El colmo del comunismo cubano: vivir en una isla con escasez de pescados

Por Jesús de León – La Gran Época
19 de Junio de 2019 Actualizado: 19 de Junio de 2019

Aunque la escasez de alimentos viene golpeando a los cubanos desde hace años, en los últimos meses la situación se agudizó, y el régimen impuso nuevas regulaciones ante la escasez.

En medio de las regulaciones de los productos básicos como el pollo, el huevo o el aceite, los medios nacionales e internacionales llamaron la atención sobre la dificultad para conseguir pescado, tomando en cuenta que Cuba es una isla.

De acuerdo con el Ministerio de Comercio de Cuba, ante la escasez el pescado pasó a venderse dentro de la categoría venta liberada controlada.

La regulación del producto establece que, en una familia de una a tres personas se les vende un pescado, de cuatro a seis personas, dos pescados, y con siete o más personas en una familia, se les vende tres pescados.

Además, el precio que estableció el régimen es de 20 CUP (pesos convertibles) la libra.

Su venta asimismo, se anota en la libreta de control de abastecimientos que de manera obligatoria cada familia tiene para recibir los alimentos.

Las regulaciones y la distribución, que según el régimen busca ser equitativa, desataron críticas entre los nacionales por el precio y por las cantidades limitadas que reciben.

Críticas de los nacionales

En palabras de Ariel -propietario de una cafetería- según CiberCuba, en la provincia de “Pinar del Río tenemos un combinado pesquero enorme, pero no se vende pescado libremente. Da pena que uno tenga que comprar el pescado ‘por la izquierda’ (mercado negro) porque lo que producimos aquí lo exportamos”.

Agregó que le resulta “indignante leer o escuchar noticias acerca de sobrecumplimientos en la captura de pargo, cubera, pez perro, langosta o camarón, que son especies que abundan en Cuba, y saber que las van a vender al exterior o se las darán a los turistas”.

Antonio, un cuentapropista de Santa Clara, también se quejó: “No somos capaces de coger los peces que viven en nuestras aguas, aunque estamos rodeados de mar. Si el Estado no puede garantizarnos pescado, que pida ayuda a los cuentapropistas o que deje invertir a los cubanos en la industria pesquera”.

Planes de producción y exportación

Foto de una bodega cubana. Ministerio de Comercio Interior.

El medio oficialista local Escambray reportó que en Yaguajay, un municipio que abarca más de 50 kilómetros de costas ricas en diversidad de especies, hoy no se puede comer pescado fresco del mar.

Detallan que más de una decena de embarcaciones no han podido lanzarse al mar durante el actual año, a pesar de tener firmados los contratos con la entidad y la documentación de las embarcaciones en regla, de acuerdo con las exigencias de esta actividad.

José Luis Morales Ramos, patrón de uno de estos barcos, explicó que la razón son los obstáculos que pone el régimen: “Primero un documento para Guardafronteras, luego el incumplimiento del plan; pero a fin de cuentas llevamos meses pidiendo que se reúnan con nosotros para aclarar toda la situación, pues nosotros vivimos de esto y el pueblo demanda el pescado”.

La directora adjunta de la empresa estatal que aglutina a estos pescadores dijo que estos no están pescando debido al incumplimiento de los planes de captura en el 2018.

Dentro de la industria de los productos del mar, el país prioriza pescar aquellos que pueden ser exportados, como la langosta o el camarón.

Según el medio oficialista Trabajadores, la pesca de la langosta “es de gran importancia económica por su alto precio en el mercado mundial”, señaló Fidel Sosa Pérez, director de operaciones pesqueras de (EPISUR). “Lo mismo en Europa, Asia, que en América, en donde sea se vende y a muy buen precio. La langosta nuestra oscila entre los 15 o 16 mil dólares, incluso la tonelada de cola puede llegar a los 32 mil dólares”.

Los cubanos compran en un mercado local en el centro de La Habana el 18 de septiembre de 2015. Foto de FILIPPO MONTEFORTE/AFP/Getty Images.

Deterioro ambiental

Por otra parte, pescadores conocedores del mar y las costas locales comentaron que a todo ello se suma el deterioro ambiental, por ejemplo en Manzanillo, provincia de Granma, después de los ciclones del 2008 ha disminuido la presencia de algunas especies, muchas se han perdido. Los cayos están muertos y hay déficit de langosta. (…), los fondos se han muerto”.

De acuerdo con el ingeniero industrial Andrés, empleado de una empresa estatal vinculada a la pesca, en los mares cubanos no hay grandes cardúmenes:

“La sostenibilidad de los cardúmenes de las especies de nuestras aguas, no garantizaría ni los volúmenes ni la permanencia necesaria para dar pescado a más de 11 millones de cubanos. Además, existen regulaciones que limitan la captura por especies”, explicó, de acuerdo con CiberCuba.

Ante esa situación se importa pescado de países como Chile que tiene ricas cantidades.

Aunque el pescado se convirtió en el centro de atención por estos días en la isla, también se regularon otros productos como huevo, arroz, frijoles, chícharo y las salchichas.

Pero no siempre fue así en Cuba.

Según José Luzón, profesor de la universidad de Barcelona, la Cuba del siglo XIX se basaba en una economía muy simple.

Recordemos que ahora la economía cubana es socialista, y que es una economía centralmente planificada y regida por el Partido comunista.

En los libros de viaje de la época se describe la vida cotidiana de la isla, indicó Luzón en el artículo “Comer y beber en la Habana colonial”.

El viajero estadounidense Samuel Hazard se refiere a un almuerzo que era la comida principal del día y que describió como muy copioso. Dentro de este podía incluirse o no pescado que se cocinaba frito o cocido.

“La pesca procedía principalmente del propio litoral habanero, pero también había barcos que pescaban en Yucatán o Florida. Las especies mas apetecidas eran el pargo y la cherna”.

Otros pescados consumidos eran el abadejo, y el bacalao, que Hazard denominó como el “plato nacional de Cuba”.

También había mariscos, entre los que destacaban las langostas, los langostinos y los camarones.

Incluso para cenas especiales como la de noche buena el 24 de diciembre, muchos preferían cocinar un pargo al horno.

Aunque este viajero dejó escrito que básicamente esta era comida de la clase alta, indicó que la comida popular, el mondongo, usaba becerro o cerdo. También una gran variedad de frutas, y el tasajo.

Por su parte, en esa época donde aún existían esclavos, su comida era el tasajo importado y la carne salada. En algunas provincias se les daba carne fresca.

“Con estos alimentos, el negro esclavo cubano hacia tres comidas diarias”.

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A continuación:

Memorias de un esclavo del comunismo

Una historia de tragedia, fe y resistencia frente al totalitarismo brutal.

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