Padre de 7 hijos sobrevive a aneurisma cerebral y atribuye su recuperación a su fe, familia y médicos

Por Louise Bevan
07 de Octubre de 2021 1:29 PM Actualizado: 07 de Octubre de 2021 1:29 PM

Un padre de siete hijos que sufrió un aneurisma cerebral masivo a los 37 años desafió su pronóstico y se fue a casa después de cuatro meses en cuidados intensivos. Ahora atribuye a la fe, a su familia y a los médicos el mérito de haberle salvado la vida.

Ángel Apreciado, de San Antonio, Texas, ahora quiere aprovechar cada momento de su vida.

“Me dijeron que debería tener muerte cerebral y ser un vegetal”, dijo a The Epoch Times la esposa de Ángel desde hace dos décadas, María Apreciado, de 38 años, por correo electrónico. “Hay un Dios, y no es sordo (…) hay que mantener siempre la fe”.

(Cortesía de María Apreciado)

Ángel descubrió que tenía la presión arterial alta cuando visitó al dentista en octubre de 2020 para una endodoncia. Le dolía la mandíbula, y la tenía hinchaba hasta el cuello. Lo enviaron a casa con antibióticos y medicamentos para la presión arterial. Al poco tiempo bajo la inflamación.

A principios de abril de 2021, el problema reapareció y Ángel repitió la experiencia en la consulta del dentista. Sin embargo, el 20 de abril, la noche del partido de béisbol de su hijo Jonás, se quejó de un enorme dolor de cabeza y no pudo dormir.

“Sobre las 4 de la mañana le dije: ‘Vaya a ducharse'”, cuenta María. “No sirvió de nada, así que a las 8 de la mañana le llevé a urgencias”.

“Solo recuerdo el día del partido de béisbol y que tuve desmayos mientras conducía”, recordó Ángel. “María me dice que entré en Urgencias, pude hablar con la enfermera y fui consciente del aneurisma cerebral y dije: ‘Ok, tengo esto’, pero no lo recuerdo”.

Ángel con su esposa, María. (Cortesía de María Apreciado)

Con una presión arterial de 230 sistólica y síntomas de derrame cerebral, Ángel fue sometido a una serie de pruebas. María llamó a su suegro, pastor de una iglesia pentecostal, y le pidió que fuera al hospital a rezar.

Recordó las palabras de su esposo: “Tenemos esto”. Sin embargo, al día siguiente todo fue diferente.

“[Ángel] podía sentarse, con ayuda, y lo único que salía de su boca eran balbuceos”, recuerda. “Los médicos me dieron tres días para decidir qué quería hacer con él”.

Debió elegir entre los cuidados paliativos, un ventilador y una traqueotomía, y María decidió hablar con sus hijos. “Nos decidimos por la tercera opción”, dijo, “sabiendo que podía fallecer en cualquier momento”.

Ángel con su hijo: Ángel Jr (Der) el día de su graduación. (Cortesía de María Apreciado)

Ángel sufrió una serie de derrames cerebrales. Permaneció en la unidad de cuidados intensivos quirúrgicos (SICU) del Hospital Metodista Metropolitano de San Antonio hasta el 4 de junio, y fue trasladado a dos centros diferentes en el transcurso de las siguientes 10 semanas. Las palabras y oraciones de las personas que lo visitaban a diario, dijo María, les ayudaron a ella y a sus hijos a sobrellevar la batalla que les esperaba.

“Nos sentábamos frente a su ventana y hablábamos de quién iba a cambiarle los pañales, cepillarle los dientes, peinarle y, básicamente, ocuparse de su higiene personal”, recuerda. “Les decía a mis hijos que necesitaba estar sola, y hacía largos viajes en auto solo para llorar”.

Ángel con su hija. (Cortesía de María Apreciado)

“Los médicos llegaban y me decían que no había progresos”, continuó. “Le veía abrir los ojos muy poco y cerrarlos, pero para los médicos eso eran solo reflejos, no era su cerebro”.

Entonces, un día, cuando María estaba a punto de rendirse, le confió a su esposo que lo extrañaba tomándole la mano. Cuando las palabras salieron de su boca, Ángel le apretó la mano. Al intentarlo de nuevo, ella sintió que él la apretaba una vez más.

“Desde ese momento, yo también lo agarré, y supe que iba a ocurrir un milagro”, dijo ella.

Ángel recuerda ese momento. “No quería que se diera por vencida porque yo seguía vivo, solo que no podía moverme ni hablar”, explicó. “Pero podía escuchar todo”.

(Cortesía de María Apreciado)

Los médicos le dieron de alta el 20 de agosto, y María compartió en Facebook un video del increíble y emotivo proceso de su esposo.

Mientras el estado de Ángel mejoraba lentamente, una mano amiga le tendió la mano. Laura Ruiz y Joe Sánchez, de Jr. Voks, una alianza de fútbol y animadoras en la que han jugado los siete hijos de los Apreciados, llamaron a María y le dijeron que querían hacer una rifa para ayudar a pagar las facturas médicas.

María se negó, pero la pareja no aceptó un no por respuesta. Recaudaron cerca de 10,000 dólares.

Aunque no querían nada a cambio, Laura y Joe recibieron un reconocimiento por la iniciativa “Cash for Kindness” de Fox 29, quienes les dieron un premio de 500 dólares en efectivo a la pequeña liga para cascos y uniformes.

(Cortesía de María Apreciado)

María, gerente de una oficina, y Ángel, exgerente de producción en una empresa de recuperación de agua, viven con cuatro de sus siete hijos: Alexis, Malaquías, Ángel Jr., Jonás, Génesis, Addie y Chris. El mayor tiene 23 años y el menor 9.

Angel, que ahora puede caminar y hablar, siente que su vida empieza a normalizarse y está lleno de gratitud: “Dios envió un ejército para respaldarme y luchar por mí (…) los milagros existen, y yo soy un testimonio viviente”.

Reflexionando sobre la dura experiencia, María dijo: “No le desearía esto a nadie, porque no todo el mundo es lo suficientemente fuerte para recibir lo que le esperaba a mi familia. Estoy bendecida y eternamente agradecida a Dios, y creo que alguien que lea esto se dejará conmover por Dios y empezará a creer en Él”.

(Cortesía de María Apreciado)


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