Estatuas milagrosas: ¿truco o mensaje divino?

19 de Febrero de 2016 Actualizado: 19 de Febrero de 2016

“Para aquellos que creen, no hay explicación necesaria; para aquellos que no creen, no hay explicación posible”. Santa Bernadette, pastora francesa canonizada en 1933

“Yo cierro los ojos, Antonino, porque no quiero ver lo que está pasando en el mundo”. Antonino toma la cámara y filma. Ante el niño, la imagen pétrea de la “Virgen  de los Dolores” en la capilla de Ispica, Italia, parece hablarle desde la triste dulzura de su rostro. Pero sus ojos, sellados por la frialdad del mármol durante años, se abren de repente.

Las imágenes captadas por el joven Antonino el 18 de septiembre de 1994 sacudieron al mundo del catolicismo cuando Antenna Sicilia decidiera hacerlas públicas después de corroborar la autenticidad de las mismas.

Pero sus ojos, sellados por la frialdad del mármol durante años, se abren de repente.

Por el lapso de 5 segundos, la virgen de Ispica parece despertar del sueño eterno para transmitir un mensaje a la humanidad. Un mensaje que, según el mismo Antonino escuchara con sus oídos, rezaría: “Yo cierro los ojos, Antonino, porque no quiero ver lo que está pasando en el mundo”.

Desde el presente a la antigüedad, las “señales del Cielo” parecen haber caído como aguacero sobre todo aquel que se hallara dispuesto a creerlas. No obstante, tanto la religión como la ciencia siempre aconsejan a los fieles no exultar ante el menor indicio de supuestos mensajes divinos.

El interrogante, a pesar de todo, siempre flota en el aire cada vez que una virgen llora sangre o un santo mueve su boca: ¿Existen las estatuas milagrosas? ¿Son todos los casos un completo fraude? ¿Cómo deberían responder los fieles a las supuestas señales?

Cuando la virgen sangra

“Nos sentimos todos conmovidos ante este nuevo milagro”, decía uno de los feligreses que vio llorar a una talla de la Virgen María en la capilla de ‘Cristo de las lágrimas de San Pedro’, Bolivia.

“Es de alguna manera como un milagro, pero no puedo explicarlo”, contaría por su lado una fiel de Traunstein, Alemania, que observa con frecuencia cómo llora en su departamento una estatuilla de 30 centímetros de la “Madonna” inmaculada.

Los relatos e imágenes de santos que derraman lágrimas limpias o sanguinolentas se han convertido en una postal recurrente dentro del ámbito religioso. Sin embargo, pocos de ellos superan el examen riguroso que da lugar a un posible milagro.

En la gran mayoría de los casos, las lágrimas que se deslizan por las mejillas de María, Jesús o venerados de otra índole, forma parte de fraudes ideados con los fines más diversos. Desde la promoción de turismo religioso en un pueblo pequeño, hasta el deseo de reconocimiento de ciertas personas dentro de una comunidad.

Según los exámenes de laboratorio, la sangre pertenece en algunos casos al mismo dueño de la estatua; en otros se utiliza sangre animal para crear confusión. Ciertos charlatanes colocan cápsulas con líquido dentro del cráneo hueco de las esculturas, con conductos que desembocan en los lagrimales.

A veces esparcen polvillo rojo sobre las líneas de los párpados, y cuando el rocío o vapor entra en contacto con el mismo, lo arrastra creando la ilusión de sangre.

Los pocos casos sin respuesta son el margen que las rigurosas investigaciones dejan a los religiosos para desplegar una fe que, con frecuencia, se halla debilitada. Tal como sucediera con el caso de una talla de Cristo filmada por el residente mexicano Antonio Ramírez durante la Semana Santa de 1992, mientras movía levemente su cabeza hacia arriba y hacia abajo.

El milagro de las estatuas que bebían leche

Un fenómeno inusual conmovió a toda India la mañana del 21 de septiembre de 1995. Varios devotos de Nueva Delhi corrieron hacia las estatuas del dios Ganesha a corroborar lo que un llamado telefónico anónimo les había informado: los ídolos de piedra estaban bebiendo la leche que los hombres les ofrecían mediante tazones o cucharas.

Con solo pegar la cuchara a la boca de la figura, la leche comenzaba a disminuir hasta quedar solo gotas.

Cualquier hindú podía comprobarlo con su propia estatua de Ganesha en casa. Con solo pegar la cuchara a la boca de la figura, la leche comenzaba a disminuir hasta quedar solo gotas.

A media mañana, casi toda la India conocía el fenómeno. Para el mediodía, la noticia se había extendido más allá de la nación, y devotos hinduistas de Gran Bretaña, Canadá y Nepal también reportaban ser testigos del milagro.

Pero, ¿qué sucedía realmente con las esculturas de piedra? Después de una breve investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la India, muchos de los creyentes lo aceptaron a regañadientes.

La leche ascendía por las comisuras labiales de la figura por un simple fenómeno de capilaridad. Si al “dios” se le daba de beber mucho, los surcos se llenaban y la leche simplemente comenzaba a derramarse sobre el suelo.

La histeria colectiva hindú fue ridiculizada al final del día por investigadores que ofrecían leche a todo tipo de imágenes, tales como miniaturas del ratón Mickey de Disney, quien también estaba dispuesto a sorber el líquido.

¿Qué esconden las figuras?

Mientras miles de fanáticos ven su fe exacerbada después de una “señal mística”, muchos religiosos opinan que la degeneración de la sociedad trae aparejada situaciones de difícil comprensión, incluso para los mismos creyentes.

El interés en situaciones personales con que los religiosos rezan a las imágenes, en vez del corazón de respeto y reverencia que se ofrecía a los dioses en el pasado, provoca manifestaciones demoníacas malinterpretadas como milagros, según aseveran conservadores de distintas religiones.

En particular, las imágenes cristianas parecen la presa predilecta de fraudulentos sin escrúpulos que provocan las conocidas “lágrimas de sangre”. Las efigies budistas, cabe destacar, no corrieron hasta el momento la misma suerte en Asia, a pesar de la rápida difusión de ideas entre ambos lados del mundo.

Todo se debe, quizás, a que los practicantes de la “no intención” entienden que el Buda nunca lloraría sangre por los incontables pecados cometidos por la humanidad. El Buda sólo contemplaría en la paz más absoluta cómo el hombre se pierde día a día bajo sus propios vicios.

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