Tuvo la visión que moriría en el parto pero nadie le creyó. Falleció y regresó para contar su milagro

Por La Gran Época
27 de Agosto de 2019 Actualizado: 29 de Agosto de 2019

Stephanie Arnold era madre de dos jovencitas, pero cuando quedó embarazada de su tercer hijo tuvo un mal presentimiento.

No era nerviosismo por su embarazo, no era miedo a lo desconocido… era una premonición.

“Sabía al cien por cien que iba a morir dando a luz a mi hijo”, dijo Stephanie. Se lo dijo a todos: a sus amigos, a su familia, a sus médicos. Hizo anuncios públicos, cartas de despedida en la redes sociales y supo meses antes de la fecha de su parto que iba a morir en la sala de operaciones.

“Se lo dije a todos los que quisieran escuchar”.

¿De dónde venía esto? ¿Por qué estaba siendo tan fatalista?

Sus amigos y familiares estaban preocupados por ella, y los médicos no le creyeron, descartando sus preocupaciones como simple nerviosismo.

Pero no fue solo eso; Stephanie sabía muy específicamente que iba a morir en la mesa de operaciones, después de sufrir insuficiencia renal e incluso necesitaría una histerectomía (extirpación del útero). Era como si tuviera una visión precisa y horrible de lo que estaba por venir.

Una de las últimas personas a las que se lo dijo fue su anestesióloga durante su última consulta médica antes del parto.

Se sentía como una llamada telefónica inútil en la que Stephanie no recibía ayuda; la anestesióloga la había asesorado sobre cómo sería su recuperación, y entonces Stephanie le preguntó qué pasaría en el caso específico de que las cosas salieran como en su visión.

“Ella dijo que estaba sorprendida por ello”, comentó Stephanie.

Pero a pesar que Stephanie terminó sintiéndose como si la anestesióloga no le ayudara, eso terminó siendo un crucial factor decisivo.

La anestesióloga terminó marcando el expediente de Stephanie e incorporando sangre extra y un desfibrilador en su sala de operaciones.

Esto terminó haciendo toda una diferencia.

Stephanie terminó dando a luz a un niño sano antes de la fecha de parto. Empezó a sangrar y tuvo que ser trasladada al hospital. Se despidió de su hija de 18 meses en medio de lágrimas, sabiendo que sería la última vez que la vería.

Y entonces las cosas terminaron saliendo exactamente igual que su visión. Segundos después de que su hijo naciera, ella murió.

Stephanie se quedó sin ritmo cardíaco durante 37 segundos, y durante ese tiempo ella vio al personal médico entrando en acción, vio qué enfermera le estaba dando RCP, vio lo que estaba pasando con su hija en el pasillo en la otra habitación, vio a su anestesióloga al pie de su cama, y vio a su médico de pie a su lado diciendo una y otra vez, “Esto no puede estar sucediendo. Esto no puede estar pasando”.

La sangre de Stephanie no estaba coagulada, tuvo un ataque al corazón, sus riñones estaban fallando y tuvo que someterse a una histerectomía tal como había visto en su premonición. El cuerpo humano generalmente contiene 20 unidades de sangre; le dieron 60 unidades.

Si la sangre extra y desfibrilador no hubieran estado a la mano, Stephanie no habría resucitado.

Resultó que tenía una embolia de líquido amniótico donde el líquido amniótico entra en el torrente sanguíneo de la madre, una rara ocurrencia que solo pasa 1 vez cada 40.000 partos, y Stephanie resultó ser alérgica a dicho líquido, causándole una reacción horrible.

Cuando Stephanie salió de su coma inducido médicamente, estaba traumatizada. Todo lo que ella temía que pasaría sucedió, y ella terminó buscando terapia para ayudar a resolverlo.

“Me desperté… y lloré, lloré y lloré”, recordó Stephanie.

Pero en esas sesiones de terapia regresiva, Stephanie aprendió que sabía muchas cosas imposibles de poder saber.

Más tarde, cuando le preguntó a su médico si había dicho “Esto no puede estar sucediendo”, su médico quedó sorprendido. Le dijo a Stephanie que sí, pero solo en su mente.

Stephanie sabía lo que llevaba puesto su marido, a pesar que estaba bajando de un avión y no estaba cerca de ella. Sabía qué hizo su hija en el pasillo y también qué hicieron los médicos y enfermeras durante los 37 segundos que estuvo técnicamente muerta. No había forma que estuviese consciente o al tanto de eso.

Había tenido una experiencia extracorpórea.

“No tengo una explicación para todo esto”, le dijo uno de sus médicos. Tienes que irte a lo espiritual”.

Lo que realmente selló la creencia de Stephanie de que había tenido una experiencia espiritual cercana a la muerte y fuera del cuerpo fue haber visto a un niño pequeño durante esos segundos.

Había un niño pequeño que se parecía mucho a su mejor amiga de la infancia, y ella supuso que podría haber sido su hermano quien había muerto de niño. Excepto que ella nunca había conocido a este chico.

En ese momento el niño, le dijo a Stephanie: “Dile a mi hermana que extraño cómo enrollaba mi pelo”.

No tenía sentido para ella, pero durante su recuperación, decidió llamar a su amiga para preguntarle si esto significaba algo para ella.

Cuando lo hizo, a su amiga se le cayó el teléfono y rompió en llanto.

Le dijo a Stephanie: “Solía hacerlo todas las noches para que se durmiera”.

De niña, Stephanie era muy intuitiva hasta el punto de prácticamente tener premoniciones, pero esto desapareció a medida que crecía. Pero los meses previos a su tercer embarazo aumentaron su sensibilidad.

También hizo una investigación a fondo de todo esto. Analizó muchas experiencias cercanas a la muerte y leyó lo que otros expertos tenían que decir a favor o en contra de estas teorías mientras se decidía.Sus propios doctores le habían dicho que normalmente, alguien en su situación no habría sobrevivido, o si lo hubiera hecho, habría habido una alta posibilidad de sufrir un daño neurológico permanente, y nada de eso le sucedió a Stephanie.

Luego compiló su investigación y sus entrevistas con sus médicos en el período posterior a este evento y escribió un libro titulado “37 segundos” para contar su historia.

Stephanie sabía que lo que ella vio tenía que ser cierto.

Ella había pasado por una experiencia traumática y los meses que le habían precedido fueron aterradores, pero salió de allí sintiéndose bendecida.

“No pasa un día en que no me sienta bendecida. No pasa un día en el que no aprecie la vida”, dijo.

Mira el video a continuación: 

¿Conoces a alguien que haya pasado por una experiencia similar? ¿Habías pensado que esto podría ser posible?

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