Xi Jinping defiende el ganso de oro en Davos

18 de Enero de 2017 Actualizado: 18 de Enero de 2017

Fue la primera vez que un líder del régimen chino asistió a la reunión de élite en el Foro Económico Mundial (WEF), normalmente reservado para capitalistas radicales, no los líderes de un país formalmente comunista.

Y antes, tampoco era necesario que viniera. Todo iba por el camino que China quería. Desde su admisión en el club de libre comercio en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China ha jugado con el sistema de todas las formas posibles para beneficiarse del libre comercio y la globalización. Era el ganso de oro de China.

China ha rechazado las normas de seguridad ambiental y laboral para que las empresas vayan a invertir y a producir en China. Durante la mayor parte de las dos décadas hasta el 2014, manipuló su moneda bajándola para hacer su producto más competitivo. Ha colmado a las industrias estatales como el acero y la solar con subsidios y capital artificialmente barato para poder vender sus productos de pérdida en Europa y Estados Unidos, poniendo en la bancarrota a la competencia en el proceso. También participó en el robo flagrante de la propiedad intelectual en su propia casa y en el extranjero.

Así que el libre comercio y la globalización han estado funcionando para China, sobre todo porque nunca se cumplió con las reglas. Millones de empleos, miles de millones de dólares en capital y valiosos conocimientos pasaron de Occidente a China continental. No es de extrañar que Xi Jinping quiere que esto siga así.

“Debemos seguir comprometidos con el desarrollo del libre comercio y las inversiones mundiales, promoviendo la liberalización en la inversión y en el comercio y facilitando esto mediante la apertura, diciendo no al proteccionismo”, dijo en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el 17 de enero.

China todavía no permite la libre circulación de capitales, controla de forma excesiva su moneda, y arbitrariamente persigue a las empresas extranjeras en China por “comportamiento monopolístico”.

Jugando con las reglas

Xi presenta a una China que cumple las reglas, lo cual históricamente no ha sido el caso. Y quiere asegurarse de que Estados Unidos bajo la dirección de Donald Trump y los líderes populistas de Europa entiendan que China desearía que el actual arreglo continúe.

“Nadie saldrá como ganador en una guerra comercial”, dijo Xi, añadiendo que “esperamos que otros países también mantendrán la puerta abierta a los inversionistas chinos y mantendrán el campo de juego para nosotros”.

Xi continuó avanzando con el viejo y erróneo argumento de que China importa mucho y por lo tanto ha contribuido mucho al crecimiento global. La verdad es que China exporta más de lo que importa y, por lo tanto, aleja del crecimiento al resto del mundo.

Debido a esta discrepancia entre la teoría y la realidad, Donald Trump está ahora presionando a China para que comience a jugar limpio. Y aunque Xi puede estar en lo cierto en su evaluación de que todo el mundo perdería en una guerra comercial, análisis históricos muestran que el país con el superávit comercial suele perder más.

Sin embargo, si tomamos el discurso de Xi de manera literal, no tendrá nada de qué preocuparse por el Presidente Trump. Pero tendría que cumplir las reformas económicas prometidas y hacer que China sea tan abierta como Estados Unidos o Europa. Sin controles de capital, sin moneda administrada, protegiendo los derechos de propiedad intelectual y las mismas normas ambientales y de seguridad.

Xi promete “ampliar el acceso al mercado para los inversionistas extranjeros, construir zonas modelos de libre comercio de alto nivel, fortalecer la protección de los derechos de propiedad y nivelar el campo de juego para hacer el mercado de China más transparente y mejor regulado”.

Si Xi hace esto, habrá contribuido verdaderamente al comercio y la globalización y habrá matado al ganso de oro de China.

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