Detrás de Xi Jinping hay un Partido Comunista dividido y funcionarios no comprometidos

Por Lin Yan
16 de Julio de 2019 Actualizado: 16 de Julio de 2019

Análisis

Es difícil saber qué es lo que más preocupa al líder del régimen comunista chino Xi Jinping: la guerra comercial con Estados Unidos, un gabinete dividido o todo un país lleno de funcionarios comunistas corruptos, egoístas y desleales.

Divididos en la cima

Mientras que la guerra comercial expuso las muchas vulnerabilidades y escándalos de China al mundo entero, detrás de las cortinas cerradas,

Xi está luchando con lo que puede terminar siendo más devastador que cualquier otro desafío externo: su círculo interno más cercano se está volviendo en su contra.

Los observadores chinos notaron un cambio importante en la estrategia de Xi y en sus elecciones personales. Después de siete años de exitosa asociación con el vicepresidente Wang Qishan, quien dirigió las campañas anticorrupción que le ganaron mucho respeto a Xi, y con el primer ministro Li Keqiang, quien se enfocó en arreglar la economía, Xi le concedió su confianza al estratega Wang Huning y al viceprimer ministro Han Zheng. Éstos últimos nuevos confidentes sirvieron, y es probable que lo sigan haciendo, al archienemigo de Xi, el ex cabecilla del régimen Jiang Zemin.

Wang Huning es conocido por elaborar campañas, teorías y consignas ideológicas comunistas radicales para Xi y sus predecesores. Han Zheng lidera la ya notoria iniciativa de ‘La Franja y La Ruta’ (OBOR por sus siglas en inglés), y es una persona intransigente detrás de los recientes disturbios en Hong Kong y Macao. Ambos fueron promovidos por Jiang, y se dice que son miembros clave de la “pandilla de Shanghai” de Jiang, un grupo de líderes políticos nacionales que se cree son leales a Jiang, el enemigo político de Xi.

Aunque ambos tienen la confianza de Xi, sus comportamientos pusieron en duda la lealtad hacia el máximo líder chino. Han, por ejemplo, criticó el acuerdo comercial propuesto con Estados Unidos durante una reunión con dos docenas de líderes chinos el 13 de mayo, según Wall Street Journal.

Wang Huning, por otra parte, está permitiendo, si no es que lo ordena, que los medios de comunicación del Partido que están bajo su control hablen en contra de Xi. En junio, Xinhua.net publicó dos artículos que golpearon a quienes decidían “rendirse” ante Estados Unidos en la guerra comercial. Los artículos tenían un tono agresivo y amenazador, colmado de un lenguaje radical y lleno de odio utilizado habitualmente durante la Revolución Cultural de la década de 1970. “Deténgase ahora”, advirtió uno de los artículos a quienes abogan por la colaboración o sostienen una postura más moderada, “antes de que haga algo que dañe a su familia y complazca a sus enemigos”.

La gente familiarizada con el asunto cree que los artículos se dirigían a Xi, Wang Qishan y Li Keqiang todos los cuales esperan trabajar para lograr una resolución que ponga fin a la guerra comercial con Estados Unidos.

Inacción en el nivel intermedio

China tiene el mayor cuerpo de funcionarios gubernamentales de todo el mundo. La mayoría de ellos están en el nivel intermedio que interpretan, ejecutan y transmiten las políticas de los altos cargos.

Este nivel intermedio fue un obstáculo clave contra la reforma y la resolución de problemas, dijo en febrero Xu Zhong, jefe de la Oficina de Investigación del Banco Central de China, durante un foro económico de alto nivel. La mayoría de los documentos de política son elaborados por funcionarios de nivel intermedio con distintas funciones, dijo.

Estos funcionarios casi nunca llegaron a un acuerdo debido a las deficiencias de comprensión y a los conflictos de intereses. Esto conlleva a la eliminación de las políticas controvertidas. “Estos contenidos controvertidos son las reformas que realmente necesitamos para resolver problemas importantes y desafiantes”, dijo Xu. Por lo tanto, los cambios en las políticas de Beijing a menudo están estancados en el nivel intermedio debido a la protección de los propios intereses de los funcionarios, sin embargo se hacen en nombre de la búsqueda de un consenso multifuncional. Y los problemas, por supuesto, siguen sin resolverse.

Corrupción en el fondo

La corrupción es una enfermedad obstinada en cualquier sistema comunista. En China, donde el sistema estuvo funcionando durante casi 70 años, el alcance y la gravedad de la corrupción es asombroso.

En la última campaña contra las pandillas, muchos funcionarios locales fueron declarados culpables de colaborar con ellas. Sus cargos abarcaban desde jefe de la rama local del Partido Comunista, jefe de la Comisión de Asuntos Políticos y Jurídicos y jefe de la Oficina de Seguridad Pública.

El soborno en las elecciones locales también es una práctica común, lo que significa que un gran número de funcionarios locales adquieren sus cargos ilegalmente. Peor aún, una reciente encuesta de la Academia China de Ciencias Sociales demostró que más del 45 por ciento de los miembros de los comités de aldea eran exlíderes de pandillas.

No es de extrañar que estos funcionarios locales se concentren fuertemente en recuperar su inversión por medio de su posición de poder en la estructura administrativa. Pueden estar demasiado ocupados para tomar en serio los excesivos equipos de inspección y evaluación enviados por las autoridades centrales. Tan pronto como los equipos llegan a una provincia o municipio, la inspección se convierte en un juego de burocracia y formalidad.

Incluso para los equipos de inspección que se toman en serio su trabajo, los procesos son más un obstáculo que una ayuda para los funcionarios locales. Entre los preparativos para la llegada del equipo de inspección y la bienvenida, y para asegurarse de que lleven de regreso una imagen positiva, los funcionarios locales tienen poca energía para hacer las cosas.

Lo que está detrás de todos los problemas es el hecho que el propio Partido Comunista Chino (PCCh) es lo que realmente obstaculiza el desarrollo y la mejora, y es lo que desmotiva a los funcionarios a cumplir con su deber. Con una interacción más directa con la gente, los funcionarios locales saben mejor que los principales líderes lo frágil que es el Partido. Los funcionarios de hoy no están dispuestos a trabajar duro por el PCCh, y están planeando su retirada una vez que el Partido entre en crisis.

Xi puede ser consciente de la situación. En una reunión en febrero, Xi advirtió que el Partido se enfrenta a peligros desde muchas direcciones, y que el país necesita estar preparado para las grandes dificultades que le esperan.

Pero los funcionarios subalternos miraban con indiferencia, como si no formaran parte del sistema.

El economista Cheng Xiaonong cree que tales comportamientos de los funcionarios locales representan una gran amenaza política para Beijing, porque las medidas para salvar la economía no se implementarán.

“Más importante aún”, dijo Cheng, “tales comportamientos burocráticos marcan la pérdida de lealtad por parte de los funcionarios”.

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