salas de estar canadienses, sin que Canadá monitoree o controle su contenido.

Todo el contenido era preaprobado y censurado por la Unidad Central de Propaganda del PCCh. No en vano China ha aprovechado esta censura unilateral, y desde entonces ha transmitido en Canadá campañas difamatorias sin parar, sobre la práctica espiritual Falun Dafa, también conocido  como Falun Gong, que es perseguida en ese país desde 1999, a pesar de que es reconocido y legal en Canadá.

El patrón de ventajas unilaterales es una característica central de la interacción entre China y otras naciones, esto no se limita al comercio, sin mencionar que además hay una falta de reciprocidad cuando se trata de los derechos de las entidades occidentales que hacen negocios en China.

Interferencia

China notoriamente advierte a otras naciones que no interfieran en los asuntos políticos internos de su país. Sin embargo, China de manera sistemática, rutinaria y como política fundamental, interfiere en los asuntos internos de casi todos los demás países.

Practicantes de Falun Dafa participan en una vigilia a la luz de las velas para conmemorar a los practicantes asesinados en China por su creencia, en Washington el 22 de junio de 2018. (Mark Zou / La Gran Época)

Cuando el líder del PCCh Jiang Zemin visitó Alemania, exigió a las autoridades que limpiaran las calles de manifestantes respetuosos de la ley al visitar Berlín, y exigió que fueran retirados los practicantes de Falun Dafa que tenían habitaciones legalmente reservadas en el mismo hotel donde residían. Alemania insólitamente cumplió con las exigencias del dictador chino.

Cuando el líder del PCCh Hu Jintao visitó Francia, amenazó con regresar de inmediato a China si veía a una persona con ropa amarilla, al referirse a los practicantes de Falun Dafa, característicamente vestidos con camisetas amarillas en ocasiones públicas. El gobierno francés aceptó las instrucciones de Hu, y todos los ciudadanos franceses con ropa amarilla fueron retirados de las calles de los alrededores de París.

Juegos Genocidas

El Fascismo Chino es un peligro real, claro y presente para las sociedades libres de todo el mundo. Las comparaciones con el régimen Nazi son asombrosas: un solo partido todopoderoso, un líder, control total sobre todos los medios, su extensión al exterior, la represión brutal de la disidencia, la creación de amenazas y enemigos externos ficticios, sumado al patriotismo y nacionalismo estridente, enmascarado como política exterior.

Hay otra similitud que necesita atención: el Holocausto del pueblo judío bajo Hitler y el actual genocidio contra 70 millones de practicantes de Falun Dafa.

Existe un paralelo sorprendente entre el Comité Olímpico Internacional (COI) cuando otorgó los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín al mayor perpetrador de crímenes de lesa humanidad, con el COI, cuando otorgó los Juegos de Verano de 2008 a China, también el mayor perpetrador de crímenes de lesa humanidad del momento. Hoy el COI parece continuar ignorando las atrocidades de los Derechos Humanos de los países anfitriones al otorgar a Beinjing los Juegos de Invierno de 2022.

Antes de que los Juegos comenzaran en 2008, se informó al COI que China estaba recogiendo órganos de prisioneros de conciencia vivos, sin consentimiento. El COI dictaminó que tales objeciones sobre asesinatos masivos por órganos en China eran un intento de politizar los Juegos Olímpicos; una desafortunada evaluación, dado que existe el fundamentado conocimiento de que el saqueo masivo de los órganos de los practicantes, es una faceta de un Frío Genocidio” contra Falun Dafa.

Pero el asombroso doble estándar del COI queda al descubierto por el hecho de que tanto los nazis alemanes en 1936 como los fascistas chinos en 2008, de manera abierta y obvia aprovecharon con descaro el prestigio que acompaña a la organización de los juegos, específicamente con el propósito de glorificar al Partido / Régimen estatal, un objetivo claramente político.

Curiosamente, el Primer Ministro de Canadá en respuesta a una pregunta de los medios, identificó hace poco a China como el país que más admiraba, y señaló que los chinos «saben cómo hacer las cosas». Un enfoque reflexivo al seleccionar la admiración no se limitaría a «hacer las cosas», sino también incluiría los crímenes contra la humanidad que siguen en curso.

En esta foto tomada en Lhasa el 16 de marzo de 2008, soldados chinos patrullan una calle en Lhasa, Tíbet, el 16 de marzo de 2008. Antes de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, el Tíbet sufrió una brutal represión. (KIM JAE-HWAN / AFP / Getty Images)

El ascenso del Fascismo en Europa en la década de 1930 movilizó todas las fuerzas y le abrió la pista a la Alemania Nazi. Además provocó la admiración entre los vecinos de Alemania, pero fue seguido por un trágico despertar. La admiración por los valores éticos y el respeto por la dignidad humana pareció ser un factor de prudencia en la evaluación de sus vecinos.

El Congreso de Estados Unidos, el Parlamento Europeo y otros gobiernos nacionales aprobaron múltiples resoluciones condenando a China por sus abusos en el trasplante de órganos.

China niega todas las acusaciones, y rechaza el acceso transparente de los observadores para realizar evaluaciones independientes de la práctica de trasplantes chinos. Ni Beijing ni ninguno de sus voceros en el exterior han podido refutar la evidencia provista por investigadores independientes que han reunido evidencia impecable.

China afirma que no se permite el ingreso de turistas internacionales de trasplantes al país. Pero en noviembre de 2017, el programa de televisión coreano Chosun filmó una sala en el Centro de Trasplantes de Tianjin con pacientes coreanos que esperaban un órgano. El número de pacientes de Corea que viajan a China para trasplantes oscila entre 300 y 1.000 al año.

Con esta retrospectiva y entendimiento de cómo el Partido / Estado chino utilizó los Juegos de Verano 2008 para glorificar y legitimar su brutalidad y criminalidad, ¿por qué el COI una vez más le da la espalda a la moral humana más fundamental, invitando al perpetrador de crímenes masivos de lesa humanidad a realizar los Juegos Olímpicos de Invierno en 2022?

Aunque el COI y el régimen chino se oponen a la injerencia en los asuntos políticos internos del país anfitrión, el genocidio y los crímenes de lesa humanidad son de una naturaleza tan abominable que no pueden ser ignorados y tratados como asuntos políticos internos. El intento del PCCh de proclamarse y promoverse globalmente para erradicar Falun Dafa no es una mera cuestión política interna sino un asunto para la comunidad mundial.

Si bien el COI supuestamente tiene como objetivo unir a personas de todo el mundo a través del deporte, descuida las esperanzas de los Derechos Humanos por parte de esta misma comunidad internacional. El intento del COI de relegar los crímenes de lesa humanidad que están en el Holocausto, al mismo nivel que los debates sobre política fiscal y control del tráfico local, es abominable.

También es injusto y poco ético requerir que los atletas que solo quieren competir en sus deportes se conviertan en marionetas de la propaganda en manos de un régimen fascista. Los atletas no tienen más remedio que actuar en el escenario que luego servirá a la agenda política de un brutal Estado criminal.

El COI tiene la responsabilidad moral de elegir lugares donde los atletas no se utilicen involuntariamente para fines de propaganda nacional. No es razonable pedirles a los atletas que boicoteen los Juegos.

Es muy injusto y antiético que el COI adjudique estos Juegos a países donde los atletas se utilizan con fines de propaganda política y se emplean como marionetas de una propaganda que busca sustentar crímenes de lesa humanidad.

El autor de este artículo, Clive Ansley es un abogado canadiense que ejerció la abogacía durante más de una década en China. Su profundo conocimiento de la mecánica jurídica en China lo convierte en un experto en leyes de dicho país.

El coautor, el médico Dr. Torsten Trey, es el Director Ejecutivo de la organización sin fines de lucro Doctors Against Forced Organ Harvesting, que ha sido nominada para el Premio Nobel de la Paz por su trabajo, que expone las prácticas de trasplante poco éticas en China.

Las opiniones expresadas en este artículo son opiniones del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

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