Wi-Fi en las escuelas: Experimentando con la próxima generación

Los sistemas inalámbricos comerciales exponen a los niños niveles de radiación más altos de la nación
Por Conan Milner
28 de Octubre de 2020
Actualizado: 28 de Octubre de 2020

Internet ha liberado el conocimiento humano. Nunca antes había sido tan fácil aprender tanto. Por supuesto, también nos ha ahogado en la distracción y creado un caldo de cultivo para virus y desinformación, pero si algo se rescata del Internet es su liberación de la educación.

Cuando se trata de acceder a este océano de información, tenemos dos opciones básicas: por cable o por Wi-Fi. La gran mayoría de las escuelas han abrazado la revolución inalámbrica. Es fácil ver por qué. Comparado con el Internet por cable, la tecnología inalámbrica es más simple, más económica y más rápida para instalar en las escuelas.

Hoy en día, los estudiantes están cambiando cuadernos y libros de texto por portátiles, teléfonos celulares, iPads y todo tipo de dispositivos “inteligentes” conectados a una potente infraestructura inalámbrica que permite utilizarlos prácticamente en cualquier lugar del recinto escolar.

Pero esa red inalámbrica viene con una devastadora desventaja. Los médicos y científicos dicen que los estudiantes y profesores que asisten a estas escuelas están arriesgando su salud.

Peligros de la radiación

El Dr. Martin Pall, profesor emérito de bioquímica y ciencias médicas básicas de la Universidad del Estado de Washington, expuso un grave caso sobre los peligros que esto conlleva en su artículo: “El Wi-Fi es una importante amenaza para la salud humana“, publicado en la edición de julio de 2018 de Environmental Research.

“La instalación de Wi-Fi en las escuelas de todo el país puede ser una amenaza de alto nivel para la salud de nuestros niños, así como una amenaza para los profesores y cualquier feto muy sensible que las profesoras puedan llevar, también”, escribe Pall.

Dado que el Wi-Fi se encuentra en todas partes, desde casas privadas a espacios públicos, la alarmante afirmación de Pall parece difícil de comprender. Y sin embargo su evidencia es convincente: 23 estudios científicos controlados demuestran numerosos efectos adversos a la exposición a la radiación de Wi-Fi. Hay docenas de estudios más sobre los daños del Wi-Fi, que no se incluyeron en el documento.

La radiación inalámbrica se ha convertido en algo común a pesar de la evidencia del daño que genera. Estudios que se remontan a varias décadas atrás demuestran problemas de salud asociados con la exposición. Algunas de las pruebas más contundentes se obtuvieron el año pasado a partir del informe final de un estudio de 30 millones de dólares, de 19 años de duración, financiado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. La investigación fue realizada por el Programa Nacional de Toxicología (NTP), la agencia federal encargada de probar las toxinas, y fue diseñada para dar la última palabra sobre si la radiación inalámbrica es perjudicial. Este mostró claras evidencias de cáncer y daños en el ADN relacionados con el uso de teléfonos celulares.

Riesgo concentrado

Las escuelas son particularmente preocupantes, según expertos, porque allí se encuentra la concentración más intensa de radiación inalámbrica en la actualidad. Los sistemas Wi-Fi que las escuelas han adoptado son mucho más completos que el Wi-Fi de una casa o una cafetería promedio. Estos sistemas de grado comercial utilizan varios enrutadores o “puntos de acceso” en toda la clase, a menudo en el techo sobre las cabezas de los estudiantes. Si a esto le sumamos la radiación que emiten todos los dispositivos inalámbricos que utiliza cada estudiante, descubrimos que los niños pasan hasta siete horas al día en una espesa sopa de electro-smog.

Peor aún, las personas que colocamos en este notablemente concentrado campo de radiación inalámbrica son más vulnerables a ella. En comparación con los adultos, los niños son más pequeños y tienen cráneos más pequeños y delgados, por lo que la radiación penetra más fácilmente y llega a partes más grandes del cerebro. También es preocupante, dado que los sistemas inmunológico y nervioso de los niños todavía se están desarrollando. Además, las células de los niños se dividen a un ritmo más rápido, lo que aumenta el riesgo de mutaciones que pueden conducir al cáncer.

Según Pall, estos factores hacen que los niños sean más susceptibles a los procesos de enfermedad que la radiación inalámbrica ha demostrado sistemáticamente que genera: estrés oxidativo (que puede conducir al cáncer y a condiciones no cancerosas, así como a daños en el ADN), daños en el esperma y en los testículos, efectos neuropsiquiátricos, muerte celular, cambios en el sistema endocrino y sobrecarga de calcio.

Evidencia de enfermedad

Estos procesos de enfermedad no son meramente teóricos. Los estudios epidemiológicos realizados por el Dr. Lennart Hardell, oncólogo del Hospital Universitario de Orebro en Suecia, mostraron que los niños expuestos a esta radiación son más propensos a desarrollar cáncer y a hacerlo más rápidamente.

Otros médicos y científicos dicen que la exposición es probablemente un factor que contribuye de manera significativa al aumento de las tasas de otras enfermedades infantiles. El Dr. Hugh Taylor, profesor y catedrático de obstetricia, ginecología y ciencias de la reproducción de la Universidad de Yale, demostró que la exposición del feto a la radiación inalámbrica afecta el desarrollo neurológico y el comportamiento y puede provocar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD) —una afección que se ha duplicado en los últimos 10 años.

La profesora de la Escuela de Medicina de Harvard y neuróloga pediátrica del Hospital General de Massachusetts, la Dra. Martha Herbert, argumenta de forma convincente que el incremento de los trastornos del espectro autista también puede estar relacionado con nuestro aumento de la exposición a la radiación inalámbrica.

El reporte de Herbert de 60 páginas del año 2012 no proporciona evidencia de la causa, pero sí revela varias similitudes entre los síntomas que se sabe que ocurren con la radiación inalámbrica y las manifestaciones biológicas en el autismo, como estrés celular, daño a los tejidos, desdoblamiento de las proteínas y lesión de las membranas.

Herbert describe el autismo, no como una condición de un cerebro roto, sino de un cerebro que tiene dificultades para regularse a sí mismo. Y cree que si tal cerebro es atrapado en una nube de radiación inalámbrica, se enfrenta a un factor perturbador, haciendo aún más difícil que el comportamiento y la biología se equilibren.

Mientras los cerebros de los niños con autismo pueden ser más vulnerables a la radiación electromagnética, Herbert dice que todos los cerebros están a merced de su influencia.

“Realmente me preocupa el cerebro de las personas”, dijo Herbert. “No es una broma tener esta cosa metiéndose en estas tres libras de delicada estructura gelatinosa en nuestras cabezas que hace estas cosas increíbles. No fue hecho para este nivel de exposición”.

Neurología electromagnética

Herbert explica que, al igual que nuestros dispositivos inalámbricos, nuestro cerebro se comunica con señales electromagnéticas. De hecho, a medida que nuestros instrumentos se han vuelto más sensibles, los científicos han descubierto que cada célula de nuestro cuerpo utiliza la señalización electromagnética.

Ahora que vivimos en un mundo inalámbrico, donde todos caminamos en un campo de radiación electromagnética casi todo el tiempo, Herbert cree que hay suficiente apoyo científico para argumentar que esta influencia podría ser un importante contribuyente a la degradación de la función químico-eléctrica óptima de nuestros cuerpos, desintonizando así nuestros cerebros y sistemas nerviosos.

Antiguamente el autismo se consideraba estrictamente una anormalidad genética. Pero a medida que el conocimiento de la condición ha ido aumentando, los investigadores han descubierto un panorama más complejo, en el que una serie de influencias ambientales han mostrado un impacto en la expresión de los genes.

Esto significa que en lugar de una pistola humeante ligada a esta condición de rápido crecimiento (la última estimación de los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos es que 1 de cada 40 niños tiene autismo, en comparación con 1 de cada 166 en 2005), es probable que hayan muchos factores. Se ha demostrado desde hace tiempo que los productos químicos tóxicos, por ejemplo, afectan al desarrollo del cerebro del feto.

Pero Herbert sostiene que, debido a la naturaleza eléctrica de nuestros cuerpos, la radiación inalámbrica puede crear más trastornos que los químicos tóxicos.

“Cuando se tiene una exposición a un tóxico, este puede afectar al cerebro, pero tiene que pasar por vías metabólicas que pueden influir en el electromagnetismo para poder hacerlo”, dijo Herbert. “Pero cuando se tiene radiación electromagnética, es un tiro directo. Es el mismo lenguaje, así que puede ser más inmediato”.

Enfermedad adquirida en las escuelas

Dafna Tachover es una antigua funcionaria de telecomunicaciones que se convirtió en abogada y defiende a las personas perjudicadas por la radiación inalámbrica. Su demanda en la Corte Suprema de Israel llevó a establecer los primeros límites de Wi-Fi en las escuelas de todo el mundo. Tachover mostró pruebas de 200 niños enfermos por el Wi-Fi en solo seis escuelas.

Ahora en Estados Unidos, Tachover dice que cada semana varios padres la contactan con niños que se han enfermado a causa del sistema inalámbrico de su escuela. Dice que los síntomas más comunes incluyen dolores de cabeza, aumento de la sensibilidad al ruido, hemorragias nasales, problemas de concentración y memoria, náuseas, agotamiento e hiperactividad.

“Desafortunadamente, estos daños no son potenciales sino existentes, y a una escala epidémica”, dijo Tachover.

La enfermedad aguda o crónica que resulta de la radiación inalámbrica se conoce como sensibilidad electromagnética. Es la misma enfermedad que la Marina de Estados Unidos denominó “enfermedad de las microondas” cuando los soldados que estaban trabajando con tecnologías como el radar durante largos períodos de tiempo presentaron los mismos síntomas. La enfermedad recibe su nombre por las frecuencias de microondas que alimentan la tecnología inalámbrica. Aquellos que contraen la enfermedad de las microondas no pueden estar en presencia de radiación inalámbrica sin síntomas dolorosos y a veces debilitantes.

Tachover trabaja con una niña de 13 años de Oregón cuyo escritorio estaba directamente debajo del router Wi-Fi del aula. Después que desarrolló la enfermedad de las microondas, sus padres la inscribieron en una escuela privada Waldorf, porque es una de las pocas escuelas que no usan Wi-Fi.

En algunos casos, los padres se ven obligados a educar a sus hijos en casa porque no pueden acceder a las escuelas sin Wi-Fi. En otros casos, los niños enfermos se ven obligados a adaptarse.

Tachover dice que una pareja de esposos tiene dos hijos que desarrollaron la enfermedad de los microondas. La madre instó a la escuela de sus hijos a instalar Internet en las aulas mediante un cableado duro e incluso se ofreció a pagar por el servicio, pero la escuela se negó. Como resultado, sus hijos solo pueden asistir a la escuela unas pocas horas a la semana.

“Cuando están en el ambiente Wi-Fi experimentan dolores de cabeza, problemas de concentración, alergias en la piel e hiperactividad”, dijo Tachover.

Riesgo para los profesores

La enfermedad de las microondas puede afectar también a los profesores que trabajan con Wi-Fi. Laurie Brown, una maestra del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), dice que no sabía nada sobre los impactos en la salud de la tecnología inalámbrica hasta que su escuela instaló un sistema de Wi-Fi de grado comercial en abril de 2015. Hoy en día, dice que el daño causado por esta tecnología es imposible de ignorar.

“Teníamos Wi-Fi antes, pero el sistema mejorado ahora tenía dos puntos de acceso en cada aula, agregando un total de 190 puntos de acceso a la escuela, que incluyen potenciadores adicionales para prevenir cualquier pérdida de conectividad”, dijo Brown. “Todo esto fue para las pruebas de Common Core, y la enseñanza del siglo 21”.

Durante las pruebas de Common Core, cada uno de los estudiantes de Brown usó una laptop inalámbrica (Chromebook) para acceder a este nuevo sistema. Tan solo dos horas después, en este nuevo entorno de alta tecnología, Brown comenzó a sentir varios síntomas: hormigueo y ardor en la piel, problemas respiratorios y un aumento de la frecuencia cardíaca. Sus tobillos comenzaron a picar y sus conductos nasales comenzaron a hincharse.

Los síntomas empeoraron y en poco tiempo Brown apenas podía pasar el día. Antes del nuevo sistema Wi-Fi, Brown rara vez se enfermaba y había ahorrado cerca de 800 horas de tiempo libre por enfermedad. Pero después de la instalación del nuevo equipo, estaba enferma todo el tiempo. Al final del año escolar, Brown estaba fuera al menos dos días a la semana.

“Empecé a sentirme horrible”, dijo. “Regresaba a casa de la escuela sintiéndome tan mal. Nunca fui una persona con dolor de cabeza, y ahora tenía todos esos dolores de cabeza tan extraños”.

Brown sabe de al menos 10 profesores y funcionarios que se quejaron de síntomas que atribuyeron al Wi-Fi de la escuela. Dos se retiraron, uno de otra escuela renunció, y al menos tres (incluyendo a Brown) presentaron una demanda por lesiones de compensación laboral ante el LAUSD. Inicialmente todas las demandas fueron denegadas.

Brown ahora está en una licencia por discapacidad, pero preferiría recuperar su antigua vida. Hoy en día, si alguien está usando un teléfono celular cerca de ella, los síntomas inflamatorios de Brown, así como otros síntomas en ocasiones debilitantes, pueden regresar rápidamente.

“Es abrumador y es triste porque impide disfrutar la vida y de su estilo de vida”, dijo. “Soy alguien complaciente, me gusta agradar y fácil de llevar. No era una persona de alto mantenimiento. Me hace sentir incómoda en mi piel sentir que estoy incomodando a los demás”.

Para las escuelas que están dispuestas a hacer adaptaciones, sus vidas han dado un giro. Las apelaciones a través de la Ley de Estadounidenses con Discapacidades han hecho que algunas escuelas retiren los routers de Wi-Fi en las aulas donde hay enfermos de las microondas, incluso se ha extendido el retiro de los routers a las aulas vecinas cuando todavía ejercen una influencia.

La maestra Sheila Reavill contrajo la enfermedad de los microondas, pero convenció a su escuela que cableara el acceso a Internet y conectara las computadoras portátiles con un adaptador. No hay Wi-Fi o Bluetooth en la clase de Reavill, y los niños que llevan teléfonos celulares los apagan cuando están en el aula.

“Dice que no solo se siente mejor en el aula, sino que sus alumnos están más tranquilos y pueden concentrarse mejor”, dijo Tachover.

Expertos han visto los peligros de las instalaciones de Wi-Fi en las escuelas, incluso antes que se realizaran. En 2013, Herbert escribió una carta de advertencia al LAUSD, citando los miles de documentos que se han acumulado a lo largo de décadas y que documentan los impactos adversos en la salud y en la neurología de la radiación de frecuencia electromagnética y radiofrecuencia (EMF/RFR).

“Los EMF/RFR de Wi-Fi y torres celulares pueden ejercer un efecto desorganizador en la capacidad de aprender y recordar, y también pueden ser desestabilizadores para la función inmune y metabólica”, escribió Herbert. “Esto hará que sea más difícil para algunos niños aprender, particularmente aquellos que ya tienen problemas en primer lugar”.

La carta se hizo viral, pero el distrito escolar no le prestó mucha atención.

“¿Saben quiénes reaccionaron? Los bomberos”, dijo Herbert. “Tenían un problema donde ponían torres de celdas justo detrás de todas las estaciones de bomberos. Así que, ¿adivinen qué? Todos los bomberos se estaban enfermando”.

Presionando el cambio

A medida que más personas toman conciencia de los peligros asociados con la radiación inalámbrica y el Wi-Fi en las escuelas, surgen esfuerzos de los sindicatos de maestros, organizaciones de padres y grupos de médicos para abordar el problema.

Una solución ampliamente propuesta es que las escuelas adopten sistemas con cables. Esto permitiría a los estudiantes tener un acceso más confiable a Internet de alta velocidad pero sin la radiación de microondas. El costo sería solo ligeramente superior al de un sistema inalámbrico.

Mientras que instalar un sistema alámbrico significaría un mayor costo inicial, podría ahorrar millones de dólares a las escuelas a largo plazo, además de proteger la salud de los niños que asisten a estas escuelas. Tachover dice que la mayoría de las escuelas no están aseguradas por los efectos en la salud relacionados con la radiación inalámbrica porque la mayoría de las compañías de seguros aprendieron la lección del tabaco y el amianto y han hecho una exclusión con respecto a la tecnología inalámbrica.

Algunos cambios pueden venir en forma de nuevas leyes. En Massachusetts, siete proyectos de ley han apuntado recientemente al tema de la tecnología inalámbrica en un puñado de escuelas.

Deb Mayer dirige el capítulo de Oregón de Parents Across America (PAA). Su organización introdujo tres proyectos de ley en la legislatura estatal que apuntan a la creciente exposición de los niños a la radiación inalámbrica.

“No estamos en contra de la tecnología. Estamos en contra del uso inseguro e irresponsable”, dijo Mayer.

Un proyecto de ley propuesto permitía a los padres cautelosos con el Wi-Fi elegir una alternativa para sus hijos, y pedía que los niños tuvieran un receso para que tuvieran la oportunidad de moverse en el mundo físico durante alguna parte de su día. Otro proyecto de ley pedía que se etiquetara adecuadamente la tecnología inalámbrica. En el manual del teléfono móvil se encuentran muy bien enterrados los consejos para usar el dispositivo de forma más segura. El proyecto de ley pedía que estos consejos fueran más explícitos con etiquetas de advertencia claras para que los consumidores se tomaran más en serio la seguridad.

Ninguno de estos proyectos de ley fue aprobado.

Sin embargo, un tercer proyecto de ley propuesto (283) sí se aprobó. Este se centró en una mejor comprensión pública del impacto biológico de los dispositivos inalámbricos. Exige que las escuelas públicas y privadas distribuyan información sobre los posibles riesgos para la salud de la tecnología de redes inalámbricas a los empleados, estudiantes y padres o tutores. También requiere que la Autoridad Sanitaria del Estado examine estudios revisados por homólogos y financiados independientemente sobre los efectos de la exposición a la radiación de ondas microondas en las escuelas y entornos similares, en particular la exposición resultante del uso de tecnologías de redes inalámbricas. A continuación, pide a la Autoridad Sanitaria que cree directrices basadas en este examen.

Mayer dice que el estudio que exige el proyecto de ley 283 debió salir en julio. Pero debido a complicaciones por la COVID-19, fue pospuesto hasta enero de 2021.

“No abordamos el tema de los 5G en ninguno de los proyectos de ley que presentamos, pero eso se ha convertido en el tema más candente en este momento. Nos gustaría hacer algo al respecto pronto”, dijo Mayer.

Cualquiera que sea la forma que tome la legislación, Mayer dice que el mayor desafío es lograr que las escuelas, los legisladores y el público traten el tema con la gravedad que se merece.

“Hacer que la gente crea que lo que decimos es real y verdadero es realmente una carga pesada porque no quieren pensar que hay una desventaja en sus dispositivos”, dijo Mayer. “Y especialmente no quieren pensar que dar dispositivos a sus hijos es algo malo”.

Herbert dice que otra razón por la que la gente puede resistirse a ver este problema es que toda esta radiación inalámbrica puede estar afectando nuestro criterio.

“Su criterio está intrínsecamente apagado cuando su función cerebral está alterada de alguna manera. Podría perder cosas, perder distinciones, o estar desorganizado de maneras que no se dan cuenta hasta que salen de ellas. Tal vez nunca salgan de eso”, dijo Herbert. “Solo algo para contemplar mientras tratamos de ver nuestra creciente exposición a las ondas electromagnéticas”.


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