Cristianos de iglesias clandestinas en China unen diferentes creencias contra la persecución comunista

Por Joshua Philipp
26 de Julio de 2019 Actualizado: 26 de Julio de 2019

Defender la libertad religiosa bajo el Partido Comunista Chino (PCCh) no es tarea fácil, y Bob Fu, presidente y fundador de China Aid, lo sabe muy bien.

Fu comenzó su viaje como líder estudiantil del movimiento democrático en China, que llegó a su brutal fin el 4 de junio de 1989, durante la infame masacre de la Plaza Tiananmen. Sus cánticos pacíficos fueron recibidos con la brutalidad del régimen, y sus esperanzas de que el PCCh pudiera cambiar fueron silenciadas por los disparos y aplastadas bajo las orugas de los tanques armados.

Según Fu, él y otros miembros del movimiento estudiantil se sintieron decepcionados al ver que “el llamado ‘gobierno popular’ enviara al llamado ‘Ejército Popular de Liberación’ para usar tanques y ametralladoras para matar a su propio pueblo”.

Esta decepción se convirtió en desilusión con el PCCh, y Fu pasó de la esperanza en la política a la fe en el cielo.

“Así es como me convertí en un seguidor de Jesucristo, un cristiano”, dijo, y señaló que después de recurrir a la religión se dio cuenta de que, por su naturaleza, el PCCh tiene como objetivo ejercer un control total sobre toda la sociedad, e intenta destruir cualquier cosa que no sea totalmente leal al Partido.

Sin embargo, el cambio de la política a la religión también tuvo sus costos. Bajo el sistema comunista del régimen chino, la religión está estrictamente regulada. Durante la Revolución Cultural, lanzó campañas para destruir templos e iglesias, asesinó a sacerdotes y estableció sus propias versiones estatales de las religiones que pusieron al Partido por encima del cielo.

Fu se negó a seguir la versión estatal del cristianismo, y en su lugar se dirigió al movimiento “cristianos de las iglesias clandestinas” en China para aquellos que todavía siguen la religión tal como existe en el resto del mundo -una religión que el PCCh todavía persigue.

“Mi esposa y yo fuimos encarcelados”, remarcó.

Control de la religión por parte del PCCh

Fu explicó que las personas religiosas en China, incluyendo cristianos y católicos, “quieren ser independientes en su fe” y reconocer a Dios como el poder más alto, en lugar de ser forzados a colocar al Partido Comunista por encima de Dios.

Viendo que no podrían practicar sus creencias en China sin enfrentar el encarcelamiento, o algo peor, Fu dijo que él y su esposa decidieron dejar China. Y después de enfrentarse a la persecución, comenzó a mirar hacia otras personas que enfrentaron una persecución similar bajo el PCCh.

Señaló que en China, incluso los abogados de derechos humanos se enfrentan al hostigamiento, la tortura y el encarcelamiento por tratar de defender la ley escrita china. Sin embargo, al igual que estos abogados de derechos humanos, Fu se dio cuenta que cuando se trata de defender la fe, “¿cómo podemos estar en silencio ante este tipo de maldad?”.

Fue ese pensamiento -la voluntad de defender no solo su propia fe, sino también la de los demás- lo que llevó a Fu a crear China Aid. Dijo que tiene “la misión de promover la libertad religiosa y el estado de derecho para todos en China, al exponer los abusos y la persecución”, con el propósito de animar a aquellos que fueron abusados por el PCCh a defender sus libertades.

El Partido Comunista es un sistema ateo, y trata de imponer este ateísmo a las religiones exigiendo a la gente que no reconozca ningún poder superior al suyo propio. Bajo el PCCh, el Dalai Lama del Budismo Tibetano debe tener permiso del régimen para reencarnar, además se cuelgan cuadros de líderes comunistas en las iglesias, y continúa la demolición de templos e iglesias.

En las iglesias, dijo Fu, “todos tienen el mandato de cantar el himno nacional, y la Iglesia tendría que quitar la cruz y reemplazarla con el retrato del presidente del PCCh”.

Señaló que el año pasado en la provincia china de Hunan, el PCCh envió “un llamado inspector de asuntos religiosos” para investigar a las iglesias. Después de ver una copia de los Diez Mandamientos en una pared, el inspector declaró que no estaba en línea con la doctrina del Partido Comunista y exigió la eliminación del Primer Mandamiento que requiere que los cristianos y los judíos pongan a Dios por delante de todo, incluso del Partido.

Fu dijo, “al día siguiente, los Diez Mandamientos se convirtieron en los Nueve Mandamientos”. Al remover el PCCh el Primer Mandamiento, Fu cuestionó si la versión alterada del cristianismo del régimen todavía puede llamarse cristianismo.

Defendiendo la fe

Mientras Fu tomó una posición por su propia fe, y por su propio derecho a creer, sin embargo, su organización también defiende los derechos de otras religiones en China. Él cree que esto es necesario, y la unión de personas de diferentes creencias para desafiar la persecución religiosa les está ayudando a adoptar una postura más firme contra la tiranía del PCCh.

Después de dejar China, y después de “ser aceptado en esta tierra de la libertad en Estados Unidos”, Fu dijo que comenzó a darse cuenta que personas de otras religiones también estaban siendo perseguidas por el PCCh. Señaló que estos incluían a budistas tibetanos, musulmanes uigures y practicantes de Falun Dafa.

Dijo que si solo hablaba en contra de la persecución de su propia fe, e ignoraba la persecución de otras creencias, entonces el régimen comunista podría usar esto a su favor dividiendo a la gente y llevándola al conflicto.

Además, dijo, “es lo correcto para nuestra fe”.

“¿Cómo podemos hacer la vista gorda también guardando silencio cuando vemos a un practicante de Falun Gong, simplemente por practicar su propia fe, él o ella sería detenido arbitrariamente -sería torturado y muchos incluso torturados hasta la muerte, y a algunos incluso estando vivos se les extrae sus órganos?”.

“Es un crimen contra la humanidad”, dijo. “Todos hemos sido creados a imagen de Dios. Así que como ser humano, esto es fundamental, una cuestión de derechos humanos. Por eso somos mucho más poderosos, más fuertes, si luchamos juntos y unimos nuestras manos”.

Fu dijo que su organización en Washington pretende “enviar un fuerte mensaje” al PCCh, que ya no tolerará la persecución, el encarcelamiento o la tortura de personas por su fe, y que también “lucharán por las libertades de los demás, para que ya no puedan aprovecharse de nosotros y dividirnos”.

 

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