Cómo los los medios de comunicación usan pseudoeventos para fabricar controversias

Por Joshua Philipp - La Gran Época
29 de Abril de 2019 Actualizado: 29 de Abril de 2019

Comentario

El público fue engañado durante casi dos años por los medios de comunicación tradicionales y personalidades públicas con afirmaciones de que había “evidencia” de que la administración Trump había coludido con Rusia. Contrariamente a esas afirmaciones, el informe Mueller demostró que no había pruebas de que Trump haya conspirado con Rusia. El informe demostró que todos esos rumores de evidencias y todas esas afirmaciones de fuentes anónimas eran mentiras.

Lo que es importante recordar es que para estos medios de comunicación y figuras públicas, los hechos no importan. Lo que importa es cómo pueden tergiversar los hechos para mantener al público engañado y distraído a fin de mantener con vida sus falsos relatos.

El 23 de abril, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, un reportero de CNBC preguntó si Trump iba a “aceptar la ayuda rusa en las elecciones de 2020”.

El subsecretario de prensa de la Casa Blanca, Hogan Gidley, respondió diciendo: “No entiendo la pregunta. (…) Él ya denunció múltiples veces la participación rusa”. Además señaló que el informe de Mueller demuestra que los intentos rusos de interferir se conocen desde 2014, pero que el presidente Barack Obama no hizo nada para resolverlos.

“Ahora sabemos por qué. Él pensó que Hillary Clinton, en efecto, ganaría las elecciones”, dijo Gidley.

Mantener falsos relatos

Preguntas como si Trump “aceptaría la ayuda rusa” en las próximas elecciones se basan en el falso relato que estos medios tradicionales estuvieron impulsando. Ellos perpetúan tales relatos manteniéndolos vivos en la conciencia pública.

Además, expresado de tal manera que se supone que algo ocurrió, la pregunta obligó al secretario de prensa a hacer comentarios que estos medios de comunicación podrían utilizar para nuevos titulares.

Hillary Clinton hizo una jugada similar el mismo día, declarando el 23 de abril que en cuanto a Trump según se lo describe en el informe Mueller, “cualquier otra persona que hubiera participado en esos hechos ciertamente habría sido procesada”.

Hay que tener en cuenta que esta es la misma Hillary Clinton que fue absuelta en las investigaciones sobre su uso de un servidor privado de correo electrónico para manejar información clasificada. El Departamento de Justicia, bajo la dirección de la fiscal general de Obama, Loretta Lynch, había establecido un umbral inusualmente alto para enjuiciar a Clinton, asegurando efectivamente desde el principio que no sería acusada.

Mientras tanto, el representante demócrata por Nueva York, Jerrold Nadler, que preside el Comité Judicial de la Cámara de Representantes, está siendo acusado por el segundo en rango, el representante republicano por Georgia, Doug Collins, de engañar al público con respecto al informe Mueller al afirmar falsamente que el fiscal especial tenía la intención de que el Congreso decida si Trump obstruía la justicia.

Una carta abierta a Nadler señala las preguntas específicas del informe Mueller, y dice: “Los pasajes no son, de hecho, una invitación para que el Congreso retome el tema donde lo dejó el Informe. Como usted ciertamente sabe, el poder legislativo escribe las leyes y el poder ejecutivo las hace cumplir”.

Después de brindar evidencia adicional y citas de Nadler, dice: “Sus tergiversaciones deliberadas al público estadounidense amenazan la doctrina fundamental de la separación de poderes, son peligrosas y necesitan detenerse”.

Alterar el significado

La idea no es alterar la información que se divulga, sino alterar el contexto de la información. Al alterar el contexto, cambia las conclusiones a las que llega la gente después de ver o leer la información que se publica.

Se trata de la clásica guerra psicológica, destinada a alterar la forma en que la gente interpreta la información.

Los canales de noticias tradicionales, impulsados a mantener las percepciones distorsionadas que forman estos relatos, se aferrarán a cualquier incidente que puedan encontrar. Cuanta más controversia puedan suscitar y más caótica sea la imagen que puedan crear –independientemente de los hechos–, más agitado se vuelve el público y menos probable es que reflexionen racionalmente sobre la información.

Lo vimos recientemente cuando la representante demócrata por Minnesota, Ilhan Omar, minimizó los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 diciendo que “algunas personas hicieron algo”. Trump publicó un video en Twitter que mostraba a Omar haciendo sus comentarios junto con imágenes de los ataques del 11 de septiembre. Los medios de comunicación tradicionales reaccionaron defendiendo a Omar y criticando a Trump por “racismo” y “odio”.

Independientemente de los hechos, los incidentes como estos tienen la intención de servir a un propósito. El relato pretende controlar la percepción pública y llevarla a conclusiones partidistas, y esto no puede funcionar sin dobles criterios y medias verdades.

Con este tipo de cobertura mediática, la idea es dar al público una imagen inexacta de los acontecimientos en aras de la “gestión de la percepción”.

Crisis y respuesta

Otro enfoque de estas tácticas es crear una crisis en el terreno y en la conciencia pública que permita a los líderes públicos responder con nueva legislación.

Cuando Michael Wolff escribió su libro “Fuego y Furia”, que intentaba enmarcar a la administración de Trump como caótica, admitió en su prólogo que algunas fuentes le mintieron, mientras que unas contradijeron a otras, y que las utilizó para decidirse por “una versión de los hechos que creo que es verdadera”.

Como señaló el sitio web de noticias legales Law and Crime (Ley y Crimen), Wolff fue “acusado de incluir ficción en lo que se presenta como un libro de no ficción, y admite que no todas sus fuentes eran confiables, pero no especifica qué es verdad y qué es falso”.

A pesar de ser una obra de ficción, catalogada como no ficción, fue utilizada por medios de comunicación tradicionales y por políticos para enmarcar un nuevo punto de discusión en el que Trump estaba “mentalmente incapacitado” para el cargo. Esto llevó a titulares como uno de The Atlantic el 12 de enero de 2018, “El psiquiatra que le dice al Congreso que Trump podría ser internado involuntariamente: Una profesora de Yale dice que le está diciendo a los legisladores que el Presidente puede ser ‘peligroso’”.

Los líderes demócratas usaron esta crisis para introducir el “Ley de Genio Estable” para hacer que Trump se sometiera a una evaluación psicológica. Esto sirvió para perpetuar la ilusión del caos y la inestabilidad; sin embargo, se les volvió en contra cuando Trump se sometió a una evaluación mental que concluyó que era mentalmente estable e inteligente, lo que reforzó su línea de “genio estable”.

Frente a la continua avalancha de falsos relatos y operaciones caóticas, Trump, en general, demostró una habilidad asombrosa para tomar estos relatos y convertirlos en una ventaja para sí mismo.

Y al final de cuentas, Trump demostró una fuerte habilidad para soportar y desviar estas tácticas, exponer las mentiras a medida que ocurren, no doblegarse o retirarse al ser atacado, señalar el doble criterio y no dudar en reírse de lo ridículo de esas afirmaciones.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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