El ‘Made in China 2025’ de China continúa a ritmo acelerado

El plan de China de eliminar a sus competidores tecnológicos es una cuestión política, independientemente de los esfuerzos de las relaciones públicas de los líderes chinos para sofocar los temores occidentales
Por James Gorrie
27 de Abril de 2019 Actualizado: 27 de Abril de 2019

A pesar de lo que el mandatario chino Xi Jinping pueda decir públicamente al mundo sobre su decisión de suavizar al agresivo plan “Made in China 2025”, el programa sigue adelante a toda máquina.

El objetivo del programa, creado por el primer ministro chino Li Keqiang en 2015, es que China se convierta en la nación manufacturera dominante en el mundo en 10 sectores clave de alta tecnología, como el farmacéutico, la inteligencia artificial y la robótica, entre otros.

Los objetivos del plan no solo es situar a China en la cima de la investigación tecnológica y la fabricación de alimentos, sino también, al implementarlo, destruir a los competidores occidentales. La tecnología clave de todos los sectores de ‘Made in China 2025’ es el diseño y la fabricación de microchips semiconductores avanzados, de los cuales Estados Unidos aún conserva la mayor parte de la ventaja tecnológica.

En pocas palabras, el programa ‘Made in China 2025’ es un proceso diseñado para transferir propiedad intelectual (PI), técnicas de fabricación e investigación de Occidente a China.

El gran alarde de China le sale por la culata

No es de extrañar que el programa ‘Made in China 2025’ de China haya desempeñado un papel importante en la elaboración de la perspectiva del presidente Donald Trump y que haya contribuido a dar forma a sus políticas comerciales.

Trump hizo campaña y ganó la presidencia de Estados Unidos con la promesa de rechazar las ventajas comerciales desleales de China y su robo tecnológico y de propiedad intelectual desenfrenado contra las empresas estadounidenses. De hecho, el objetivo de los aranceles de Trump apuntan a los mismos sectores tecnológicos del plan ‘Made in China 2025’.

En respuesta a las políticas comerciales de Trump, que no solo incluyen aranceles sino también otras medidas punitivas, China movió sus compras de soja a Brasil y trasladó la fabricación de algunos productos de consumo a fábricas de otros países, como México, Vietnam y Serbia. Otros fabricantes extranjeros también están saliendo de China. Sin duda, esto podría plantear problemas a largo plazo a China.

Para contrarrestar las impresiones que causaron sus propios dichos sobre el ‘Made in China 2025’, China lanzó una agresiva campaña de relaciones públicas. Xi prometió públicamente que China permitirá a las empresas occidentales un mayor acceso al mercado chino y que hará esfuerzos para proteger la propiedad intelectual de las empresas extranjeras que operan en China, especialmente las empresas estadounidenses. También prometió reducir los aranceles de los automóviles estadounidenses del 40 por ciento al 10 por ciento, y volver a comprar soja estadounidense.

Pero, ¿realmente abrirá China su mercado a la competencia de Estados Unidos? ¿Dejará de practicar el robo de propiedad intelectual y de tecnología? ¿Será capaz Trump de cambiar fundamentalmente los planes ‘Made in 2025’ de China de manera similar a cuando Estados Unidos pudo contrarrestar el comercio adversario de Japón en la década de 1980?

La respuesta a todas estas preguntas es: “No”. Y hay muy buenas razones para ello.

La economía de China se basa en el robo

En su esencia, la economía china se basa en el soborno, el robo y una horrible violencia. Desde 1949 hasta 1979, la economía de China se basó en que el Estado robara los escasos frutos del trabajo del pueblo chino, matando a decenas de millones de personas en el proceso. Una vez que China invitó a las empresas occidentales a fabricar productos allí, la economía china siguió robando a nivel local, pero amplió su alcance de robo para robar capital, tecnología, propiedad intelectual e incluso fábricas completas de manufactura a empresas occidentales.

Por cierto, esta es una de las principales razones por las que el sistema legal chino es tan débil, corrupto e irresponsable. Tal sistema legal es necesario para que el robo y el soborno generalizado ocurran y prosperen. Estos son los aspectos esenciales de la economía china y de sus políticas comerciales y monetarias, y dieron como resultado el “milagro económico” chino del que disfruta hoy el 20 por ciento de la población china.

China pasó de ser un infierno comunista extremadamente pobre a ser una gran potencia económica mundial en menos de 40 años, ¿por qué cambiar las mismas políticas que la llevaron allí, incluso si pudieran hacerlo?

No pueden y no lo harán.

Lo que funcionó con Japón, no funcionará con China

Desde el punto de vista estructural y de política económica, existen algunas sorprendentes similitudes entre las dos naciones asiáticas. Por ejemplo, China tomó una página del libro de políticas comerciales adversarias de Japón de los ochenta. En esos años, Japón vendió a precios agresivamente más bajos que los de las empresas estadounidenses de automóviles y electrónica, mientras que las alcanzaba o superaba en cuanto a calidad.

Al hacerlo así, las políticas comerciales adversarias de Japón fueron fundamentales para eliminar miles de puestos de trabajo en la industria automotriz y electrónica en todo EE. UU., lo que contribuyó al Cinturón del Óxido que aún existe hoy en día.

Tanto Japón durante los años 80 como China han dependido desde entonces de relaciones comerciales sesgadas con Estados Unidos, que incluían aranceles altos y mercados cerrados para los productos estadounidenses con el objetivo de hacer crecer sus respectivas economías. Y ambos países tienen una desventaja comparativa en recursos naturales. Ambas economías están más impulsadas por el Estado en comparación con la economía de mercado de Estados Unidos, aunque China lo está mucho más que Japón.

Pero también hay diferencias críticas entre Japón y China, lo que hace que aplicar las mismas presiones que funcionaron con Japón sea menos probable que funcione con China. Una gran diferencia es que China no depende de Estados Unidos para su seguridad. Por el contrario, es un adversario geopolítico, económico y militar de Estados Unidos. El aspecto de la seguridad fue un factor muy importante en la decisión de Japón de aceptar las políticas comerciales de Estados Unidos. China no está atada a tales cuestiones.

Además, China depende menos de las exportaciones a EE.UU. para impulsar su propia economía, ya que tiene profundas relaciones comerciales con la Unión Europea y otras economías de toda Asia. Además, China controla su moneda en un grado mucho mayor que Japón lo hizo y hace, protegiéndola de las fuerzas del mercado.

Pero no todos los factores de China están a su favor. A diferencia de la homogeneidad de Japón, China es un imperio sobre grandes poblaciones con culturas, sistemas de valores, historias, características y aspiraciones muy diferentes. La constante represión de cientos de millones de personas es costosa, así como también una actividad políticamente peligrosa. Incluso su propia población se resiente ante el yugo de la dominación del Partido Comunista Chino.

Por casualidad, al igual que los japoneses, la población de China está envejeciendo, presagiando una creciente demanda de servicios sociales, mientras que su deuda en relación con el PIB aumentó hasta alcanzar una proporción de 2,5 a 1. Al comienzo de su recesión de dos décadas en 1992, la relación deuda/PIB de Japón era de alrededor de 0,50 a 1, y desde 2012 se mantiene en una relación de alrededor de 2 a 1. Por lo tanto, China se enfrentará en algún momento a su propia crisis de deuda.

El afán de China para lograr la supremacía mientras tenga la oportunidad de hacerlo está alimentado por todos estos factores y muchos más.

No hay una verdadera solución a la vista

Nadie realmente espera que los chinos abandonen su modelo de desarrollo de “capitalismo de Estado”. Después de todo,  transformó la economía china y arrebató millones de puestos de trabajo a Estados Unidos y Europa. El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, concluyó lo mismo en un artículo reciente. En otras palabras, independientemente de lo que diga China, está llevando a cabo su programa ‘Made in China 2025’ con la misma agresividad que antes.

En caso de tener éxito, China hará desaparecer a muchas empresas de tecnología al rebajar los precios de sus productos respecto de los fabricantes estadounidenses, europeos y japoneses. Esto resultaría en un desempleo crónico y potencialmente en una ventaja tecnológica insuperable que alimentaría su expansión mundial, a expensas del poder y la influencia de Estados Unidos. En todos los aspectos que importan, el plan ‘Made in China 2025’ es efectivamente una declaración de guerra contra las economías occidentales, especialmente contra la de Estados Unidos.

En otras palabras, es un acto de guerra sin disparar armas, al menos no todavía.

James Gorrie es un escritor radicado en Texas. Es el autor de “La crisis de China”.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

***

Mira a continuación

Los negocios son una guerra

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

TE RECOMENDAMOS