Descubren las pruebas físicas más antiguas de té en China

28 de Enero de 2016 Actualizado: 28 de Enero de 2016

Residuos de té, añejos de 2.100 años, fueron encontrados en China, lo que permite hacer retroceder en centenas de años las primeras prueba físicas de la infusión más consumida del mundo, de acuerdo a un estudio publicado en Scientific Reports, revista del grupo Nature.

Los residuos fueron hallados cerca del mausoleo Yangling, la tumba del cuarto emperador de los Han, que vivió entre 188 y 141 antes de Cristo.

De 1998 a 2005, investigadores del Instituto de Arqueología provincial de Shaanxi excavaron 86 fosas comunes ubicadas alrededor del mausoleo, desde donde extrajeron restos de plantas.

Los autores del estudio, dirigido por el Houyuan Lu, de la Academia de Ciencias de Beijing, indicaron que identificaron “restos de té y de alimentos”. Se trata de un hallazgo extraordinario debido a que las hojas de té se conservan mal a través de los siglos y es difícil identificarlos en medio de residuos putrefactos.

 

La referencia escrita más antigua sobre el se encuentra en un texto del año 59 antes de Cristo, pero hasta ahora no existía ninguna prueba física más allá de la dinastía de los Song del norte, que reinó en China entre los años 960 y 1279 de nuestra era.

El estudio se refiere además a otras huellas de té que datan de 200 años después de Cristo, hallados en el cementerio de Gurgyam en Ngari, Tíbet Occidental.

La primera tumba de este cementerio fue encontrada casualmente por monjes del monasterio en 2005.

Las excavaciones efectuadas por arqueólogos chinos en 2012 posibilitaron recuperar numerosos objetos funerarios como piezas de seda, recipientes de cerámica y de bronce, y una máscara de oro.

Uno de los recipientes de cerámica tenía rastros de residuos vegetales, que más adelante fueron identificados como té.

“Nuestro estudios revela que los emperadores de la dinastía Han bebían té hace 2.100 años”, detalló un comunicado. “Y que la bebida llegó a la meseta tibetana hace 1800 años”, agregó.

“Eso indica que, en esa época, una de las vías de la Ruta de la Seda pasaba por el oeste del Tíbet”, puntualizó.

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