Geopolítica: la importancia de Yemén

31 de Marzo de 2015
Actualizado: 27 de Abril de 2020

Luego de que Estados Unidos se retirara de Yemén la pasada semana, en la que ahora transcurre, una coalición liderada por Arabia Saudita -y que involucra a diez Estados mayormente árabes- se movilizó en la nación peninsular de la mano de ataques aéreos, a criterio de hacer frente al recurrente caos de la locación.

El objetivo inmediato -aunque no el único- de la campaña aérea de la coalición son los rebeldes hutíes (o huthi) que recientemente barrieron con el norte de Yemén, capturado la capital Saná’a, y luego empujaron al gobierno yemení hacia el mar, al sur.

En tanto el conflicto se desarrolla actualmente en forma de campaña aérea -con la intención de reprimir a los agresores, detener su avance y eventualmente llevarlos a la mesa de negociaciones-, una escalada que involucre a fuerzas terrestres aportadas por la coalición es posible.

En efecto, en una andanada de declaraciones a los medios en Washington, D.C., el embajador saudí ante los Estados Unidos expresó que la coalición se encontraba lista para hacer ‘lo que fuera necesario’, a criterio de proteger al gobierno del presidente yemení, Abed Raboo Mansour Hadi.

Pero, mientras que el objetivo directo de la coalición liderada por Arabia Saudita son los hutíes, el objetivo indirecto es más integral. La intervención en Yemén (intervención de carácter mayormente sunita) se trata de Irán -alejada 1.500 millas de la zona.

Como sabemos, los hutíes respaldados por Irán (shiíta) la emprenden contra el gobierno central yemení, de ascendencia suní. Los rebeldes podrían tomar la ciudad de Adén -la capital desplazada de Hadi-, convirtiendo posiblemente a Yemén en un aliado de Teherán.

En tanto los lazos de Teherán con los hutíes son obscuros, los rebeldes precisarían de apoyo externo en el caso de tomar el país, con miras a profundizar las relaciones con los iraníés. En otras palabras, un Estado satélite de Irán en la frontera sur de Arabia Saudita es posible.

Desde que Riad -la capital saudita- y otros ven a Teherán no solo como portador de ambiciones de cara a Medio Oriente y en el mundo musulmán, pero como ascendente en la región (como ejemplos, Irak y Siria), la expansión hacia Yemén significa problemas.

Si acaso Yemén se convirtiera en Estado clientelar de Irán, Teherán podría enviar a los cuerpos de la Guardia Islámica Revolucionaria, a fuerzas de inteligencia y de seguridad, con el objeto de asistir a los hutíes y dar un espaldarazo a sus intereses.

Las fuerzas navales de Irán podrían amarrar en puertos yemeníes o incluso estacionarse permanentemente en este país, en peligrosa proximidad del Mar Rojo y su Canal de Suez, el Golfo de Adén y el Mar Arábigo.

Para acrecentar los problemas, Irán –poseedor de la fuerza de misiles balísticos más importante en el Medio Oriente– podría incluso desplegar estos poderosos activos militares en Yemén, amenazando objetivos terrestres y navales, y las rutas del tránsito comercial.

Esencialmente, los árabes y sus asociados ven aquí el potencial para mucha de la perfidia persa en Yemén.

Desde luego, la coalición se muestra preocupada respecto del Estado Islámico y de la franquicia al-Qaeda en la Península Arábiga en Yemén, a la luz de la muerte y la destrucción que estos grupos están provocando en todo escenario. Pero, considerándose la amenaza inherente de una potencia superior como lo es Irán, el primer punto se presenta -probablemente- secundario.

Uno no puede evitar sentir que la coalición siente necesidad de lidiear con Irán en Yemén, debido a los niveles de involucramiento regional en franca declinación que caracterizan a los Estados Unidos, al mayor acercamiento entre Washington y Teherán en lo que hace a un acuerdo nuclear, y a la creciente influencia iraní en Siria e Irak.

Con todo, algo queda claro por estas horas: Yemén no solo es un polvorín del terrorismo. También se ha tornado un polvorín geopolítico.

Traducción al español: Matías E. Ruiz

Peter Brookes es Analista Senior en temáticas relativas a seguridad nacional en la Fundación Heritage, Washington, D.C. En la actualidad, Brookes ejerce su tercer período como miembro designado en el congreso estadounidense de la Comisión de Revisión de Seguridad y de Economía entre Estados Unidos y la República Popular China. Anteriormente, se desempeñó en la Administración del ex presidente George W. Bush como secretario adjunto de Defensa para Asuntos de Asia y del Pacífico, en donde fue responsable por la política de Defensa de EE.UU. de 38 países y cinco alianzas bilaterales en el continente asiático.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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