El escepticismo hacia la comunidad de inteligencia de EE. UU. es algo bueno

Por Steven Rogers
31 de Enero de 2019 Actualizado: 31 de Enero de 2019

Los ocasionales cuestionamientos del presidente Donald Trump a la comunidad de inteligencia de EE. UU. no son peligrosos: es exactamente el tipo de liderazgo responsable que practicaba el presidente Ronald Reagan.

Muchos de los que critican al Presidente afirman que él no tiene una buena relación ni el apoyo de las agencias de inteligencia de EE. UU. porque “demostró que no confía en ellas”. Este relato es completamente falso.

No hay ni una pizca de evidencia de que el Presidente no confíe en la CIA o en otras agencias de inteligencia. Y como exoficial militar de inteligencia, puedo afirmar inequívocamente que la abrumadora mayoría de analistas de inteligencia creen que el Presidente confía en ellos y los apoya. Comprenden que es su responsabilidad como Presidente hacer todas las preguntas necesarias para asegurar que la información de inteligencia que reciba sea creíble, certera y factible.

El cuestionamiento por el Presidente a las evaluaciones de la CIA y de otras agencias de inteligencia es precisamente lo que un líder prudente debería hacer antes de tomar decisiones cruciales que afecten la seguridad nacional.

Los presidentes anteriores rutinariamente debatieron, criticaron y rechazaron evaluaciones de inteligencia por varias razones, tanto en forma privada como pública. Como bien sabía Reagan, la comunidad de inteligencia no es infalible.

En su libro, Un Papa y un Presidente, Paul Kengor escribió que en 1981, durante la investigación de la CIA sobre el disparo al Papa Juan Pablo II, hubo mucha especulación de que la Unión Soviética estaba de alguna manera involucrada en la tentativa de homicidio.

No obstante, los investigadores de carrera de la CIA evaluaron que la Unión Soviética no tenía razón alguna para estar involucrada en una conspiración así. La evaluación de la CIA incluso fue más allá, afirmando que el gobierno soviético en realidad acogía al Papa como una influencia estabilizadora para los países del bloque soviético, especialmente para Polonia.

Es importante señalar que tanto el director de la CIA William Casey como Reagan no estaban de acuerdo con las conclusiones de dicha agencia. En efecto, las agencias de inteligencia extranjeras, en especial la inteligencia italiana, evaluaron que los soviéticos consideraban al Papa Juan Pablo II como un peligro muy claro para el bloque soviético, particularmente para Polonia, lo que contradecía directamente a la CIA.

Debido a preocupaciones de seguridad nacional, Reagan y Casey (con el apoyo del Papa) no revelaron públicamente sus evaluaciones. Sin embargo, Reagan tuvo que tratar con severas críticas de la comunidad de inteligencia que estaba molesta porque él había confiado en la evaluación de una agencia extranjera por encima de la CIA.

Ahora que pasó tanto tiempo y que muchos expertos analizaron el asunto minuciosamente, parece que la CIA estaba equivocada y que Reagan tenía razón: la tentativa de homicidio contra Juan Pablo II fue llevada a cabo bajo las órdenes de Moscú.

Como Trump hoy en día, Reagan también fue acusado sin fundamentos de socavar la alianza de la OTAN –una acusación que suena absolutamente ridícula, puesto que las políticas de Reagan pusieron en marcha el colapso de la Unión Soviética.

En 1982, cuando Reagan prohibió el uso de equipamiento de EE. UU. para colocar una tubería de gas natural desde Siberia hasta Europa Occidental debido a la represión soviética en Polonia, Christian Science Monitor reportó que los críticos sostenían que Reagan había “[suscitado] una crisis en la alianza del Atlántico (OTAN), cuyo resultado solo [podría] servir a los propósitos de la Unión Soviética”.

De manera similar, la exigencia de Trump de que los países de la OTAN paguen su cuota justa de defensa, provocó las alarmantes predicciones de que sus acciones suscitarían problemas en la alianza y traerían un resultado que solo serviría a los intereses de Rusia.

Reagan llamó a los países de la OTAN a negociar, y llegaron a un acuerdo de dejar sin efecto las sanciones contra EE. UU. y compañías extranjeras a cambio de medidas más sólidas contra los soviéticos. De manera muy parecida,  Trump llamó a los países de la OTAN a negociar para arribar a un acuerdo que asegure que cada parte pagaría por su cuota justa de defensa mutua.

Sin dudas, luego de revisar las evaluaciones de inteligencia sobre decisiones que tenían el potencial de afectar nuestra relación con los países de la OTAN, tanto Reagan como Trump hicieron lo que pensaron era lo mejor para Estados Unidos -¡y tenían razón!

El presidente Donald Trump en un acto de Make America Great Again, en Houston, EE. UU., 22 de octubre de 2018. (Charlotte Cuthbertson/La Gran Época)

Trump enfrenta críticas injustificadas sobre su supuesta “falta de apoyo y confianza en las agencias de inteligencia americanas”, pero, como a Reagan le gustaba decir en su presidencia, es vital que el Presidente “confíe, pero verifique” –incluso cuando esté revisando las evaluaciones de sus propias agencias de inteligencia.

Nuestro Presidente debidamente electo tiene el derecho al escepticismo y al juicio para efectuar su trabajo; esto le es útil para contrarrestar la parcialidad institucional inherente a nuestra recolección de información –y es algo que está inserto en la naturaleza misma de su crítica función de gobierno.

En efecto, Trump ha sido sumamente Reaganesco en su cautelosa evaluación de los informes de inteligencia, y Estados Unidos está a salvo debido a ello.

Steven Rogers es un oficial de inteligencia retirado de la Marina de EE. UU. y exmiembro de la Fuerza Nacional de Tarea Conjunta contra el Terrorismo del FBI. Actualmente es miembro del Comité Asesor de la Campaña Donald J. Trump para Presidente 2020. 

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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