El largo y costoso camino de la inmigración ilegal china a Estados Unidos

18 de Septiembre de 2017 Actualizado: 18 de Septiembre de 2017

Zheng Lili dejó su China natal y entró a Estados Unidos por una red de contrabando en 2014, hoy recuerda la culminación de su viaje de meses de duración, que la llevó alrededor del mundo y le costó decenas de miles de dólares.

“Estaba muerta de miedo, sin aliento, pensé que moriría allí”. Fue en ese mismo momento, luego de cruzar Río Grande, que escuchó a oficiales de policía decir: “¡Bienvenida a Estados Unidos!”.

Su primera parada fue Moscú. Desde ahí fue a Cuba, donde los chinos no necesitan visa para quedarse menos de un mes, para finalmente llegar a Ciudad de México y embarcarse en un viaje a pie hacia el norte.

En la aduana mexicana, el líder del grupo en el que estaba Zheng les había dicho a todos que pongan US$ 200 en sus pasaportes. Entonces los llevaron a una entrada especial y pasaron sin problemas. Se unieron a una docena de otras personas de diferentes países, partieron a medianoche en un viaje hacia el Valle de Río Grande. Durante dos días completos, anduvieron en la tierra infestada de mosquitos, constantemente listos para arrojarse al suelo y así evitar helicópteros o vehículos patrulleros.

Zheng estaba tan cansada que su hijo y otro inmigrante la tuvieron que cargar. “Todos esperábamos ser arrestados luego de cruzar, porque acelera el proceso”, dijo a La Gran Época.

Su hijo fue liberado bajo fianza un mes después y rápidamente le dieron asilo político por la fe cristiana que aprendió de su devota abuela. Zheng fue detenida por dos años.

La experiencia de Zheng Lili no es única. El 26 de agosto de este año, 23 chinos fueron arrestados cruzando la frontera de Otay Mesa en San Diego, el arresto más grande de chinos que ingresaban ilegalmente al país vía México.

Junto con siete mexicanos, el grupo fue descubierto cuando atravesaba un túnel que conecta el país con México. Todos venían del sureste de China, 22 de la provincia costera de Fujian y uno de la provincia vecina de Guangdong.

Zheng, también de Fujian, llegó a Estados Unidos en 2014 y pasó dos años detenida antes de reunirse con su esposo en 2016. Su esposo, Chen Zhiqiang, también era inmigrante ilegal: había logrado llegar hace alrededor de dos décadas con un pasaporte falso obtenido en Holanda. Chen y Zheng fueron la última de 39 familias de apellido Chen en su pueblo que dejaron su hogar para ir a Estados Unidos.

Fujian históricamente ha sido una de las fuentes más grandes de inmigrantes chinos. El distrito Changle, que a fines de los 70 se convirtió en uno de los primeros puertos chinos abiertos al comercio internacional, se ganó el apodo de “Pueblo de Contrabandistas”. Desde 1980 hasta 2005, más de 200.000 personas fueron llevadas a diferentes destinos en el extranjero, según informó Sina, un grupo de prensa online chino.

En Fuzhou, capital de Fujian, decenas de miles de “niños abandonados” vivían con sus abuelos, según Beijing News. Los padres, inmigrantes ilegales trabajando en Estados Unidos, enviaban a sus hijos de regreso porque no tenían energía ni tiempo extra para cuidarlos luego de trabajar por 13 horas o más al día. El distrito Changle, que queda cerca de Fuzhou y tiene alrededor de 712.500 habitantes, contó 5.000 niños nacidos en Estados Unidos para 2012. Casi cada hogar local tenía a alguien viviendo en el extranjero.

Fujian tiene una larga tradición de emigración, que ya había comenzado en la antigüedad con los mercaderes chinos que dejaban el continente y se establecían en el extranjero, a menudo en el Sudeste de Asia. A principios de 1960, los marineros de Fujian que tomaron trabajo en Hong Kong descubrieron que podían ganar 15 veces más en Estados Unidos, lo que impulsó una primera ola de emigración hacia Occidente.

Gradualmente se desarrolló una extensa red y una industria de contrabando. “Cuando otras personas salían y nosotros no, eso nos hacía ver mal”, dijeron inmigrantes a Sohu, otro medio chino. Los pueblerinos en Changle lanzaban fuegos artificiales para celebrar cuando alguien lograba llegar a Estados Unidos.

“Hubo muchos casos históricos de personas chinas que fueron llevadas ilegalmente a Estados Unidos en barcos, vagones, escondidos en autos, a través de túneles, en aviones, de cualquier forma imaginable en la que puedan pensar los humanos para cruzar la frontera”, dijo Elliott Young (profesor de historia en la Universidad Lewis y Clark en Portland, Oregon, y autor del libro “Nación alienígena”) a Voice of America.

“Los chinos estuvieron entre los primeros en inventar estas formas de evadir el control fronterizo”, dijo Young.

Zheng Qi (quien no es familiar de Zheng Lili), presidente de la Asociación Benevolente Fukien de Estados Unidos, llegó a EE. UU. con un pasaporte de turista tailandés, según informó la prensa chino-estadounidense. En un primer intento sin éxito, una agencia de viajes radicada en Hong Kong le consiguió una visa para viajar a Canadá, lo que lo llevó a la frontera canadiense antes de ser descubierto y repatriado.

El Instituto de Política Migratorias estima que hay alrededor de 268.000 inmigrantes ilegales o indocumentados de China, lo que los hace el quinto grupo más grande entre 11 millones de inmigrantes ilegales que residen en Estados Unidos, y el más grande de naciones no latinoamericanas. En un informe de 2016, el Instituto identificó a China como una de las fuentes principales de inmigrantes del mundo.

A lo largo de un período de siete meses, desde octubre de 2016 hasta el pasado mayo, la patrulla fronteriza de California aprehendió 663 chinos tratando de ingresar ilegalmente a Estados Unidos, un gran salto teniendo en cuenta que fueron apenas unos 48 en el mismo período en 2016 y solo 5 el año anterior, según reportó NBC 7.

Los contrabandistas ven a los clientes chinos como más rentables que aquellos de América Latina o de México, dado que las pandillas pueden pedir tarifas más altas debido a la ruta de viaje más larga. En las pasadas décadas, el costo de contrabandear un inmigrante aumentó más del doble, creció de US$ 30.000 a US$ 50.000 y luego a US$ 70.000, según el Consejo de Relaciones Exteriores.

Según el profesor Elliott Young, estas tarifas raramente se pagan directamente a los contrabandistas, llamados shetou o “cabezas de serpiente” en chino.

Young observó que los inmigrantes usualmente arreglan con el contrabandista una cierta suma de pago por adelantado, alrededor de unos miles de dólares, y “saldan su deuda en Estados Unidos trabajando en una empresa”. “Trabajan en restaurantes, fábricas de ropa y otros, a menudo empresas de propietarios chinos”, dijo.

Una expresión sarcástica china describe la vida día a día de un inmigrante ilegal típico llegando a Estados Unidos: “Durante el día en la cocina, en la noche sobre la almohada y el fin de semana en lo del abogado”.

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