El amor, la libertad y el valor de la vida

Tres mujeres artistas a lo largo de tres generaciones
Por ERIC BESS
01 de Mayo de 2021
Actualizado: 01 de Mayo de 2021

Como un homenaje a la Historia de la Mujer celebrada el pasado mes de marzo, quiero reconocer y destacar a algunas grandes artistas femeninas de la historia de la civilización occidental.

Nuestras tres artistas son Judith Leyster, Angelica Kauffman y Elizabeth Jane Gardner Bouguereau. Tras unas breves presentaciones, analizaremos una obra de arte de cada una de ellas.

Judith Leyster (1609-1660)

Autorretrato, alrededor de 1630, de Judith Leyster. Óleo sobre lienzo. Regalo del Sr. y la Sra. Robert Woods Bliss, Galería Nacional de Arte.

Judith Leyster fue una pintora holandesa del siglo XVII. Su padre cambió el apellido de su familia por el de Leyster, por una cervecería que poseía. En 1628, cuando tenía 19 años, Leyster ya había sido reconocida como artista activa en Haarlem por el ministro y poeta holandés Samuel Ampzing.

En 1633, a los 24 años, Leyster fue la primera mujer documentada con una obra pictórica admitida como integrante del Gremio de San Lucas de Haarlem. En ese momento, también tenía tres alumnos a los que enseñaba el oficio de pintar.

La mayoría de sus cuadros son escenas de género y bodegones. Sin embargo, “La última gota (El caballero gay)” es un cuadro de vanitas que contiene el típico memento mori. Las pinturas vanitas son obras de arte simbólicas que sirven para recordarle al espectador lo efímero de la vida y el placer, por medio de memento mori (objetos, como calaveras, que hacen que el espectador “recuerde que debe morir”).

“La última gota” muestra a dos jóvenes bebiendo alcohol. El hombre de la derecha sostiene una pipa humeante en la mano derecha y una jarra de cerveza volcada en la izquierda, mostrándonos que no queda nada para beber. Sonríe ebrio mientras extiende los brazos para mantener el equilibrio.

“La última gota” (The Gay Cavalier), cerca de 1639 por Judith Leyster. Óleo sobre lienzo, 35.10 por 28.95 pulgadas. Colección John G. Johnson, 1917. Museo de Arte de Filadelfia.

El hombre de la izquierda está sentado y ha empujado el fondo de su petaca hacia arriba mientras engulle su contenido, apresurándose a igualar la embriaguez de su socio. Detrás de ellos hay un esqueleto que sostiene una calavera y una vela en la mano izquierda y un reloj de arena en la derecha. Se inclina para mirar al joven de la izquierda.

El esqueleto sirve para recordarle a los espectadores que nuestro tiempo aquí es limitado y que no debe desperdiciarse consumiendo los caprichos de la vida. La vida es preciosa. En algún momento, la vela se apagará y el reloj de arena se vaciará, pero la muerte seguirá ahí.

Angélica Kauffman (1741-1807)

Angelica Kauffman tuvo una rara oportunidad como joven artista suiza. Su padre era muralista, y ella viajaba con él como su asistente. No solo aprendió los principios artísticos de su padre, sino que se benefició de ver y copiar obras de arte clásicas y renacentistas, y durante sus viajes conoció a los líderes del movimiento neoclásico.

En su adolescencia, Kauffman ya realizaba retratos por encargo. A los 23 años, fue elegida como integrante de la Accademia di San Luca, una asociación de artistas de Roma que pretendía elevar el trabajo artístico más allá de la simple artesanía.

Poco después, Kauffman se trasladó a Londres, donde conoció al artista Joshua Reynolds y entabló una estrecha amistad con él. Cuando se creó la Real Academia de las Artes en 1768, Reynolds, como su primer presidente, invitó a dos mujeres a ser integrantes fundadores, una de las cuales fue Kauffman, de 27 años.

Posteriormente, la Real Academia de las Artes le encargó a Kauffman que pintara cuatro obras de arte como representaciones visuales de las teorías que Reynolds defendía en sus instructivos “Discursos sobre el arte”. Los cuatro cuadros eran “Invención”, “Composición”, “Diseño” y “Color”.

Color (1778-80) Angelica Kauffman RA. Óleo sobre lienzo. 1260mm x 1485mm x 25mm. Foto: Royal Academy of Arts, Londres / John Hammond.

“Color” representa a una mujer idealizada con un traje clásico y el pecho izquierdo al descubierto. Está sentada sobre una roca en un paisaje natural. La mujer sostiene pinceles y una paleta en su mano izquierda. Mira al cielo y extiende el pincel de su mano derecha hacia el arco iris, recogiendo su color.

Que la mujer se extienda hacia arriba —más allá del mundo— para recoger el color, sugiere que lo que añade al arte efervescencia, emoción y vida está por encima de la naturaleza, o es sobrenatural (con el prefijo sobre que significa por encima).

La exposición de su pecho izquierdo recuerda a las pinturas que representan la alegoría de la caridad: una mujer representa a una nutridora de la vida y a una proveedora de sustento por medio de su pecho, su corazón. Así, una obra de arte, cuando se inspira en lo que está más allá de la naturaleza, es un acto de caridad, de sustento de la vida cultural por medio del corazón.

Elizabeth Jane Gardner Bouguereau (1837-1922)

Retrato de la señorita Elizabeth Gardner por William Adolphe Bouguereau. Óleo sobre lienzo. Colección de Fred y Sherry Ross. Centro de Renovación del Arte

Elizabeth Jane Gardner Bouguereau (Gardner) nació en Estados Unidos, y posteriormente se trasladó a Francia para estudiar arte en busca de la codiciada medalla del Salón. Expuso 36 cuadros a lo largo de 45 años —más que ninguna otra artista extranjera en Francia— y fue la única mujer estadounidense que recibió una medalla del Salón en 1887.

En 1896, después de un largo noviazgo, Gardner se casó con el exitoso pintor francés William-Adolphe Bouguereau, quien la apoyó y animó a pintar obras figurativas en lugar de los temas más tradicionales reservados a las mujeres.

Gardner era una ávida amante de los pájaros, mantenía algunos en su estudio y alimentaba a los de fuera desde su ventana. En “La Cautiva”, Gardner representa una paloma con dos mujeres vestidas de forma clásica, en un entorno natural.

“La Cautiva (Las Aficionadas a la Paloma)” ca. 1883 por Elizabeth Jane Gardner Bouguereau. Óleo sobre lienzo, 68 pulgadas x 47 pulgadas. Colección privada. Centro de Renovación del Arte.

La mujer de la derecha, vestida de azul, abrió la jaula de aves que ahora descansa sobre sus muslos. Mira la paloma que sostiene una mujer vestida de rosa y blanco. La mujer de rosa y blanco se arrodilla mientras sostiene la paloma cerca de su corazón y mira a la mujer de azul.

Por supuesto, la paloma, la cautiva finalmente libre, podría simbolizar la libertad que cada vez más mujeres encontraban en las artes y en la vida en general. Pero la paloma también representa los ideales tradicionales de paz, amor y pureza.

Las dos mujeres trabajan juntas para materializar los aspectos tradicionales de la paloma: la mujer de azul mira contemplativa a la paloma, mientras que la mujer de rosa mira con devoción a la mujer de azul, sugiriendo que debemos buscar profundamente estos valores dentro de nuestros propios espíritus para liberarlos, y que aquellos que los realizan mirando hacia dentro, son dignos y merecen ser venerados.

El arte es una de las formas en las que nos miramos a nosotros mismos. En su conjunto, las artes dan forma a las culturas y determinan lo que la gente aprende a valorar; no se puede exagerar su importancia. Estas mujeres aportaron obras de arte basadas en conceptos y principios que siguen invitándonos a valorar el amor, la libertad y el valor de la vida.

Eric Bess es un artista representativo en activo y estudiante de doctorado en el Instituto de Estudios de Doctorado en Artes Visuales (IDSVA).


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