Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo: Conclusión

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”
16 de Julio de 2019 Actualizado: 16 de Julio de 2019

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

En el largo curso de la historia, la humanidad ha visto esplendor y gloria en abundancia, pero también ha soportado innumerables episodios de tragedia y desastre. Mirando hacia atrás, encontramos que la rectitud moral acompaña al gobierno transparente, la fortaleza económica, la brillantez cultural y la prosperidad nacional; la degeneración moral augura la caída de las naciones y la extinción de civilizaciones enteras.

Hoy en día, la humanidad ha alcanzado la cúspide de la riqueza material, sin embargo, enfrenta desafíos sin precedentes causados ​​por el caos del comunismo. El objetivo final del comunismo no es establecer un Cielo en la Tierra, sino destruir a la humanidad. La naturaleza del comunismo es la de un espectro maligno forjado por el odio, la degeneración y otras fuerzas elementales del universo. Por odio, masacró a más de cien millones de personas, pisoteó varios miles de años de exquisita civilización y corrompió la moral humana.

El espectro comunista hizo planes tanto para Oriente como para Occidente, adoptando diferentes estrategias en diferentes países. En Oriente, cometió matanzas despiadadas y obligó a la gente a creer en el ateísmo. En Occidente, el comunismo tomó una ruta alternativa. Se infiltró en la sociedad de forma encubierta, seduciendo a las personas para que abandonen su fe y sus valores morales tradicionales.

Usando regímenes, organizaciones, compañeros de viaje, cómplices y otros agentes comunistas, el comunismo reunió a los elementos negativos presentes en el mundo humano para acumular un poder formidable. Con este poder, subvirtió y estableció el control en todas las esferas sociales, incluidas la política, la economía, el derecho, la educación, los medios de comunicación, las artes y la cultura. La humanidad de hoy se encuentra en una situación peligrosa.

Viendo en retrospectiva los últimos dos siglos de desarrollo social, las razones del triunfo del comunismo son claras. Cuando las personas se entregan a los placeres materiales que trae el avance tecnológico y permiten la difusión del ateísmo, en realidad están rechazando la misericordia divina y entregándose al mal. Al haberse alejado en gran medida de las tradiciones establecidas por los dioses, gran parte de la humanidad es fácilmente engañada por el comunismo y sus innumerables permutaciones ideológicas, como el socialismo, el liberalismo y el progresismo.

La cultura tradicional es la garantía para que los humanos mantengan su moral y obtengan la salvación en los últimos momentos de la época final. Pero con la cultura tradicional bajo ataque y las verdades morales básicas dejadas a un lado, el vínculo entre el hombre y Dios se quiebra. El hombre ya no puede entender la instrucción divina y el mal reina supremo, causando estragos en el reino humano. Cuando la moral humana cae por debajo de los estándares básicos requeridos para los seres humanos, los dioses, muy a su pesar, deben abandonar a la humanidad. El diablo entonces conduce al hombre al abismo de la perdición.

Pero habiendo llegado a un extremo, las circunstancias naturalmente se revierten. Es un principio eterno en el reino humano que el mal nunca podrá vencer a lo recto. La victoria momentánea del comunismo es un fenómeno temporal, provocado por el diablo, el cual ha intimidado a la gente con su poder ilusorio y sus tentaciones traidoras. El hombre, aunque imperfecto, lleva en su naturaleza la bondad, la virtud y el coraje moral que han sido nutridos y transmitidos durante siglos y milenios. En esto yace su esperanza.

Los eventos mundiales se están desarrollando a un ritmo increíble. La rectitud está en ascenso y la gente del mundo está despertando.

En China, millones de personas se han resistido pacíficamente al régimen tiránico del Partido Comunista Chino al mantenerse firmes en su fe y su moral. Inspirados en la serie editorial Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista, más de 300 millones de chinos han renunciado valientemente a sus lazos con el PCCh y sus organizaciones afiliadas a través del acto de “tui dang” o “renunciar al Partido”. Cada vez más personas están tomando la sincera decisión de liberarse de las cadenas del comunismo. Así, la desintegración del Partido Comunista ya está en marcha.

El fin del Partido Comunista es un plan divino. Si los líderes de China toman medidas para desmantelar el Partido, se les brindarán todas las condiciones para una transición limpia. En el futuro, podrán ganar la verdadera autoridad –la autoridad otorgada por los dioses. Si se niegan obstinadamente a hacer este quiebre, tomarán el destino del Partido como propio, uniéndose a él en las calamidades de su caída final.

El mundo está experimentando un resurgimiento de la cultura tradicional y la moral, en concordancia con los valores universales de verdad, benevolencia y tolerancia. Al frente de este renacimiento se encuentra Shen Yun Performing Arts, que recorre cinco continentes. Usando la danza clásica china como medio, Shen Yun lleva estos valores al público de todo el mundo.

Occidente ha comenzado a reconocer la infiltración comunista y su subversión de la cultura tradicional que ha tenido lugar durante el último siglo. La limpieza de los elementos comunistas y la cultura moderna desviada ha comenzado en muchos ámbitos, incluidos el derecho y la gobernanza, la educación y las relaciones diplomáticas. Los gobiernos se están volviendo más vigilantes contra los regímenes comunistas y sus facilitadores, lo que frena en gran medida la influencia del comunismo en la escena global.

El comunismo no es un enemigo que pueda ser derrotado por la fuerza militar. Para liberar al mundo de sus garras, debemos comenzar por purificarnos desde adentro. Li Hongzhi, fundador de Falun Dafa, escribió en su artículo “Pacificando el exterior por medio de cultivar el interior“:

Si los seres humanos no prestan atención a la virtud, el mundo humano estará en gran desorden y fuera de control; cada persona tomará a cada otro como un enemigo inmediato y vivirá una vida sin felicidad. Cuando la gente vive sin felicidad, no temerán a la muerte. Como dijo Lao Zi: “Si el pueblo no le teme a la muerte, ¿de qué bien serviría amenazarles con la muerte?”. Esto también es un gran peligro inminente. Un mundo de paz es lo que el pueblo desea. Si se promulgan más leyes y decretos para obtener la estabilidad en este tiempo, esto solo producirá resultados opuestos. Para resolver este problema, un remedio permanente solo se puede encontrar en la cultivación universal de la virtud. Si los oficiales no son egoístas, el Estado no estará corrupto. Si el pueblo presta atención a perfeccionarse y cultivar la virtud y los administradores y el pueblo ejercitan el autodominio en sus corazones, entonces toda la nación estará estable y tranquila. Esto concuerda con los sentimientos de todo el pueblo. El reino será sólido y estable y los agresores extranjeros naturalmente no se atreverán a atacar. Así la paz reinará bajo el Cielo. Esto es el trabajo de un santo.

El misericordioso Creador siempre ha estado velando por la humanidad. Los desastres ocurren cuando el hombre traiciona a lo divino, y la humanidad solo puede ser salvada al retornar a los estándares y la cultura que los dioses nos otorgaron. Mientras nos mantengamos impasibles y veamos a través del engaño, tengamos corazones de verdadera compasión, sigamos los estándares divinos para el ser humano, revivamos los valores tradicionales y regresemos a la cultura tradicional, los dioses liberarán a la humanidad del mal. Los intentos del espectro comunista por corromper y destruir a la humanidad terminarán en un fracaso.

Debemos tener gratitud por lo divino. Los dioses nos han dado los medios para liberarnos de las trampas del mal, y han pavimentado el camino para que retornemos a la tradición y lo divino. Si la humanidad camina o no por este sendero es precisamente la decisión que todos enfrentamos hoy.

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