Padre dedica su vida a cuidar a hijos adoptivos con enfermedades terminales en sus últimos días

Por Romina Garcia
20 de Noviembre de 2020
Actualizado: 27 de Noviembre de 2020

Un hombre, en Los Ángeles, asumió el que podría ser uno de los papeles más difíciles que un hombre puede elegir: cuidar a niños con enfermedades terminales a punto de morir.

Mohamed Bzeek, nacido en Libia, se ha dedicado desde hace más de 2 décadas a asistir y dar consuelo a niños muy enfermos con poca esperanza de vida.

El hombre a cuidado a más de 40 niños moribundos, 10 de ellos murieron con él en casa, según ABC 7.

“La clave es que tienes que amarlos como a los tuyos”, dijo Bzeek a LA Times . “Sé que están enfermos. Sé que van a morir. Hago lo mejor que puedo como ser humano y dejo el resto a Dios”, agregó.

Bzeek, de 62 años, llegó a Estados Unidos para estudiar en la universidad en 1978. Tiempo después conoció a Dawn, quien se convertiría en su esposa. Ella era mamá de crianza. Sus abuelos eran padres de crianza y la inspiraron para dedicarse al cuidado de niños.

Dawn usaba su casa como un refugio de emergencia para niños que necesitaban una ubicación inmediata o que estaban legalmente bajo custodia protectora.

Los Bzeek abrieron su casa en Azusa a decenas de niños. Daban clases en una escuela comunitaria sobre crianza temporal y cómo manejar la enfermedad y la muerte de un niño. Dawn era una mujer respetada, cuyo nombre apareció en los grupos de trabajo estatales para mejorar el cuidado adoptivo, junto a médicos y legisladores, menciona el mismo medio.

Bzeek comenzó a cuidar a los niños adoptivos con Dawn en 1989, la mayoría de los niños estaban enfermos.

En 1991 experimentó su primera muerte: la de una niña que había sido afectada en el útero por pesticidas rociados sobre su madre campesina, y su columna estaba tan deformada que tuvo que usar yeso en todo el cuerpo. Estuvo en su casa solo un año cuando falleció. Bzeek todavía tiene una fotografía de la niña acostada en su ataúd, rodeada de flores.

Otro niño que el cuidador recuerda muy bien había nacido con el síndrome del intestino corto y no podía comer, ingresó al hospital 167 veces. El matrimonio lo sentaba a la mesa para estar en familia, aunque con un plato vacío porque no podía comer alimentos sólidos. Finalmente, murió a los ocho años.

Bzeek tiene un hijo biológico, Adam, que nació en 1997 con la enfermedad de los huesos quebradizos y enanismo. El joven estudia informática en Citrus College, conduce su silla de ruedas eléctrica a clases. Es el estudiante más pequeño de la clase, “pero es un luchador”, dijo el orgulloso padre.

Por otra parte, Dawn en el 2000 padeció de convulsiones y estrés, lo que provocó que el matrimonio se separara en 2013 y ella murió aproximadamente un año después.

A pesar de todo, Bzeek continuó cuidando niños, desde 2017 estaba al cuidado de una niña que nació con encefalocele, que la dejó con un subdesarrollo físico y mental, y con partes de su cerebro que sobresalía de un agujero en su cráneo, que tuvo que ser extirpado quirúrgicamente, de acuerdo a LA Times. La niña es ciega y sorda, tiene paralizados los brazos y las piernas y sufre convulsiones todos los días.

“Sé que no puede oír, no puede ver, pero yo siempre hablo con ella”, dijo. “Siempre la estoy abrazando, jugando con ella, acariciándola. Ella tiene sentimientos. Tiene alma. Es un ser humano”, dijo el hombre al mismo medio.

Pero de acuerdo a un posteo de Facebook del 4 de noviembre de 2019, de un amigo de Bzeek, Stefan Radoslavov Apostolov, la niña de 9 años falleció: “El domingo fui a casa de Mohamed para celebrar el cumpleaños número 9 de Samantha. Llegué para descubrir que ella había fallecido a las 6 a.m. esa misma mañana. La casa de Mohamed estaba tranquila, todos en shock. Su deseo era que a pesar de las circunstancias todos todavía celebremos la vida. Así que lo hicimos”.

Melissa Testerman coordinadora de admisiones del DCFS (Departamento de Servicios para Niños y Familias), que busca lugares para niños enfermos, dijo: “Si alguna vez alguien nos llama y dice: ‘Este niño necesita irse a un hospicio’, solo pensamos en un nombre”. “Él es el único que aceptaría a un niño que posiblemente no lo lograría”.

Bzeek no ha dejado de ayudar a los niños más enfermos de Los Ángeles. “La muerte es parte de la vida. A todos nos llega”, confesó el hombre de forma serena. “Antes de aceptarlos en casa sé que se van a morir, que llevan la sentencia de muerte encima. He tenido casos en que sus médicos me han dicho que tenían semanas de vida y aún así digo que sí”.

“No me importan las condiciones. Los acepto igual. Y duele, duele mucho cuando fallecen. Me pone muy triste, pero tengo que seguir adelante”.

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