Lecciones de la antigua China: cuando hay voluntad, hay un camino

Por Larry Ong
07 de Mayo de 2020
Actualizado: 08 de Mayo de 2020

Grosero, violento y sin escrúpulos, son las palabras que se utilizarían para describir al famoso funcionario chino, Zhou Chu en su juventud. Zhou vivió durante la dinastía Jin (1115-1234), en Yixing, provincia de Jiangsu. La falta de una adecuada supervisión de sus padres en su juventud, permitió que Zhou desarrollara un temperamento desagradable. Era áspero y  desmedido; y fue comúnmente conocido como el “terror del pueblo”.

Aunque burdo como era entonces, Zhou pronto se dio cuenta de que la gente lo evitaba como a la peste y determinado a enderezar su camino, decidió que no había mejor manera de volver a agradar a sus compañeros que ayudándoles a resolver sus problemas.

Había notado que la mayoría de los habitantes del pueblo parecían deprimidos y se les notaba la preocupación en sus rostros.

“Ahora que en todo el país hay paz, un clima favorable, abundante cosecha y todo va de acuerdo a nuestros deseos, ¿por qué están todos todavía tan tristes?”, preguntó Zhou.

Los ancianos le respondieron: “Cómo puede alguien ser feliz cuando tenemos  tres terrores que nos asedian?”. Zhou preguntó: “¿Cuáles son los tres terrores?”. Los ancianos, dijeron: “hay un tigre blanco en las montañas del sur que agrede a la gente al azar. El dragón de la inundación en el río, bajo el puente largo, es otro terror que a menudo daña a las personas y al ganado”.

“En cuanto al  tercero…”.

Los ancianos hicieron silencio. Después de un momento de vacilación, los ancianos se aventuraron a decir: “Creemos que el tercer terror eres tú”.

Atónito con esta revelación, Zhou reflexionó tranquilamente por un largo rato acerca de la declaración de los ancianos. Finalmente, anunció: “¡Voy a deshacerme de los tres terrores!”.

Con armas afiladas en la mano, Zhou viajó solo a las montañas para cazar el feroz tigre blanco. Luchó y mató al animal.

Zhou Chu prometió deshacerse de los tres terrores que amenazaban su pueblo. Uno de ellos era un tigre blanco que vivía en las montañas del sur. (Zhiching Chen/La Gran Época)

A continuación, se dirigió al río, y después de una lucha enérgica durante tres días y sus noches contra el dragón de las inundaciones, Zhou logró decapitarlo.

Los aldeanos notaron que Zhou había desaparecido durante tres días y creían que había muerto en su intento. Felices de que los tres terrores habían sido supuestamente vencidos, saltaban de alegría, se felicitaban mutuamente y se divertían.

En ese preciso momento, regresó Zhou. Presenciando el júbilo y los festejos que estaban teniendo lugar, Zhou finalmente comprendió que era profunda y realmente odiado y se sintió muy avergonzado y triste por esto.

Camino a la salvación

Todavía decidido a corregir su pasado, Zhou decidió  nacer nuevamente como un caballero erudito y comenzó a buscar profesores eminentes. Pronto descubrió que los nietos del gran general Lu Xun de Wu, Ji Lu y Lu Yun, eran eruditos doctos y fue a hacerles una visita especial para preguntarles si lo podían instruir.

Lu Yun. (Dominio Público/ Wikimedia Commons)

Zhou solamente pudo encontrar a Lu Yun, e inmediatamente le planteó la cuestión que más inquietaba su mente. “Realmente quiero reparar mi conducta y empezar de nuevo, pero debido a mi avanzada edad, no sé si todavía tenga tiempo”, dijo Zhou. “Nuestros ancestros respetaban mucho a las personas  que estaban dispuestas a cambiar”, respondió Lu Yun de forma alentadora.

Su futuro, señor, es muy brillante. Además, uno debe  estar más preocupado por su determinación que por su propia reputación

Fue entonces cuando Zhou comprendió una profunda verdad: “Cuando hay voluntad, hay un camino”. Zhou trabajó  duro y persistentemente para mejorar sus modales y prestó gran atención a su cultivación personal y al perfeccionamiento de su carácter moral.

En un año, su reputación cambió tan drásticamente para mejor, que todos los funcionarios recomendaron que se le diera un cargo.

En los siguientes 30 años, Zhou ocupó varios cargos y sirvió como un funcionario diligente y exitoso. Durante su  permanencia en el cargo cumplió con su deber de forma competente y responsable.

Como funcionario, Zhou tuvo muchos logros destacados. Como prefecto de Xinping, Zhou estableció una relación muy buena con las tribus minoritarias.

Zhou Chu. Imagen Ilustrativa (Ma Ling/Dominio Público/ Wikimedia Commons).

En Guanghan, demostró ser un magistrado incorruptible y muy eficiente, resolviendo muchos de los casos atrasados desde hacía décadas.

Cuando trabajó como oficial administrativo imperial, administró la ley imparcialmente sin complacer a los peces gordos y su rectitud le acarreó enemistad con varios sectores corruptos.

Luego, cuando una tribu minoritaria liderada por Chi Won Nien Chi se rebeló, algunos funcionarios de la corte imperial que querían dañar a Zhou lo recomendaron para esta tarea. Aquellos que conocían las intenciones  siniestras de los  cortesanos reales aconsejaron a Zhou que declinara el nombramiento.

Zhou ni se inmutó. “¿Qué mejor manera tengo para demostrar que soy leal y obediente? Ya me despedí de mis seres queridos para servir a la corte imperial, ¡así que llegó el momento de entregarme a mi país!” Finalmente, Zhou sacrificó su vida por su país, cayó en la trampa de los villanos y pereció en el campo de batalla.

Zhou fue lo suficientemente valiente como para hacer cambios fundamentales en su carácter y transformarse de ser un terror malévolo, a un leal y loable funcionario. En todo caso, la historia de Zhou Chu nos recuerda que una persona puede cometer errores, pero mientras esté dispuesta y decidida a rectificarlos, su destino cambiará para mejor.


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