Historias de la antigua China: Los grandes logros comienzan con pequeños pasos

Por La Gran Época
27 de Junio de 2019 Actualizado: 27 de Junio de 2019

“El agua que gotea continuamente con el tiempo penetra una gran roca” es un antiguo dicho chino. En otras palabras, no deberíamos desestimar acciones que parecen pequeñas o insignificantes, ya que pueden tener grandes efectos con el tiempo. Las grandes hazañas se logran mediante esfuerzos modestos pero continuos. De igual manera, grandes planes pueden ser interrumpidos por la creciente acumulación de pequeños errores.

Los 5000 años de historia china están llenos de historias significativas sobre cómo acciones pequeñas —positivas o negativas— produjeron grandes cambios. Comenzamos con la historia de un joven ansioso por conquistar el mundo antes de aprender a cuidar de su propia casa.

Comienza por barrer tu propia casa

“El libro de Han tardío”, que cubre la historia de la Dinastía Han desde el año 6 hasta el año 189, tiene una historia sobre un hombre orgulloso llamado Chen Fan. Chen era ambicioso y quería lograr grandes cosas, pero no se preocupaba por mantener su propia vida en orden. Como resultado, su cuarto estaba siempre sucio y en caos.

Un día, Xue Qin, un amigo del padre de Chen, lo fue a visitar. Cuando vio lo sucio que estaba el cuarto de Chen, le preguntó: “¿Por qué no limpias tu cuarto?”

Chen le respondió: “Como hombre de gran ambición, ¿por qué debería perder el tiempo en cosas triviales como barrer mi cuarto, cuando debería enfocarme en barrerle los pies al mundo?”

Xue Qin reflexionó: “¿Cómo puede uno lograr grandes cosas cuando ni siquiera puede mantener limpio el espacio donde vive?” Su observación dejó a Chen sin palabras.

‘Un viaje de 1000 millas comienza con un solo paso’

El antiguo filósofo chino Laozi dijo una vez: “Un árbol enorme —tan grande que se necesitan dos hombres para abrazarlo— comenzó como un pequeño retoño. Una pagoda de nueve pisos comenzó como una pila de tierra en su cimiento. Un viaje de mil millas comienza con un solo paso”.

En su libro “Wei Xue” (“Aprender”), el escritor de la Dinastía Qing, Peng Duanshu, cuenta la historia de un monje rico y un monje pobre que vivían en la provincia de Sichuan al suroeste de China. Ambos querían hacer la peregrinación a través del Mar Meridional hacia la India para mostrar su respeto al Buda.

El monje rico le dijo al monje pobre: “He tratado por varios años de contratar un barco para navegar por el mar. Mis planes aún no se han concretado. ¿De qué dependes tú para realizar el viaje?”

Un año después, el monje rico aún no había dejado su casa, mientras que el monje pobre ya había vuelto de su peregrinaje. El monje pobre le dijo al sorprendido monje rico: “A través de mi viaje, solo dependí de mi botella de agua y mi tazón de mendigar. Eso fue todo lo que necesité para cumplir mi deseo”.

El monje pobre logró su objetivo dando un paso a la vez, dependiendo solo de su coraje y voluntad. En contraste, el monje rico se aferró a su sueño como un castillo en el aire, hablando de sus aspiraciones pero sin actuar. Sus mentalidades diferentes produjeron resultados bastante diferentes.

Nivelando vastas montañas

El texto taoísta “Liezi” cuenta la historia de Yu Gong, de 90 años, quien niveló dos montañas con solo la fe y la perseverancia.

Yu Gong vivía cerca de dos montañas en la rivera norte del Río Amarillo. Tenían más de 1100 kilómetros de ancho y varios miles de kilómetros de alto. La gente que viajaba hacía o desde el río tenía que tomar un largo desvío alrededor de las montañas.

Luego de años de ver esto, Yu Gong decidió finalmente que la única solución era mover las montañas. Él y tres hijos y nietos fueron a las montañas a romper piedras y cavar la tierra. Luego transportaron las piedras y la tierra hasta las orillas del Mar Bohai.

Zhi Sou, quien vivía en la vuelta del río, se rió de Yu Gong. “Con esa minúscula mano de obra, ¿cómo esperan nivelar dos montañas?”

Yu Gong respondió: “Incluso luego de que muera, mis hijos continuarán el trabajo. Ellos tendrán nietos, quienes tendrán bisnietos. Mi familia siempre tendrá futuras generaciones que continúen, mientras que estas montañas no van a hacerse más altas. Ellas serán niveladas algún día. ¿De qué me tengo que preocupar?”

Zhi Sou no supo qué decir.

A pesar de su avanzada edad y limitada fuerza, Yu Gong no tenía duda de que su objetivo idealista sería alcanzable con esfuerzos firmes y continuos.

De hecho, su fe y determinación conmovieron al Dios Celestial, quien ordenó a las deidades poderosas que lo ayudaran a mover las montañas. Desde ese entonces, los viajantes pudieron alcanzar el Río Amarillo sin obstrucción.

Grandes derrotas comienzan con fallas menores

En la vida diaria, nuestros hábitos y pensamientos menores no son insignificantes. Los que son positivos tienen una buena posibilidad de ayudarnos y al final completar los objetivos. De manera similar, los que son malos pueden magnificar y multiplicarse con el tiempo, manifestándose como serias consecuencias al final.

“Shi Ji” (“Registros del Gran Historiador”), completado alrededor del 94 a. C. por el funcionario de la Dinastía Han temprana Sima Qian, registró que el Rey Zhou, el último rey de la Dinastía Shang (alrededor de 1556–1046 a. C.), recibió una vez un par de palillos de marfil que él adoraba.

Viendo esto, su consejero Qi Zi suspiró y dijo: “Cuanto más se preocupe el rey por estos palillos, más podría pensar que solo pueden ser usados con cuencos hechos de cuerno de rinoceronte y copas hechas de jade blanco”.

“Con una vajilla tan fina, él querrá que contenga solo las mejores exquisiteces. Al ser usadas con tales exquisiteces, él deseará solo las túnicas de seda más caras y los palacios más majestuosos”.

“Los lujos dentro de nuestras fronteras con el tiempo no serán suficientes, y el rey deseará adquirir cosas raras y exquisitas de otros países. A partir de esos palillos, ya puedo ver lo que ocurrirá. No puedo evitar preocuparme por el rey”.

La predicción de Qi Zi efectivamente se hizo realidad. Los gustos del Rey Zhou crecieron y crecieron. Él abandonó sus tareas y se entregó al lujo y a orgías ebrias. Cobró pesados impuestos para construir residencias opulentas con piscinas de vino y bosques de carne. Así perdió el respeto y el apoyo de la gente, conduciendo al derrocamiento de la Dinastía Shang.

Luego de su derrota, el Rey Zhou prendió fuego a su palacio y tesoros y se suicidó arrojándose a las llamas.

En vez de controlar sus deseos cuando aún eran pequeños, el Rey Zhou dejó que su avaricia creciera sin control. Lo que era una defecto menor se convirtió en una gran catástrofe, que al final le costó su reino y su vida. Su historial enseña una importante lección: hay que ser sabio y reflexionar y rectificar constantemente nuestras falencias antes de que se conviertan en asuntos serios o incluso desastres.

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