Una voz para las mujeres que experimentan infertilidad

Por ANDREW THOMAS
19 de Noviembre de 2019 Actualizado: 19 de Noviembre de 2019

Muchas mujeres y hombres sueñan con tener hijos, pero desafortunadamente existen ocasiones en las que una pareja puede tener dificultades para concebir. Emily Adams y su esposo intentaron desesperadamente que Emily se embarazara, pero con el tiempo sus perspectivas se hicieron cada vez menos probables. En un esfuerzo por ayudar a otras mujeres que luchan por concebir, Adams se embarcó en un viaje literario para ayudar a las mujeres y ser una voz para aquellas que luchan contra la infertilidad.

Emily Adams tiene 32 años y vive con su esposo en Junction City, Kansas. Ella y su esposo se casaron cuando ambos tenían 21 años. De hecho, tanto ella como su esposo nacieron el mismo día y el mismo año.

Adams y su esposo hablaron sobre cuánto querían tener hijos cuando se conocieron. En 2009, la pareja comenzó a tratar de concebir a los 22 años.

A los siete meses de intentarlo, se dieron cuenta de que  tenían problemas para embarazarse. Dos meses después, el médico les informó que iban a tener dificultades para lograr tener un hijo. Lógicamente, Adams fue sacudida por la noticia.

“Sentí que me había caído repentinamente de un acantilado cuando pensé que estaba a punto de subir una colina”. Todo cambió. Como siempre quise ser madre, era como si mi identidad se hubiera ido”, dijo a La Gran Época.

Infertilidad y consuelo

Un par de semanas después de recibir las noticias, Adams fue a su librería local favorita para encontrar algún tipo de consuelo. Como tanto ella como su esposo eran estudiantes, no podían pagar la terapia. Tampoco tenía amigos cercanos para hablar, por lo que pensó que podría encontrar un libro que la ayudara.

Cuando fue a la librería encontró numerosos libros sobre el embarazo, el parto y la crianza de los hijos. Sin embargo, no había un solo libro sobre infertilidad. Ella había traído una lista de títulos que había investigado en línea y se la dio al empleado.

“Recuerdo estar tan avergonzada porque todos los libros de la lista trataban sobre la infertilidad, y se sentía como una confesión”, dijo Adams.

Emily Adams y su esposo siempre habían querido tener hijos. (Cortesía de Emily Adams)

El empleado dijo que la tienda no tenía ninguno de los libros, pero que potencialmente podrían ordenarlos de manera especial. Pero Adams sintió que ya había alcanzado un punto de quiebre emocional.

“En ese momento dije que no, gracias, y me fui. Me sentía tan desconsolada, y muy sola. Pensé que tal vez nadie se siente igual que yo”, recordó Adams

Adams siempre había querido ser escritora, y su experiencia en la librería local le hizo darse cuenta de que necesitaba escribir el libro que ella y otras mujeres en la misma situación necesitaban para sentir empatía y comodidad.

Empatía y Emoción

Cuando Adams contempló escribir su libro, descubrió que la mayoría de los libros sobre el tema de la infertilidad eran científicos y no existía alguno de cómo lidiar emocionalmente con esa condición. Quería escribir un libro con el que sus lectores pudieran empatizar a nivel emocional; quería escribir un libro que inspirara esperanza.

Adams tuvo días buenos y días malos durante el tiempo que escribía su libro, mientras tanto continuaba recibiendo su tratamiento de fertilidad. Si bien algunos días fueron catárticos y ella mantuvo la esperanza, cada visita a su consulta de fertilidad resultaba en más malas noticias.

Cuando Adams finalmente comenzó a escribir su libro, comenzó escribiendo un poema titulado “Suficiente Fe”.

“Es el dolor en mi estómago lo que me despierta.
La sangre volvió a aparecer, a pesar de mi esperanza de sanación.
Mientras descanso al lado de mi dormido esposo,
los escritos arden en mi mente
de los ciegos viendo,
de los cojos caminando
y los muertos resucitando.
Creo en cada milagro tan profundamente:
los versos se sienten como memorias
de lodo en mis párpados justo antes de la visión;
de una mano callosa —aún sin cicatrices— que me levantaba;
de mi corazón deteniéndose, luego comenzando con Su orden.
Siento el asunto de la sangre, pegajosa y cálida,
diciéndome: una vez mas no tienes hijos.
Por debajo del manto, extiendo mi mano.
Si puedo tocar su vestidura, seré sanada. Lo sé.
Mis dedos se esfuerzan hacia el roto doblez a dos mil años de distancia”.

Emily Adams y sus gemelos. (Cortesía Emily Adams)

Adams escribió este poema porque estaba haciendo todo lo posible y poniendo mucha fe en su capacidad de concebir. Al mismo tiempo, se dio cuenta de que su sueño de convertirse en madre podría estar muy lejos. Este poema finalmente se convirtió en el catalizador de su libro titulado “Para aquellos con los brazos vacíos: una voz compasiva para quienes experimentan infertilidad”.

Mientras Adams trabajaba en su libro, continuó sometiéndose a una variedad de tratamientos de fertilidad. Ella probó la inseminación intrauterina (IUI) y pruebas de diagnóstico para determinar cuándo estaba ovulando. Sin embargo, todos sus tratamientos finalmente no tuvieron éxito y la posibilidad de concebir se hizo cada vez menos probable.

“Se hizo cada vez más difícil”, recordó Adams. “Cuando comienzas a descartar los tratamientos que podrían ser exitosos y comienzas a darte cuenta de que las opciones son cada vez menores, eso resulta muy desalentador“.

Convertirse en una voz

Adams y su esposo comenzaron a hundirse en una depresión severa a medida que sus opciones se volvían cada vez más limitadas. Adams luchaba por quedarse dormida por la noche, y su esposo le acariciaba su espalda en un intento de calmarla. Mientras tanto, su esposo luchaba por despertarse y ella igualmente acariciaba su espalda para ayudarlo a salir de la cama. Hicieron todo lo posible para hacerse saber que se amaban incondicionalmente.

Mientras Adams y su esposo se preparaban para el tratamiento de fecundacion in vitro (FIV), ella presentaba su manuscrito. Adams sintió que incluso si este tratamiento no funcionara, al menos su libro ayudaría a otros que habían pasado por la misma experiencia. Sin embargo, justo antes de que su libro fuera lanzado, se enteró de que había quedado embarazada de gemelos. Fue en el día del padre de 2014.

“Fue un cambio de roles completo, y fue realmente impactante”, recordó Adams.

Adams dio a luz a dos gemelos sanos en el 2015. Sus gemelos ahora tienen cuatro años. Después de tanta agitación, Adams experimentó una avalancha de emociones.

Los gemelos recién nacidos de Emily Adams. (Cortesía de Emily Adams)

“También fue muy surrealista. En ocasiones pensaba ¿Eso realmente sucedió? ¿Realmente tuve hijos? ¿Este bebé que tengo aquí es realmente mío?”, recuerda haber pensado. Mientras estaba eufórica de haberse convertido en madre, sintió que podría parecer hipócrita al haber publicado su libro sobre ser una voz para aquellos experimentando infertilidad.

Sin embargo, se dio cuenta de que no era hipócrita dar consuelo a quienes luchaban por quedar embarazadas cuando obtuvo respuestas positivas y se dio cuenta de que estaba ayudando a las personas.

“Simplemente me levantó el alma y me ayudó a darme cuenta de que estaba cumpliendo con lo que quería hacer desde ese día en la librería”, afirmó Adams.

Los gemelos de Emily Adams jugando. (Cortesía de Emily Adams)

Esta pareja se mantiene unida a pesar de las dificultades

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