‘Una perversa persecución sin precedentes’—Capítulo diez: Atrocidades silenciosas

Por Teng Biao
19 de Septiembre de 2019 Actualizado: 19 de Septiembre de 2019

La Gran Época se enorgullece de republicar “Una perversa persecución sin precedentes: Un genocidio contra lo bueno de la humanidad” (eds. Dr. Torsten Trey y Theresa Chu. 2016. Clear Insight Publishing). El libro ayuda a entender la sustracción forzada de órganos en China al explicar la raíz de esta atrocidad: el genocidio cometido por el régimen chino contra los practicantes de Falun Dafa.

“Cuatro bastones eléctricos comenzaron a darme descargas y los sentí cuando me dejaban marcas. Era como si mis órganos internos y todos los músculos saltaran por debajo de mi piel, tratando de escapar o esconderse. Me retorcía en el piso en agonía. Cuando Wang comenzó a electrocutar mi pene, le imploré piedad. Mis gritos de piedad le causaron risa y provocaron una tortura incluso más flagrante”.

“¿No habías dicho que el PCCh usaba tortura? Esta vez te vamos a dar la experiencia completa una vez más. Torturar a Falun Gong—es verdad, totalmente cierto. Estos doce conjuntos que usamos contigo, los aprendimos al [torturar] a Falun Gong. No me da miedo decirte la verdad—de hecho, te desafío a que lo escribas. Las posibilidades de que sobrevivas para contar el cuento son casi nulas. Luego de que te matemos, nunca encontrarán tu cuerpo”.

“Había perdido la noción del tiempo cuando alguien comenzó a orinar en mi cara. Tres bastones eléctricos me electrocutaban mientras me retorcía en el piso, despojado de dignidad. Luego de unos diez minutos, mi cuerpo entero temblaba, sin poder parar. Luego me encadenaron, arrodillado en el piso mientras usaban un escarbadientes para pinchar mis genitales. No puedo usar el lenguaje para expresar la desesperanza, el dolor y la desesperación. Allí, el lenguaje humano y la emoción no tienen ni el más pequeño poder”.

Gao Zhisheng, abogado

Silencio frente a la horrorosa violencia

Lo anterior es un extracto de la descripción de Gao Zhisheng de la tortura que sufrió, escrita en su reciente ensayo: “Noche oscura, capucha oscura y secuestrado por la oscura mafia”. Antes de su propia persecución, Gao llevó a cabo numerosas investigaciones sobre los hechos y circunstancias detrás de la persecución a los practicantes de Falun Gong por el Partido Comunista Chino (PCCh), y expuso al mundo sus hallazgos en formato de cartas abiertas a los líderes chinos. Entre la poca gente que se atrevió a hablar del tema de la persecución a Falun Gong, Gao es uno de los primeros y más valientes. Como se indica arriba, sus palabras son dolorosas y sus descripciones conmocionan. Para ser honesto, tuve que dejar de leer en varias ocasiones. Cómo hubiera querido que los hechos en el relato de Gao no fueran ciertos y que pudiera darme la vuelta y regresar a mi cómoda y aparentemente controlada existencia. Pero esta era una realidad que sentí que no podía ignorar. La capacidad de una persona para aguantar la tortura es limitada. Como dijo una vez T. S. Elliot: “Los humanos no pueden soportar mucho la realidad”.

En represalia a Falun Gong y con el fin de forzar a los practicantes a renunciar a su fe, la represión y tortura del PCCh contra Falun Gong ha alcanzado el punto de ser inescrupulosa. Durante los últimos 15 años [Nota del R: Ahora son 20 años], la muy ordenada maquinaria de persecución, desde las directivas del líder más alto del PCCh hasta los empleados de más bajo rango que llevan a cabo las órdenes, los practicantes de Falun Gong enfrentan un desastre enorme de derechos humanos. Antes de que la persecución comenzara el 20 de julio de 1999, hasta 100 millones de personas practicaban Falun Gong, según las propias estimaciones del gobierno.

Se ha vuelto una regla no escrita que los practicantes de Falun Gong asesinados por la “Oficina 610″—una agencia creada con el solo propósito de perseguir a los practicantes de Falun Gong—y aquellos que participan en la persecución a Falun Gong no están sujetos a acciones legales. Aún más, el secuestro y detención arbitrarias de practicantes de Falun Gong no están sujetos a ninguna restricción o castigo. Según el sitio web Minghui, hasta noviembre de 2014, un total confirmado de 3795 practicantes de Falun Gong han sido perseguidos a muerte, el número real se estima mucho mayor. Se deduce por el gran número de reportes con detalles insoportablemente dolorosos, que las atrocidades son comparables con las de Auschwitz, donde perecieron 1,1 millón de personas. En 2007, David Kilgour, el ex Secretario de Estado canadiense para la región Asia-Pacífico y exparlamentario, junto con David Matas, un abogado internacional en derechos humanos de Canadá, realizaron una investigación independiente y arribaron a la conclusión de que “ha habido y continúa hasta hoy una sustracción a gran escala de órganos de practicantes de Falun Gong no voluntarios”. Más aún, los investigadores notaron que la sustracción de órganos sucede en simultáneo en muchas provincias chinas. Ellos describen el crimen de China de la sustracción de órganos como una “maldad sin precedentes en este planeta”.

No tengo intención de reiterar las descripciones de las tragedias a las cuales son sometidos los practicantes de Falun Gong, ya que los hechos se pueden encontrar fácilmente en Internet. En cambio, mi intención en este ensayo es examinar el terrible silencio del mundo frente a estos horrorosos actos de violencia.

Experimentar lo infranqueable en silencio

En China, la gente se mantiene en silencio sobre el asunto de Falun Gong como si nada pasara. En internet, las búsquedas de información sobre Falun Gong no muestran resultados, y casi no se discute el tema en microblogs o microcanales. Ningún periodista consideraría ni por un segundo investigar o reportar noticias sobre Falun Gong, ya sea sobre una persona secuestrada o cien personas asesinadas. Los intelectuales y comentaristas no consideran escribir sobre el tema; los académicos no incorporan hechos de la persecución en su investigación. La vasta mayoría de los abogados evitan los casos de Falun Gong, y los autoproclamados “Abogados Duros de Matar” se rehusan también a representar a Falun Gong. Incluso la gente con mentalidad democrática, disidentes y trabajadores de derechos humanos nunca mencionan el asunto de Falun Gong, como si no tuviera relación con los derechos humanos.

La situación fuera de China no es mucho mejor. Los grandes medios de comunicación no quieren reportar noticias sobre Falun Gong. Los políticos no hablan sobre Falun Gong. Los escritores no escriben sobre Falun Gong. Los académicos no investigan sobre Falun Gong. Incluso un considerable número de organizaciones de derechos humanos son reacias a hablar sobre Falun Gong.

¿Podría ser que no saben la verdad? El problema no sería que no la supieran, sino que no quieren saberla. La campaña de represión nacional de 1999 descendió sobre Falun Gong en un frenesí, utilizando la entera maquinaria de propaganda y prensa de la nación para criticar y demonizar a Falun Gong con mentiras, como el evento montado de la autoinmolación en la Plaza Tiananmen, los falsos reportes de que la enseñanza de Falun Gong prohíbe a los practicantes buscar tratamiento médico, y que los practicantes habían amenazado al gobierno, etc. La propaganda fue y ha sido insidiosa, penetrando todas las organizaciones y corporaciones como también las escuelas primarias y universidades. Recuerdo en ese entonces que trabajaba para mi doctorado en la Universidad de Peking, donde cada estudiante debía entregar un informe escrito sobre su entendimiento personal de Falun Gong. Xu Zhiyong, otro estudiante de doctorado, y yo asistimos a un simposio donde representantes de muchas universidades de Beijing y gente de la comunidad de las artes liberales también asistieron. En el simposio, solo Xu Zhiyong y yo trajimos a colación el tema de la violación del “Estado de derecho” por parte del gobierno al tratar con Falun Gong. Nadie respondió ni comentó el asunto.

Aunque la información sobre Falun Gong fue recibida con el bloqueo continuo más riguroso del Gran Cortafuegos Chino (GCC), los practicantes de Falun Gong han inventado una variedad de programas de fácil uso para romper el GCC. Así que es imposible que la gente que pueda “escalar el muro” no haya tenido contacto con tal información. Los administradores de red responsables de revisar las redes debieron haber sido notificados de que términos tales como “Falun Gong”, “Li Hongzhi” (el fundador de Falun Gong) y “sustracción de órganos en vida” son todos términos delicados. Los abogados deben haber sido notificados de que los casos de Falun Gong son casos delicados. De hecho, incluso sin estas notificaciones, la gente instintivamente sabe que estos términos y temas no se pueden discutir. Según la teoría de la “espiral de silencio”, todos tienen un “órgano cuasi estadístico” similar al “sexto sentido”, así que incluso sin encuestas de opinión pública, la gente aún puede saber cuál es la opinión pública mayoritaria. Como seres sociales, tememos el aislamiento y solemos evitar actividades que nos puedan conducir a la desconexión. Temas altamente delicados como el Tíbet, el conflicto uigur en Xinjiang, la corrupción de los funcionarios chinos, las cárceles negras y la masacre a los estudiantes del 4 de junio, son temas que los chinos y muchos fuera de China no tocan públicamente. En lo más alto de la lista está la persecución a Falun Gong. La gente sabe lo que le pasó a Gao Zhisheng, a Li Hong, a Wang Yonghang y a Liu Ruping. La gente sabe que sus compañeros de clase o vecinos que practican Falun Gong son secuestrados una y otra vez o mueren misteriosamente en centros de lavado de cerebro. La gente sabe que hablar por Falun Gong probablemente tiene como resultado el no poder conseguir un pasaporte, perder el empleo, e incluso ser enviado a campos de trabajo forzado o simplemente desaparecer. La gente sabe que el enfoque más sensato y seguro es “no mirar, no escuchar, no hablar”.

Cambiar el silencio

La chocante realidad de la persecución es el elefante en la habitación: nadie quiere lidiar con eso. En su libro de 2007, The Elephant in the Room: Silence and Denial on Everyday Life (El elefante en la habitación: Silencio y negación en la vida cotidiana),  Eviatar Zerubavel lo explica como una cuestión de “Lo sabemos pero nos damos cuenta de que se supone que no lo sepamos”. Es similar a lo que George Orwell se refirió como “doblepensar” en 1984. En un estado de desesperanza, donde la gente siente que no tiene el poder de cambiar lo que se necesita cambiar, la gente sabe muy bien que ciertas cosas que no se pueden abordar adecuadamente deberían permanecer en lo privado. La gente entiende que Falun Gong es algo que las autoridades chinas no quieren que la gente sepa, y van a llegar a cualquier extremo para silenciar a los que hablen. Así que los chinos conocen bien las palabras: “No digas. No mires. No preguntes. No seas curioso”.

Los chinos saben que la persecución a Falun Gong es en sí misma un tema demasiado catastrófico como para abordarlo. En 2007, cuando trabajaba en el caso de Wang Bo, llegué a apreciar cuán perturbador es en verdad este asunto. Dentro y fuera de la sala de la corte, el aire estaba lleno de hostilidad y tensión. Luego de la audiencia, cuatro oficiales me llevaron y arrojaron fuera de la corte de Shijiazhuang. La calle estaba estaba muy vigilada, en un silencio sepulcral. Tal atmósfera de terror era significativamente más fuerte que cualquier caso de derechos humanos en el que había trabajado previamente. Es fácil imaginar lo sorprendidas y furiosas que se pusieron las autoridades cuando publicamos en internet nuestra bien fundamentada defensa, en la que decíamos que la “Constitución es suprema, la fe no tiene culpa”. Los argumentos de defensa negaban completamente la legitimidad de las autoridades chinas para perseguir a Falun Gong y exponía los crímenes de las autoridades chinas al pisotear brutalmente la libertad religiosa.

Requiere coraje enfrentar la verdad, y esto es cierto para aquellos dentro y fuera de China. El libro del periodista Ethan Gutmann, The Slaughter: Mass Killings, Organ Harvesting and China’s Secret Solution to Its Dissident Problem (El matadero: Asesinatos en masa, sustracción de órganos y la solución secreta de China a su problema de disidentes), expone en gran detalle la verdad sobre la persecución a Falun Gong. Jay Nordlinger, editor senior del National Review, reconoce que le es difícil leer el libro de Gutmann: “Confieso que me salteo ciertas páginas y no miro las fotos…” Recuerdo hasta el día de hoy mi reacción similar al leer el relato franco y perturbador de Gao Zhisheng: ansiedad, depresión, pánico y un intento de negar lo que leía.

La persecución a Falun Gong va más allá de la imaginación humana. Los detalles de la tortura y la crueldad ejercida por los malvados perpetradores son demasiado horribles, y exceden por mucho lo que la mayoría de nosotros puede aceptar. Nuestra primera reacción es siempre el escepticismo. Los informes que salían de la Unión Soviética, escribe Nordlinger, eran desestimados como “rumores (…) los cuentos del Holocausto eran judíos quejándose”. La posibilidad de tales horrores es aterradora.

Este es un momento crítico en nuestra conciencia compartida. Para aceptar los horrores cometidos por el PCCh, queremos pensar que estos eventos son aislados y no reconocerlos como los crímenes masivos que son. ¿De qué otro modo podemos lidiar con las circunstancias que creemos que están fuera de nuestro control?

Sin embargo, la única forma de que termine la persecución a Falun Gong es que todos enfrentemos esta maldad extrema y sufrimiento extremo. No podemos decir que es una ocurrencia rara en la historia. Debemos reconocer la seriedad de los crímenes del gobierno, darle a estos crímenes la debida atención y considerar sus implicancias. Habiendo soportado una tremenda conmoción mental o emocional, nuestros corazones o espíritu se fortalecerán. Los crímenes del PCCh y el sufrimiento de su gente no cesarán de existir porque los ignoremos. Por el contrario, nuestra indiferencia es exactamente el prerrequisito necesario para la arrogancia de los perpetradores.

A veces, solo tenemos que escuchar nuestra voz interior, o reflexionar sobre las cosas que nos rodean con un poco de curiosidad. Un amigo me contó una vez una historia: luego de graduarse de la universidad, viajó de Shandong a Guangdong a buscar trabajo. La unidad de trabajo le pidió que proveyera documentos que verificaran que no tenía antecedentes criminales y que nunca había practicado Falun Gong. Estos documentos eran obligatorios para obtener un pasaporte y para las solicitudes de trabajo. Él nunca había oído de Falun Gong hasta entonces, y no entendía por qué era necesario tener tal prueba, así que “escaló el muro” y se enteró sobre la persecución del gobierno hacia Falun Gong.

Pero revelar públicamente lo que uno sabe no es fácil. Existe el riesgo de que este aparentemente simple acto moral no solo incite la persecución a manos de las autoridades, sino que también resulte en una tremenda presión de la “mayoría silenciosa” visible e invisible. Exponer la verdad echará luz sobre los crímenes del gobierno y al hacerlo interferirá con los intereses de ciertas partes, resaltará la inmoralidad de los que permanecen en silencio y afectará el suave y dulce ritmo de vida que la gente espera mantener. Nos gusta lo que es cómodo y controlable: “Sopa de pollo para el alma”, dulces canciones de cuna y las películas con un final feliz. No nos gusta la sangre y las lágrimas, sufrir y tener que considerar la finalidad que trae la muerte. Pero cuanto más enfrentemos lo incómodo, tanto más preciado es nuestro coraje y mayor relevancia e impacto tendrá la verdad que le contamos a toda la humanidad. En lugares donde el silencio es prevalente, en una era de tiranía y mentiras incontrolables, exponer la verdad no solo es el comienzo de la resistencia, sino precisamente la piedra angular de la sanación y el cambio.

Desmantelar la causalidad inversa

Es parte de la naturaleza humana ver a veces las diferencias en otros con apatía o incluso desprecio. Con la ayuda de la prensa estatal, los practicantes de Falun Gong en China son tratados como enemigos, sectarios, lunáticos y ridículos. Manipulan estos puntos de vista para aliviar la presión psicológica de los malhechores y reducir la responsabilidad moral de las masas silenciosas ¡Algunos incluso culpan a los practicantes de Falun Gong por la persecución! Esta clase de causalidad inversa es lo mismo que responsabilizar a los estudiantes y ciudadanos desarmados por la masacre de la Plaza Tiananmen.

Al usar a los medios de comunicación y a su poder para influenciar a la comunidad internacional, el PCCh ha manipulado cómo percibe a la nación la gente dentro y fuera de China. En consecuencia, la gente se maravilla por los magníficos rascacielos y superautopistas de China, los ingresos en aumento de una población que solía ser pobre, la destreza y habilidad de los medallistas olímpicos de la nación y los simulacros del gobierno de honrar la cultura tradicional a través de los muchos institutos Confucio que brotan por todo el mundo. Los temas delicados son desestimados o malentendidos convenientemente por el gobierno.

Aunque el PCCh –y esto incluye al autor intelectual de la persecución, el ex jefe del gobierno chino Jiang Zemin, y Zhou Yongkang, quien fue un alto funcionario del PCCh y de la Oficina 610– obviamente tiene la mayor responsabilidad por la persecución a Falun Gong, el silencio del mundo, esta vergonzosa co-conspiración, carga con la misma ineludible responsabilidad moral. Sin los cientos de millones de personas que han participado en esta “conspiración de silencio”, hubiera sido casi imposible que el asunto de Falun Gong se volviera el elefante más grande en el mundo.

Elie Wiesel dijo que Auschwitz es “no solo una realidad política, sino también un hecho cultural”, y por sobre todo, es “el vértice del desdén irracional y el odio”. Lo mismo es cierto con la persecución a Falun Gong. Los hechos del Holocausto nazi han sido revelados al mundo, los perpetradores han sido castigados y la gente le ha dado a este episodio de nuestra historia compartida una cantidad invaluable de reconocimiento y valor. Aún así, las acciones barbáricas del PCCh, con las formas medievales de tortura y los campos de concentración similares a los de la era nazi, siguen aún descontrolados en la China de hoy. La persecución a Falun Gong continúa, los perpetradores siguen libres y la violencia persiste. Demasiada gente hace oídos sordos y la vista gorda, ¡sin entender que nuestro silencio e indiferencia nos hace actuar como conspiradores de estas escandalosas atrocidades! Debemos recordar que pagamos el precio por nuestras acciones y también por nuestras inacciones. Las palabras de Martin Luther King Jr. son un importante recordatorio: “El día en que vemos la verdad y dejamos de hablar es el día en que comenzamos a morir”.

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