Hay que derrotar al PCCh antes de fortalecer a la ONU

Por Anders Corr
19 de Octubre de 2021
Actualizado: 19 de Octubre de 2021

Comentario

Un conservador británico aboga por aumentar el poder de investigación de la OMS de Naciones Unidas para vencer la próxima pandemia, pero no tiene en cuenta la creciente influencia de Beijing sobre la propia ONU.

Tom Tugendhat, miembro del Partido Conservador en el parlamento británico y normalmente duro con el autoritarismo, aboga por dar más poder a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para mitigar el riesgo de otra pandemia, que compara con un arma nuclear. Para contener el notable poder destructivo de los virus, propone un mayor poder de investigación para la OMS.

“Como recomienda en un informe la comisión de asuntos exteriores del Parlamento británico, podríamos dar a la OMS el poder de lanzar sus propias investigaciones, el derecho de acceso y el derecho a informar, como tiene hoy el OIEA”, escribió Tugendhat, presidente de la comisión de asuntos exteriores de Reino Unido, en el Financial Times.

Tales poderes de investigación serían útiles para descubrir el probable origen del COVID-19 en China, y arreglar cualquier práctica de procedimiento, reglamentaria o de otro tipo que haya permitido la liberación del virus en la población humana. Beijing ha sido notoriamente poco transparente y se ha negado a cooperar con los inspectores internacionales.

Por lo tanto, es más probable que la OMS ponga su mayor poder en contra de los enemigos de Beijing, en lugar de ser una herramienta eficaz para responsabilizar al PCCh del origen del COVID-19 y de sus fallos durante el brote inicial.

Jefe del Grupo de Expertos sobre Respuesta al Covid en la Comisión Nacional de Salud de China, Liang Wannian, centro, responde una pregunta mientras Tong Yigang, izquierda, y Feng Zijian, derecha, escuchan durante una conferencia de prensa sobre el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los orígenes del SARS-CoV-2, en el Comité Nacional de Salud el 31 de marzo de 2021 en Beijing, China. (Kevin Frayer/Getty Images)

En junio, el embajador de China en Francia propuso que la OMS investigara Fort Detrick, en Estados Unidos, como origen del virus. Por lo tanto, la propuesta de la comisión británica de reforzar el poder de investigación de la OMS es, como mínimo, una medida del Reino Unido que dañaría a Estados Unidos, mientras trata de ser una medida más dura contra Beijing.

El propio Xi Jinping quiere que se dé más poder a la ONU y a la OMS, pero no espere que él y sus muchos aliados, comprados por poco dinero, cooperen con las instituciones internacionales cuando no sirven a los intereses del PCCh. Dada la enorme influencia del PCCh en la ONU, Xi puede ignorar a las organizaciones internacionales a su antojo, o utilizarlas contra sus adversarios con la misma facilidad y por la misma razón.

Abogar por un arma más poderosa, cuando no se tiene en cuenta quién tiene la preponderancia del control sobre el arma, es irresponsable.

El hecho de que Xi vea a la ONU como una extensión del poder de Beijing quedó patente cuando dijo ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2020, que el multilateralismo “con la ONU en el centro” era esencial. “Debemos seguir la orientación de la ciencia, dar todo el protagonismo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y lanzar una respuesta internacional para vencer esta pandemia”, argumentó.

El PCCh ya está intentando utilizar las organizaciones de la ONU contra los baluartes democráticos del mundo, incluidos Estados Unidos y sus aliados más cercanos. En junio, por ejemplo, Beijing pidió que la ONU investigara a Canadá por supuestos crímenes contra los pueblos indígenas. Utilizó la petición para desviar la atención de su propio genocidio probado contra los uigures, por no mencionar a los tibetanos y a Falun Gong.

A medida que crece la influencia mundial de China, adquiere más liderazgo sobre la ONU. Actualmente, dirige cuatro de las 15 agencias y grupos especializados de la institución internacional: la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y, más recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Un ciudadano chino dirigió también la Interpol, hasta que el PCCh lo detuvo en 2018 y lo condenó por corrupción.

El Príncipe de Gales estrecha la mano del presidente de Interpol, Meng Hongwei, durante su recorrido por Interpol en el marco de su visita a Francia el 8 de mayo de 2018 en Lyon, Francia. (Andrew Matthews – Pool/Getty Images)

Aproximadamente 30 instituciones de la ONU firmaron memorandos que apoyan la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en inglés) de China, que es esencialmente la promoción de las exportaciones chinas, la diplomacia de chequera y la financiación de la trampa de la deuda envueltas juntas y enmascaradas como desarrollo internacional. China puede entonces presentar la BRI como un desarrollo positivo aprobado por la ONU.

En los organismos de la ONU que Beijing no controla directamente, influye de forma mediata a través de amenazas comerciales, sanciones comerciales, incentivos comerciales, subvenciones para el desarrollo, préstamos para el desarrollo y el soborno descarado de funcionarios electos y no electos, así como de sus asociados más cercanos y miembros de la familia, por ejemplo, a través de paracaídas de oro en los negocios o “regalos” descarados en forma de montones de dinero en efectivo o piedras preciosas.

Beijing se asegura de conseguir las promesas que recibe de las personas sobre las que ejerce influencia espiándolas. En 2019, el PCCh envió una delegación de aproximadamente 80 a 100 personas a una votación en Roma para elegir al director general de la FAO. Grabaron, incluso con cámaras de video y con teleobjetivos de alta potencia, lo que se suponía que era una votación secreta. El candidato chino ganó.

Después de que Beijing violara su tratado con Gran Bretaña y saqueara a Hong Kong, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (UNHRC) circularon dos declaraciones rivales sobre el tema en 2020. La de Cuba, que apoyaba la violenta anarquía de Beijing en Hong Kong, obtuvo los votos de 53 países. La declaración británica que expresaba su preocupación solo obtuvo 27.

“Ganar influencia en la ONU permite a China sofocar el escrutinio internacional de su comportamiento en casa y en el extranjero”, según Yaroslav Trofimov, Drew Hinshaw y Kate O’Keeffe en el Wall Street Journal. “En marzo [de 2020], Beijing ganó un puesto en un panel de cinco miembros que selecciona a los relatores de la ONU sobre abusos de los derechos humanos  —funcionarios que solían apuntar a Beijing por encarcelar a más de un millón de uigures en los llamados campos de reeducación en Xinjiang”.

Ashok Malik, asesor principal del Ministerio de Asuntos Exteriores de la India, acertó cuando declaró al Journal: “Si controlas palancas importantes de estas instituciones [internacionales], influyes en las normas, influyes en las formas de pensar, influyes en la política internacional, inyectas tu forma de pensar”.

Beijing compra su influencia en la ONU de forma barata, contribuyendo solo con 1300 millones de dólares al sistema de la ONU en 2018, en comparación con los 10,000 millones de dólares anuales que cuesta a Estados Unidos.

Dada la desmesurada influencia de Beijing en la ONU, las propuestas poco realistas de un mayor poder de la ONU para contrarrestar los problemas del PCCh, como los frecuentes brotes virales en China, son de una ingenuidad desmedida.

La utilización por parte del PCCh de la ONU, que se supone que apoya la democracia, los derechos humanos y la integridad territorial en todo el mundo, incluso cuando Beijing comete un genocidio, evita rendir cuentas por el COVID-19 y amenaza con invadir la democrática Taiwán, debería ser una llamada de atención.

Lo que resulta aún más indignante es que los líderes políticos del mundo, incluidos los “conservadores”, sigan aprobando la pertenencia de China continental a la ONU, al tiempo que abogan por dar más poder a la organización. De este modo, ponen el carro del PCCh delante del caballo de la democracia en un precipicio de la globalización que se desmorona.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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