Mahler y el significado de la música

La Quinta Sinfonía de Mahler
Por KENNETH LAFAVE
03 de Mayo de 2021
Actualizado: 03 de Mayo de 2021

Un mito sobre la música, popularizado por los críticos modernos y posmodernos del siglo XX, es que esta consiste simplemente en ciertas frecuencias desplegadas en diversos ritmos por una serie de fuentes. Esta visión positivista de la música sostiene que la música sola, sin la ayuda de palabras o imágenes, no puede referirse o apuntar a alguna experiencia fuera de sí misma. Esto lo afirma con una presunción casi evidente, por ejemplo, Igor Stravinsky en su “Poética de la música”.

Tomado literalmente, esto significa que una marcha fúnebre serviría para la celebración de una boda, mientras que un scherzo soleado podría servir para conmemorar una tragedia. No tiene sentido incluso a primera vista.

Como todas las tonterías, sin embargo, parte de una verdad evidente: a diferencia de las palabras, la música no denota nada. Eso es lo que la crítica moderna entiende por “significado”, la indicación de objetos físicos o mentales específicos a la manera de los significantes verbales. La música no se ajusta a esa definición porque su modo de significado es muy diferente.

Felix Mendelssohn lo sabía. “No es que la música sea demasiado imprecisa para las palabras, sino que es demasiado precisa”, decía. Para confirmarlo, es suficiente con escuchar el Cuarteto de cuerda en fa menor de Mendelssohn, compuesto tras la muerte de su querida hermana. Se trata de un dolor expresado, sin duda, y un dolor en sus múltiples formas: desde la confusión y la ira hasta los dulces recuerdos y el dolor absoluto. Pero no es ninguna de estas cosas generalizadas, sino que es precisamente la experiencia del compositor y de nadie más. Su comunicación a nosotros, los oyentes, es el corazón mismo del milagro que es la música.

Retrato de Felix Mendelssohn, 1846, realizado por el pintor alemán Eduard Magnus. Biblioteca Estatal de Berlín. (Dominio público)

Reflexiones sobre una vida

¿Puede una sinfonía relatar toda la vida de un hombre, acortada para ajustarse a un marco temporal ajustado? El 24 de febrero de 1901, Gustav Mahler sufrió una hemorragia intestinal y estuvo a punto de morir. Más tarde escribió:

“Mientras rondaba la frontera entre la vida y la muerte, me pregunté si no sería mejor haber terminado de una vez, ya que todo el mundo debe llegar a eso al final”.

No es extraño, pues, que la siguiente sinfonía de Mahler se abra con una marcha fúnebre. Mahler comenzó a esbozar la Sinfonía Nº 5 en el verano de 1901. Acababa de cumplir 41 años, tenía suerte de estar vivo, y sin duda se sentía inclinado a meditar sobre el significado de una vida que casi había terminado unos meses antes. Qué mejor manera de abordar esto que en una sinfonía que se abre con la muerte y luego procede —en cronología inversa— a considerar los episodios de la vida del muerto, terminando en un final triunfante que representa el flamante comienzo optimista del protagonista.

Recomiendo la magnífica interpretación de Claudio Abbado de la Sinfonía Nº 5 de Mahler, del Festival de Lucerna de 2005.

Sinfonía Nº 5

Movimiento 1: “Trauermarsch (In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt)”

Una trompeta solista anuncia la muerte en un arpegio de do sostenido menor. La orquesta retoma el grito fúnebre, que desemboca en un lamento entonado por las cuerdas. Al final, la trompeta, con su distintiva figura de tresillos, se reafirma, y de nuevo se produce el canto de lamento, variado esta vez y alargado hasta convertirse en algo más personal que un simple ritual.

Movimiento 2: “Stürmisch bewegt, mit grösster Vehemenz”

Remontándose a la vida del protagonista, escuchamos en los primeros compases la tortuosa derrota y la tormentosa rabia que dominaron los últimos años de su vida. Y luego, una sorpresa: Las cuerdas entonan una variante del lamento del primer movimiento. Casi al final, los metales se aferran a un tema que se convierte en un coral triunfal, conocido en inglés como “How Brightly Shines the Morning Star” (“Qué brillante es la estrella de la mañana”), en un puro y claro re mayor.

Movimiento 3: “Scherzo (Kräftig, nicht zu schnell)”

El scherzo, en brillante y confiado Re mayor, es un “ländler” o danza campestre folclórica, dominado por un solo de trompa en Fa que constituye una de las grandes partes de valentía de ese instrumento. Mahler lanza muchos temas relacionados en un contrapunto magistral. El protagonista está en la cima de su vida, e incluso el pensamiento de la muerte es lejano.

Movimiento 4: “Adagietto (Sehr langsam)”

En en intermezzo relativamente breve, el famoso Adagietto para cuerdas y arpa es un momento tierno y romántico en la vida del protagonista. Ha encontrado el amor y la privacidad.

Movimiento 5: “Rondo-Finale (Allegro – Allegro giocoso. Frisch)”

La trompa, instrumento de la alegría en el scherzo, anuncia al principio el florecimiento optimista de la vida del protagonista. Mahler muestra los conocimientos polifónicos que había adquirido recientemente en su estudio de J.S. Bach. Se recuerda el tema del Adagietto, presagio de la vida amorosa del protagonista. Al final, escuchamos “How Brightly Shines the Morning Star” del segundo movimiento, la lógica de su aparición anterior ahora se hace evidente: es la declaración del joven protagonista de su nuevo poder en el mundo. La sinfonía termina con el protagonista en la cúspide de su juventud, sin ser consciente de la tragedia que le ocurrirá.

Antiguo crítico musical del Arizona Republic y del Kansas City Star, Kenneth LaFave obtuvo recientemente un doctorado en filosofía, arte y pensamiento crítico en la European Graduate School. Es autor de tres libros, entre ellos “Experiencing Film Music” (2017, Rowman & Littlefield).


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