Luchó 10 años por tener un hijo y lo logró después de 13 abortos espontáneos

Por Anastasia Gubin - La Gran Época
16 de Junio de 2019 Actualizado: 16 de Junio de 2019

Una mujer luchó durante 10 años por tener un hijo y después de 13 abortos espontáneos llegó el milagro.

Laura Worsley está feliz ahora que su hija Ivy tiene nueve meses de edad.

“Es muy importante poder hacer una diferencia para cualquier otra persona que esté pasando por lo que yo pasé”, dijo la madre, según Leamignton Courier el 5 de junio.

“A través de mi historia, quiero darles a otros la esperanza y la fortaleza para continuar incluso cuando las cosas parecen imposibles”, añadió durante una fiesta de caridad donde se recaudaron fondos para la investigación que ayuda a quienes sufren de abortos recurrentes.

Laura elogió el trabajo de los especialistas en fertilidad del hospital University Hospital Coventry y Warwickshire Trusty.

Ella luchó desde el año 2008 por tener el soñado bebé. Sufrió 11 abortos que ocurrieron en el primer trimestre y la dejaron desmoralizada. Luego tuvo dos embarazos de los niños Leo y Graceson, a quienes perdió a las 17 y 20 semanas.

Laura y su esposo Dave habían dicho que su 14º intento sería el último.

Ivy nació por cesárea en septiembre pasado luego que las bolsas amnióticas se rompieran inesperadamente casi dos meses antes de la fecha de nacimiento.

Worsley dijo a la prensa que Ivy pesó 1,7 libras (771 gramos) cuando nació, el mismo peso que un pudín de Navidad promedio.

La especialista en fertilidad, Siobhan Quenby, de la unidad de investigación del hospital identificó en ella dos afecciones que estaban impidiendo desarrollar su capacidad para mantener un embarazo.

Una fue el síndrome antifosfolípido, también conocido como “síndrome de la sangre pegajosa”, que puede aumentar el riesgo de pérdida del embarazo. Para ello la trató con ácido fólico y también le recetó una dosis extra de progesterona para prevenir abortos espontáneos recurrentes.

Esto permitió superar la barrera de los abortos espontáneos antes de los tres meses.

Después de la pérdida de su hijo nonato Leo, las pruebas en su placenta revelaron que sufría de una afección llamada intervilositis histiocítica crónica (CHI). Esto hace que el cuerpo ataque la placenta que suministra sangre y nutrientes al feto.

Conociendo este hecho el hospital le recetó medicamentos para mejorar el revestimiento de su útero y potentes esteroides para contrarrestar el rechazo.

El embarazo superó el umbral crítico de 24 semanas, donde los bebés prematuros tienen la mejor oportunidad de sobrevivir y desde entonces quedó más claro que Ivy estaba por llegar.

La bebé nació prematura por lo que pasó sus primeros meses en una incubadora neonatal para evitar una sepsis. En este tiempo combatió una infección por bronquiolitis.

“Mi marido la vio primero. Me mostró una foto de ella cuando me desperté”, dijo Laura a la BBC. Su hija había sido llevada directamente a una incubadora neonatal en cuidados intensivos y pasaron tres días antes de que pudieran abrazarla.

“Solo pensé que es una luchadora. Ella siguió avanzando todo el tiempo”, añadió la madre, que pasó asustada sin querer ver a su hija hasta saber que estaría bien.

Después de 11 semanas en el hospital Ivy pudo ir a casa.

“El caso de Laura beneficia a personas de todo el mundo”, dijo la profesora Quenby a la BBC. “Muchos en su situación se hubieran rendido, pero ella siguió adelante”.

Laura cree que ningún agradecimiento dado al personal de University Hospitals Coventry y Warwickshire (UHCW) NHS Trust, será lo suficiente.

“La miro y pienso que los ‘milagros ocurren’, dijo a la BBC.” Leí sobre los milagros de otras personas y ahora tengo el mío”.

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