La pregonada Iniciativa de la Franja y la Ruta de China no va como estaba previsto

Los países clientes están aumentando los problemas de deuda
Por Milton Ezrati
25 de Octubre de 2021
Actualizado: 25 de Octubre de 2021

Análisis de noticias

Los dirigentes de China en Beijing deben sentirse como si el mundo de las finanzas se hubiera confabulado contra ellos. Especialmente porque han pasado tantos años sentados en la cima de una economía en rápido crecimiento con unas finanzas nacionales sólidas, los recientes contratiempos deben haberles sorprendido.

Primero llegó la noticia de que el promotor inmobiliario Evergrande no podía hacer frente a sus obligaciones de deuda. Y al quedar claro que este asunto no se resolvería por sí solo y con fuertes indicios de que Evergrande no es el único, el sistema financiero chino se ha visto repentinamente amenazado. Ahora parece que las cosas no van tan bien como se esperaba en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en inglés) de China. Especialmente porque los estados clientes que trabajan con China pueden no cumplir con sus obligaciones de deuda, el proyecto ha aumentado considerablemente los dolores de cabeza financieros de Beijing.

Se suponía que la BRI iba a aumentar la influencia y la estatura de China a nivel mundial. A través de ella, Beijing se dirigió a los países más pobres ofreciéndoles ayuda para la realización de proyectos de infraestructura necesarios: carreteras, puentes, puertos y similares. Beijing ofrecía préstamos para pagar las obras y vinculaba el dinero a que las empresas chinas, en su mayoría estatales, se encargaran de la construcción y la gestión una vez finalizado el proyecto. A veces, el Ejército Popular de Liberación desempeñaba un papel. Si por alguna razón el Estado cliente no podía cumplir con sus obligaciones financieras, las empresas chinas que participaban en el proyecto se hacían cargo. El ministro de Asuntos Exteriores de Beijing describió la iniciativa como “la mayor plataforma de cooperación internacional del mundo actual”. No cabe duda de que beneficia a China, ya que otorga a Beijing influencia en otras partes del mundo y a las empresas chinas acuerdos rentables, al tiempo que consigue que el Estado cliente pague por ello.

Los tratos crecieron rápidamente tras el inicio de la BRI en 2013. Hoy en día, hay unos 13,427 proyectos, según una investigación realizada por un grupo llamado AidData en el College of William and Mary. Casi la mitad de ellos están en África, pero también se extienden por Asia Oriental, Asia Central y Oriente Medio. Estos esfuerzos están respaldados por el equivalente a 813,000 millones de dólares en préstamos. Unos 400 de estos proyectos, valorados en 8300 millones de dólares, implican al ejército chino. Durante un tiempo parecía que la iniciativa iba a cumplir bien su objetivo. Todavía puede, pero han surgido problemas.

Cada vez más, las naciones invitadas por Beijing se muestran reticentes a la deuda que conlleva. Malasia es uno de los más destacados, solo porque Beijing le negó acuerdos comerciales, presumiblemente como castigo por rechazar una oferta de la Franja y la Ruta. Mientras tanto, alrededor del 35% de los proyectos registran sobrecostes o retrasos, lo que aumenta el importe de la deuda. Lo más revelador y quizás lo más inquietante es el crecimiento de esa deuda. Se ha ampliado hasta el punto de que, en la actualidad, unos 42 países implicados en la BRI deben a China más del 10% de su producto interior bruto (PIB). En otras palabras, muchos de los deudores no pueden pagar. China ya ha tenido que suspender los pagos a 19 países africanos.

Chinese leader Xi Jinping and Malawi’s President Arthur Peter Mutharika (2nd row R) along with other African leaders attend a group photo session during the Forum on China-Africa Cooperation in Beijing on Sept. 3, 2018. (How Hwee Young/AFP/Getty Images)
El líder chino Xi Jinping y el presidente de Malaui Arthur Peter Mutharika (2ª fila, derecha) junto con otros líderes africanos asisten a una sesión de fotos de grupo durante el Foro de Cooperación China-África en Beijing el 3 de septiembre de 2018. (How Hwee Young/AFP/Getty Images)

Hasta ahora, Beijing ha evitado cualquier cancelación de esta deuda de la BRI, como ha hecho con el exceso de deuda interna de la nación. Esta reticencia puede servir a un propósito político, pero la deuda impagada e impagable sigue siendo una carga para el sistema financiero chino, se reconozca o no. Y seguirá siendo una carga. Sin duda, las deudas de la BRI se deben a China, no a los chinos, como es el caso de Evergrande y empresas similares. Pero la carga existe porque la falta de pago, independientemente de quién lo haga, socava la confianza de todos en los acuerdos financieros. El viejo dicho financiero capta perfectamente la esencia del problema: “Si le debes al banco 10,000 dólares y no puedes pagar, tienes un problema; si le debes 10 millones de dólares y no puedes pagar, tiene un problema”.

No es de extrañar, pues, que Beijing haya dado un paso atrás en la promoción de la Franja y la Ruta. Algunos han achacado la pérdida de entusiasmo de Beijing a la pandemia, pero el replanteamiento de Beijing comenzó incluso antes de que la mayor parte del mundo conociera el COVID-19. El líder chino Xi Jinping señaló el cambio en 2019 cuando dijo a los jefes de Estado de los mayores socios de la BRI que China haría cada vez más hincapié en la estabilidad financiera y la transparencia. Tal vez Xi estaba preocupado por la cantidad de préstamos que los receptores mantenían fuera de sus cuentas nacionales, una cifra que se acerca al equivalente de 385,000 millones de dólares, según los investigadores de William and Mary, casi la mitad del total. Y está claro que Xi ha hecho un seguimiento. Los desembolsos en África cayeron un 30% en 2019. Aunque aún no hay datos más recientes, los indicadores sugieren que los recortes han continuado. Algunos en China prometen que los fondos volverán a fluir libremente pronto, pero eso parece muy improbable con tanta deuda impagada que pesa sobre tantas de estas relaciones.

Las necesidades diplomáticas dirigirán en última instancia a Beijing, incluso si la deuda se acumula y gran parte de ella fracasa. Pero también está claro que el exceso de deuda no resuelto, especialmente combinado con los problemas de deuda interna, ha dado a los dirigentes de China en Beijing una importante lección de finanzas. Es una lección que, a pesar de la pose despreocupada de Xi, continuará afectando a la política y lo hará aún más intensamente cuando se aclare todo el alcance de los fracasos de la deuda, tanto en el ámbito nacional como en el de la BRI.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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