La OTAN hace insinuaciones sobre las operaciones de influencia de China

El secretario general pide que se refuerce la capacidad defensiva de los países
Por Anders Corr
23 de Octubre de 2021
Actualizado: 23 de Octubre de 2021

Comentario

El jefe de la OTAN ha lanzado una advertencia sobre la amenaza de China, incluyendo las inversiones chinas en las infraestructuras críticas de las democracias, y ha pedido que se refuercen las defensas internas de los países.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, advirtió que contrarrestar el régimen comunista chino, junto con el aliado económicamente menos poderoso de China, Rusia, justifica la continuidad de la OTAN.

En una entrevista del 18 de octubre con el Financial Times, Stoltenberg indicó el futuro cambio de rumbo de la OTAN, que pasará de centrarse en Rusia y el terrorismo a centrarse cada vez más en la creciente amenaza de China. Este giro refleja el reajuste geoestratégico de Estados Unidos para contrarrestar la creciente agresión territorial, el robo de la propiedad intelectual y la influencia maligna en la economía y la política mundial de Beijing.

Stoltenberg aludió a un elemento crítico de la amenaza que rara vez menciona la OTAN, es decir, el peligro de la creciente influencia de Beijing, impulsada por el comercio y las inversiones, entre las élites políticas y económicas de todo el mundo, incluso en las democracias desarrolladas. Declaró al Financial Times que mientras los aliados de la OTAN estaban reduciendo sus actividades fuera de sus fronteras, en una probable referencia a Afganistán, “aumentarían” la resistencia defensiva interna para resistir mejor las amenazas externas.

“China se está acercando a nosotros. (…) Los vemos en el Ártico. Los vemos en el ciberespacio. Los vemos invirtiendo fuertemente en infraestructuras críticas en nuestros países”, dijo Stoltenberg. “Y, por supuesto, tienen cada vez más armas de largo alcance que pueden alcanzar a todos los países aliados de la OTAN. Están construyendo muchos, muchos silos para misiles intercontinentales de largo alcance”.

Las agencias de inteligencia de Estados Unidos y de la OTAN se vieron sorprendidas por la prueba de misiles hipersónicos con capacidad nuclear realizada por el ejército chino en agosto. Y Beijing no hizo pública la prueba en su totalidad cuando se descubrió, una advertencia necesaria para los ciudadanos para reorientar las defensas de forma más completa y rápida hacia el Este. La prueba hipersónica no se hizo pública hasta el 17 de octubre por medio de reportes de prensa, un día antes de que Stoltenberg apenas comenzara a revelar la gran profundidad y amplitud de la amenaza china.

Nuestros dirigentes políticos y militares deberían dejar de esperar a que la prensa les obligue a abordar las amenazas de China. En su lugar, deberían dar a conocer y mitigar rápidamente las mayores amenazas del mundo a medida que las descubren. Las democracias solo funcionan bien cuando el público está informado.

Sin embargo, incluso ahora, Stoltenberg niega que China sea un “adversario”.

El presidente Joe Biden, por su parte, resta importancia a la amenaza china calificando al país de “competidor”, como si estuviéramos en un agradable partido de tenis y no hasta el punto del desastre nuclear.

Stoltenberg y Biden deberían admitir, en cambio, que Estados Unidos y China están entrando en una nueva guerra fría y que los aliados de la OTAN deben permanecer unidos y defender a sus pueblos al máximo.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, asiste a una reunión de video de los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN tras los acontecimientos en Afganistán en la sede de la OTAN en Bruselas el 20 de agosto de 2021. (Francisco Seco/Pool/AFP vía Getty Images)

Igualmente lamentable es que la tecnología estadounidense haya contribuido al nuevo misil hipersónico de China. Las principales universidades de investigación estadounidenses y europeas siguen educando a los ciudadanos chinos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, a pesar de las evidencias obvias de que los ciudadanos chinos están llevando estas tecnologías a casa para desarrollar la economía y el ejército de China, ambos desplegados por el Partido Comunista Chino (PCCh) contra la libertad y el estado de derecho internacional que ha mantenido al mundo alejado de la guerra nuclear desde la Segunda Guerra Mundial.

Del mismo modo, Estados Unidos, Europa y los países aliados están permitiendo que sus empresarios bien conectados hagan dinero rápido vendiendo tecnología a China y Hong Kong, sabiendo que las tecnologías llegarán al ejército chino.

Desgraciadamente, la OTAN llega con un retraso inaceptable a la hora de reconocer y mitigar no solo la amenaza china, sino la complacencia y la complicidad de Estados Unidos y sus aliados en los crímenes del PCCh, incluido el genocidio, y el ascenso de su ejército, que pasó de ser un ejército de campesinos hace apenas 70 años a uno de los enemigos de la democracia más sofisticados y poderosos del mundo.

La OTAN debería haber adoptado una postura mucho más asertiva en las últimas décadas, cuando se hizo evidente que China estaba superando a Occidente económicamente, robando hasta 600,000 millones de dólares anuales en propiedad intelectual solo a Estados Unidos, y no se estaba democratizando de forma que su creciente poder no fuera una amenaza para el resto del mundo.

Las insinuaciones de Stoltenberg para mitigar las operaciones de influencia de China son al menos un paso en la dirección correcta, y uno que podría disminuir el riesgo de que la inteligencia y la estrategia de la OTAN sigan fallando. Es el aprovechamiento de nuestra propia codicia por parte de China, mediante la influencia económica masiva en las capitales occidentales y aliadas, lo que ha sesgado nuestra inteligencia y estrategia de forma tan desastrosa.

El primer paso para rectificar nuestra estrategia en China es, por tanto, despejar la niebla causada por nuestras inversiones y comercio en China. Después de proceder a la desvinculación económica, la niebla debería empezar a disiparse, veremos por fin la amenaza de China con claridad y podremos así defendernos eficazmente, protegiendo así los valores de la democracia y la libertad que tanto apreciamos.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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