Defendiendo el imperio de la razón de Estados Unidos

Una entrevista con el escritor Robert R. Reilly
Por JOSEPH PEARCE
07 de Septiembre de 2020
Actualizado: 07 de Septiembre de 2020

Estados Unidos está en crisis. Más allá de las pruebas y tribulaciones asociadas al COVID-19, hay disturbios en las calles y hay llamados para “reinventar” Estados Unidos en términos de sus políticas de identidad. Estos son tiempos en los que la propia historia de Estados Unidos está siendo cuestionada y en los que los héroes, como los que fundaron la nación, están siendo demonizados y ridiculizados. El significado mismo de lo que es ser un estadounidense está siendo cuestionando.

A la sombra de estos ataques a la integridad de Estados Unidos, un destacado académico y exasistente especial de la presidencia dio un paso adelante para defender la creación de Estados Unidos. Viendo los principios de la fundación de Estados Unidos como parte del tradicional derecho natural, que data de los antiguos griegos, Robert R. Reilly muestra cómo los Padres Fundadores de la Nación se vieron a sí mismos y a la nación que estaban creando, como parte de la tradición viva de la Civilización Occidental.

Robert R. Reilly ha trabajado en el gobierno de Estados Unidos durante 25 años. (Cortesía de Robert R. Reilly)

Robert Reilly, director del Instituto Westminster, está especialmente cualificado para comentar la crisis actual. Tiene 25 años de experiencia trabajando para el gobierno. Prestó servicios como director de la Voz de América, fue asesor principal de estrategia de información del secretario de Defensa y enseñó en la Universidad de Defensa Nacional. Reilly escribió y publicó con amplitud sobre política estadounidense y política exterior. Sus libros incluyen “The Closing of the Muslim Mind: How Intellectual Suicide Created the Modern Islamist Crisis” (El cierre de la mentalidad musulmana: cómo el suicidio intelectual creó la crisis islamista moderna).

En la siguiente entrevista exclusiva con The Epoch Times, el Sr. Reilly, autor del libro “America on Trial: A Defense of the Founding” (Estados Unidos en juicio: La defensa de su Fundación), aborda a través de correo electrónico, los temas que han estado desgarrando al país.

Joseph Pearce: Sr. Reilly, su libro fue publicado en un momento en el que muchas personas están cuestionando los fundamentos mismos de Estados Unidos. ¿Cómo respondería a aquellos que no ven nada que valga la pena celebrar el 4 de julio?

Robert R. Reilly: Yo les respondería que están cometiendo actos colosales de ingratitud y falta de piedad. ¿Con qué criterio ellos no encontrarían nada que valga la pena celebrar en lo que les proporciona su libertad?

Sr. Pearce: En un momento en que las estatuas se están derrumbando, incluyendo las estatuas de los Padres Fundadores de la Nación y de los expresidentes de Estados Unidos, ¿cómo podemos hacer una defensa razonada de los fundadores y de los principios de la fundación de nuestra nación?

Sr. Reilly: No se puede hacer una defensa razonada contra aquellos que han abandonado la razón. La fundación de Estados Unidos se basó en la primacía de la razón como contraria de la primacía de la voluntad y el poder. No obstante cuando la primacía de la razón está siendo amenazada, a veces debe emplear la fuerza para protegerse a sí misma —como en el caso de los agentes federales que son enviados para evitar que las turbas violentas quemen los edificios de los tribunales federales.

Sr. Pearce: Gran parte de la crisis de identidad que muchos estadounidenses están experimentando se debe a la aceptación y el abrazo del relativismo y las demandas de una autoautoconomía radical, que es una consecuencia lógica del relativismo. ¿Qué dicen los Padres Fundadores de la Nación sobre el relativismo?

Sr. Reilly: El relativismo moral es la antítesis a la fundación de Estados Unidos, la que se basa en verdades trascendentes e inmutables como en “las leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza” —para su justificación. “El que todos los hombres son creados iguales” se articula como un principio moral en la Declaración de Independencia. Tampoco eso es cierto universalmente en todo momento, para todos los pueblos. Por lo tanto se puede tener algo como la República de Estados Unidos o no tenerla, y tener algo como la Alemania nazi, la Unión Soviética o la China comunista.

Sr. Pearce: ¿Cómo respondería a la declaración del juez Anthony Kennedy en Planned Parenthood versus Casey (1992) que “en el corazón de la libertad está el derecho a definir el propio concepto de la existencia, del significado, del universo y del misterio de la vida humana”? ¿Puede la comprensión de la libertad del juez Kennedy reconciliarse con el concepto de libertad expresado en la Constitución?

Sr. Reilly: Los fundadores de la nación habrían encontrado completamente objetable el malentendido del juez Kennedy sobre la libertad. La idea de la libertad como una elección sin contenido era totalmente ajena a ellos, al igual que la idea de que la libertad es el derecho a definir el propio significado del universo. Para ellos, el significado del universo no se origina en nosotros mismos, sino en “las leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza”. La obligación del hombre es ajustarse a esas leyes. Eso es lo que significa llevar una vida moral. Los Padres Fundadores de la Nación fueron unánimes al decir que el éxito de la República de Estados Unidos dependía totalmente de la virtud del pueblo estadounidense y que no podía sobrevivir sin ella. Mucho menos podría soportar el borrón de la distinción entre la virtud y el vicio, que es lo que logra la absurda declaración del juez Kennedy.

Sr. Pearce: Usted escribe que toda la crisis se basa en dos concepciones opuestas de la realidad, ya sea que esté constituida por la razón o por la voluntad. ¿Cuál es la diferencia entre estas dos concepciones y por qué es tan importante?

Sr. Reilly: La primacía de la razón significa que “lo que es correcto” fluye de las fuentes objetivas de la naturaleza y lo trascendente, de “lo que es”, como lo dijo Platón. La primacía de la voluntad, por otro lado, significa que “lo que es correcto” fluye del poder y que la voluntad es una ley en sí misma. En otras palabras, el derecho es la regla del más fuerte.

La cuestión clave, incluso en la teología, es: ¿La voluntad sigue a la razón, o la razón sigue a la voluntad? Todo depende de la respuesta a esta pregunta. O bien el intelecto dirige la voluntad, y la voluntad actúa entonces de acuerdo con la razón, o la voluntad está a cargo y la razón se convierte en la servidora de la voluntad. Hay enormes ramificaciones políticas en este asunto. Tal como dijo el escritor francés Bertrand de Juvenal, “El hombre que encuentre en Dios antes que nada voluntad y poder, estará predispuesto a la misma visión del gobierno humano”. Si la razón es primaria, se obtienen cosas como la ley natural y el imperio de la ley como razón. Si la voluntad es primaria, se obtienen cosas como la tiranía.

“Estados Unidos en juicio”. El último libro de Robert R. Reilly.

Usted cita a Robert Bellarmine diciendo que “una mala ley no es una ley válida”. Si es así, ¿qué constituye una buena ley? ¿Cómo se juzgará la validez de una ley?

Sr. Reilly: La validez de una ley se juzga de acuerdo con su conformidad con la ley natural. Otra forma de afirmar esto es que una ley mala no es razonable. Permítanme ampliar esto a partir de mi respuesta a la pregunta anterior. Si Dios en su esencia es el Logos o la Razón, entonces uno debe tener razones para la ley porque la ley es la Razón en la fuente misma de la creación. Por lo tanto, el elemento constitutivo de la ley no es la voluntad, sino la razón.

La razón es obligatoria en el comportamiento del hombre y en sus leyes porque existe en el orden de la naturaleza y como ley de la esencia de Dios. Por eso las leyes malas se definen como irrazonables. Las leyes malas son un reflejo de la primacía de la voluntad sobre la razón.

Sr. Pearce: John Locke, quien fue una gran influencia en los fundadores de la nación, declaró que “la eliminación de Dios, aunque solo sea en el pensamiento, lo disuelve todo”. ¿Qué quiso decir con esto? ¿Qué tan importante es que Estados Unidos permanezca como “una nación bajo Dios”?

Sr. Reilly: En “Dos Tratados” (Dos Tratados sobre el Gobierno Civil, de John Locke), Locke quería demostrar la inviolabilidad de la persona humana como propiedad de Dios. “Porque siendo todos los hombres obra de un Hacedor omnipotente e infinitamente sabio; todos los siervos de un Amo soberano, enviados al mundo por Su orden y Sus empresas; quienes son Su propiedad, cuyas obras son hechos para durar durante Su tiempo, no para el placer de los demás”.

Como sus predecesores, Locke creía que la vida humana es sacrosanta por su procedencia. Obviamente, la vida del hombre no puede ser sagrada a menos que haya un Dios que la santifique, por lo que Locke insistió tanto en la existencia de Dios. Esto también ayuda a explicar la repulsión de Locke por el ateísmo: “Esos no son en absoluto tolerados, aquellos que nieguen la existencia de Dios. Las promesas, pactos y juramentos, que son los lazos de la sociedad humana, no pueden tener ningún asidero o santidad para un ateo”.

Locke sostenía que “la creencia de una deidad no debe contarse entre las opiniones puramente especulativas, ya que es el fundamento de toda la moralidad, la cual influye en toda la vida y las acciones del hombre, sin la cual un hombre puede ser considerado nada más que como una de las bestias salvajes más peligrosas e incapaz de toda la sociedad”.

El “Hacedor infinitamente sabio” es también el garante de la igualdad del hombre, ya que nadie es menos obra de Dios que otro. Esta es la base sagrada de la igualdad en Locke, así como en la Declaración de Independencia.

Solo añadiría que la Declaración menciona a Dios cuatro veces. No es exagerado decir que la independencia estadounidense se basó en la dependencia de Dios. Cuando mencioné que los fundadores estadounidenses fueron unánimes en la necesidad de la virtud, también debería haber dicho que todos estaban de acuerdo en que la religión era la principal fuente de virtud. Si los estadounidenses de hoy en día piensan que son autónomos, que ya no dependen de Dios, entonces deberían prepararse para lo que los intentos anteriores de autonomía humana total han producido: el Gran Terror de la Revolución Francesa y los mortuorios de la Unión Soviética, la Alemania Nazi y la China comunista.

Sr. Pearce: Usted afirma que “el fracaso está escrito en el ADN del proyecto moderno”. ¿Qué quiere decir con esto, y por qué es un motivo de esperanza?

Sr. Reilly: La modernidad radical y su proyecto de autosuficiencia total del hombre es parasitaria. Fracasará en la medida en que tenga éxito. No puede sobrevivir a su propia eliminación de la ley natural y el cristianismo. Paradójicamente, la pérdida de la fe y la razón es una causa de esperanza.

Lo demostró la caída del imperio soviético, que implosionó por su propio vacío. La implosión moral, social y política de Occidente avanza rápidamente por razones similares. Sin embargo, podemos evitar el cataclismo cuando queramos, volviendo a la realidad, a la razón, a “las leyes de la naturaleza y al Dios de la naturaleza”. La realidad es resistente porque, como dijo Platón, es “lo que es”, no lo que a uno le gusta. El Logos gana al final.

 

“America on Trial: A Defense of the Founding” 

Robert R. Reilly

Ignatius Press

384 páginas, tapa dura

Joseph Pearce es también el autor del libro “Solzhenitsyn: Un alma en el exilio” (Ignatius Press).


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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