‘Una perversa persecución sin precedentes’- Capítulo Siete: Perseguir a los pacíficos: Una respuesta política

Por Edward Mcmillan-Scott
29 de Agosto de 2019 Actualizado: 29 de Agosto de 2019

La Gran Época se enorgullece de republicar “Una perversa persecución sin precedentes: Un genocidio contra lo bueno de la humanidad” (eds. Dr. Torsten Trey y Theresa Chu. 2016. Clear Insight Publishing). El libro ayuda a entender la sustracción forzada de órganos en China al explicar la raíz de esta atrocidad: el genocidio cometido por el régimen chino contra los practicantes de Falun Dafa, también conocido como Falun Gong.

En 2006, Beijing se preparaba para ser anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2008, y yo estaba visitando la ciudad en mi calidad de Vicepresidente del Parlamento Europeo para los Derechos Humanos y la Democracia. China se estaba preparando para demostrarle al mundo que era una potencia mundial responsable que había progresado económica y políticamente. Liu Jingmin, vicepresidente del Comité de Candidatura Olímpica de Beijing, había dicho que permitir que Beijing fuera la sede de los Juegos “contribuiría al desarrollo de los derechos humanos”. En una lúgubre habitación de hotel con las cortinas cerradas, aprendí la verdad detrás de la fachada de progreso de China.

En realidad, China había endurecido su represión de la disidencia política y religiosa antes de los juegos. Los practicantes de Falun Dafa –una práctica espiritual pacífica que combina la meditación con la cultivación de las virtudes esenciales  ‘Verdad, Benevolencia y Tolerancia– han sido brutalmente reprimidos desde 1999, cuando el Partido Comunista Chino (PCCh) temió que el movimiento se convirtiera en una fuerza organizada que pudiera amenazar al Partido. Me enteré de que el régimen chino había caído en el genocidio.

Los que conocí en 2006 –algunos exprisioneros de conciencia, reformistas y disidentes– me contaron la brutal persecución que ellos y sus familias habían sufrido a manos del PCCh. Hablé con Niu Jinping, que había estado dos años en prisión por practicar Falun Dafa. Su esposa Zhang Lianying seguía en prisión y él estaba a cargo de cuidar a su hija de dos años. La última vez que vio a su esposa, todo su cuerpo tenía hematomas por las repetidas palizas que había recibido cuando los torturadores trataban de hacerla denunciar a Falun Dafa. Después de su liberación de la prisión, me envió una lista de “50 pasos de tortura” que los guardias de la prisión utilizaron para tratar de hacerla renunciar a Falun Dafa. La paliza que sufrió fue tan severa que cayó en coma mientras estaba en prisión.

Lo más horrible fue que los hombres confirmaron lo que yo solo había escuchado susurrar hasta entonces: el régimen chino estaba sustrayendo por la fuerza los órganos de los practicantes de Falun Dafa encarcelados, para venderlos en la floreciente industria del trasplante de órganos. Cao Dong, que también había estado encarcelado por practicar Falun Dafa, me dijo con lágrimas en los ojos que vio el cadáver de su amigo –un compañero practicante– en el hospital de la prisión con agujeros donde se le habían extirpado los órganos.

Al mes siguiente, el exparlamentario canadiense David Kilgour y el abogado de derechos humanos David Matas publicaron un informe en el que se examinaban las acusaciones de extracción forzada de órganos a practicantes de Falun Dafa que habían sido encarcelados –el primero de su tipo. El informe concluía de manera sombría que “ha habido, y continúa habiendo, la toma por la fuerza a gran escala de órganos de practicantes de Falun Gong sin su consentimiento”. Un año después, Manfred Nowak, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Tortura, publicó un informe que corroboraba las conclusiones de Kilgour y Matas. Declaró que: “La extracción de órganos fue infligida a un gran número de practicantes de Falun Gong sin su consentimiento, en una amplia variedad de lugares con el propósito de poner a disposición órganos para operaciones de trasplante”.

Después de mis reuniones en Beijing, todos los que conocí fueron detenidos por el PCCh. Algunos desaparecieron, otros fueron torturados. En aquel momento, los líderes nacionales europeos no hicieron ninguna declaración, temerosos de ofender a la creciente superpotencia económica.

Desde entonces, la actitud del mundo hacia China ha cambiado. En el período previo a los Juegos Olímpicos de 2008, encabecé un boicot internacional a los Juegos en vista de las repetidas violaciones de derechos humanos por parte de China. Varias figuras de alto perfil se unieron al boicot. El director de cine estadounidense Steven Spielberg y el príncipe Carlos del Reino Unido se negaron a asistir a la ceremonia, al igual que el Presidente del Parlamento Europeo, el Presidente de la Comisión Europea y el Comisionado de Asuntos Exteriores de la UE. El artista de renombre internacional Ai Weiwei –quien codiseñó el estadio  ‘Nido de Pájaro’ donde se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos– expresó su apoyo al boicot, calificando al régimen de su país natal de “repugnante”.

He seguido haciendo campaña a favor de la reforma en China. En el Parlamento Europeo, los miembros han adoptado varias resoluciones que piden a China respetar los derechos humanos y poner fin a la brutal persecución a Falun Dafa. He organizado varios eventos de alto perfil para mantener el foco en este tema. En enero de 2013, recibí en el Parlamento a Enver Tohti, un excirujano de China que dio un poderoso testimonio describiendo cómo había sido forzado a extirpar los órganos de un prisionero ejecutado mientras aún estaba vivo.

El Parlamento mantiene una presión constante sobre la jefa de política exterior de la UE, Catherine Ashton, para que plantee cuestiones de derechos humanos y diálogos comerciales con China. De hecho, la promoción del comercio y de los derechos humanos no tiene por qué ser mutuamente excluyente; Alemania experimentó un crecimiento explosivo en el comercio con China durante la última década, pero también adoptó un enfoque sólido con respecto a los derechos humanos.

Estados Unidos también se ha vuelto mucho más crítico con China y su desprecio por los derechos humanos. En vísperas del 24º aniversario de la masacre de la Plaza de Tiananmen, donde miles de manifestantes fueron brutalmente reprimidos por el PCCh, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió una declaración en la que pedía al régimen chino que pusiera fin al hostigamiento de los participantes y reivindicara a las víctimas. El Congreso de Estados Unidos también está adoptando una postura más firme. Antes de la visita de Obama a China en junio, el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, Robert Menéndez, escribió una carta abierta al presidente Obama, instándole a plantear la cuestión de las continuas violaciones de los derechos humanos en China, incluida la persecución a Falun Dafa por parte del gobierno.

Las palabras duras en general fueron acompañadas de acciones duras. A principios de 2011, el disidente chino ciego Chen Guangcheng escapó del arresto domiciliario del PCCh y viajó a la embajada de Estados Unidos en Beijing. Para gran disgusto de China, se le dio refugio en la embajada de Estados Unidos y recibió apoyo en su batalla contra el gobierno chino. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China se opuso a la intervención de EE.UU. en el caso Chen, exigiendo una disculpa y advirtiendo a EE.UU. que no interfiera de nuevo en los asuntos internos de China de esta manera. Chen Guangcheng vive ahora como un hombre libre en Estados Unidos con su esposa e hija, y el vacío de las amenazas de China se ha hecho evidente.

Para mantener el impulso de los derechos humanos en China, Chen Guangcheng y yo hemos lanzado una alianza transatlántica sobre derechos humanos y democracia en Washington y Bruselas. El Proyecto de Defensa de las Libertades, en asociación con Amnistía Internacional y ChinaAid, hace un llamamiento a los miembros del Parlamento Europeo y a los congresistas estadounidenses para que adopten y apoyen en nombre de los prisioneros de conciencia de todo el mundo; en la lista figuran varios prisioneros de conciencia chinos de alto nivel. Gao Zhisheng, el abogado cristiano de derechos humanos que asumió la causa de Falun Dafa en 2005 –y que permaneció muchos años en prisión– es mi elección.

En el lanzamiento de la iniciativa en Washington, tuve el privilegio de volver a ver a mi viejo amigo Niu Jinping, a quien no había visto desde nuestra reunión inicial en la habitación del hotel de Beijing en 2006. Al igual que Chen, ahora disfruta de la vida como un hombre libre con su familia en Estados Unidos, pero también continúa su lucha por una China libre y justa. Al parecer, su esposa Zhang Lianying se había recuperado completamente de los horrores que experimentó a manos del PCCh.

A lo largo de la historia, no hubo un solo régimen autoritario que al final no se haya derrumbado. El apoyo político internacional puso de manifiesto las grietas en el sistema de represión brutal de China. El apoyo continuo y reforzado a las personas acosadas, encarceladas y torturadas por el régimen chino les ayudará en su lucha por los derechos y libertades básicos que muchos dan por sentado. No debemos vacilar ahora.

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