Comunismo en la cultura: Otra clase de experiencia de inmigración

12 de Marzo de 2017 Actualizado: 22 de Marzo de 2019

Un reciente boletín de noticias de Publishers Weekly publicó una lista de los “10 libros esenciales sobre la experiencia inmigratoria“. Ninguno era sobre mi clase de “experiencia inmigratoria”, ni nunca lo han sido.

Cuando escapé de Yugoslavia a la edad de 2 años con mis padres, era muy joven como para recordar cómo era vivir bajo el comunismo.

Pero incluso en suelo libre, en Rochester, Nueva York, el comunismo era una presencia. Era el fondo de las conversaciones de sobremesa de las tardes de domingo. En el dialecto eslovaco de mis padres y de otros en Eslovenia y de toda Yugoslavia, oí variadas historias de escape de mis padres, tías, tíos y sus amigos. No son claras, porque era una niña oyendo las conversaciones de los mayores. Los hombres hablaban sobre atravesar bosques corriendo para cruzar la frontera. Nosotros tuvimos que escapar a la mitad de la noche, yo en los hombros de mi padre, vadeando un río hacia Austria.

También había historias de guerra. De soldados que llegaban a las casas de pueblos exigiendo comida, y a veces cosas peores si había niñas. De como fulano en el pueblo había sido atado y fusilado.

Comencé una novela cuando tenía 12. En ella, nosotros tres, mis padres y yo como pequeña, nos escondimos y dormimos en galpones mientras las bombas explotaban alrededor. Pero fue en 1959 cuando mis padres huyeron del régimen de Tito. Mis compañeros de clase, ucranianos y polacos, y yo, no aprendimos esta parte de la historia en la escuela.

Mucho más tarde, me enteré que habíamos cruzado la frontera austríaca y que nos habían devuelto. Mi tía y tío que estaban en un campo de refugiados austríaco esperando patronazgo, nos enviaron la información de dónde conseguir ayuda. Ellos habían llegado allí simplemente soltando las herramientas de cultivo una tarde en un campo cerca de la frontera, cuando los guardias estaban persiguiendo a otra pareja.

Fuimos refugiados por nueve meses.

Alguien una vez señaló que mis padres debían ser muy conservadores. No, la represión da a luz a la ansiedad y la apatía. De tener que sacrificar el cerdo ilegal (por encima del cupo) a mitad de la noche, mis padres aprendieron la ansiedad. De saber que los comunistas podrían estar espiando, aprendieron la apatía política.

Yo me retraje en mis libros y con el tiempo conseguí un doctorado en inglés. También escribo.

Unos años atrás escribí una novela basada en mi experiencia como inmigrante. Mi manuscrito recibió comentarios de halago de los agentes, pero no había “mercado” para el libro.

El mundo de las editoriales, especialmente en ficción, es por demás progresista. Ellos no quieren oír sobre inmigrantes europeos que escaparon del comunismo.

La Dra. Mary Grabar, edita en dissidentprof.com, y es en la actualidad un miembro permanente del Instituto Alexander Hamilton en Clinton, Nueva York.

Se estima que el comunismo ha matado al menos 100 millones de personas, no obstante sus crímenes no han sido recopilados y su ideología aún persiste. La Gran Época busca exponer la historia y creencias de este movimiento, que ha sido una fuente de tiranía y destrucción desde su surgimiento.

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